La amenaza rusa vuelve a elevar la tensión en el este de Europa cuando Trump mira a Oriente Medio: ¿está preparada la UE para defender a los suyos?

Moscú vuelve a amenazar con represalias a los países balticos, a quienes acusa de ceder su espacio aéreo a Kiev. Bruselas responde que “un ataque contra un estado miembro es un ataque contra todos”

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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (REUTERS/Johanna Geron)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (REUTERS/Johanna Geron)

La Unión Europea está constantemente amenazada fuera de sus fronteras. El peligro más próximo es Rusia, pero también se ha convertido en un problema el conflicto en Oriente Medio, las tensiones comerciales con China e incluso la injerencia electoral de Estados Unidos en favor de los candidatos de su preferencia.

Pero al margen de lo político y comercial, donde el bloque tiene herramientas suficientes para contrarrestar cualquier amenaza —otra cosa es que lo haga—, en lo que respecta a hacerse a cargo de su propia seguridad, tiene todavía recorrido por hacer. El problema más inmediato es operativo, porque la Defensa es una competencia exclusiva de los Estados miembros y cualquier acción conjunta debe decidirse por unanimidad de los Veintisiete —y aquí se suelen imponer los intereses de los gobiernos de turno—.

La guerra en Ucrania ha sido el gran ejemplo de unidad entre los europeos, pero a medida que se prolonga el conflicto, algunos gobernantes alineados con Moscú, como el húngaro Viktor Orbán, amenazan con dinamitarla. La llegada de Trump a la Casa Blanca ha complicado todavía más las cosas. Trump ya no quiere ser la primera línea de defensa de Europa y desde su llegada, ha ido cortando el grifo de la ayuda porque ya no considera a Moscú un enemigo. La negativa de los europeos a colaborar en su operación en Oriente Medio ha aumentado el enfado del magnate republicano, que avisa de que no colaborará frente un ataque ruso.

Y lo cierto es que los europeos son conscientes de que la amenaza rusa no ha cesado desde el estallido de la invasión a Ucrania en 2022. Los países bálticos son los más conscientes de ello por la sencilla razón de que son la primera línea de defensa. Y en los últimos meses, las incursiones de drones han aumentado en el vecindario este, con presencia de aeronaves no tripuladas de Rusia en Polonia o Rumanía.

Según el Ministerio de Defensa británico, cazas F-35B y Typhoon interceptaron naves no tripuladas que representaban una amenaza directa

Esta semana, Moscú ha amenazado con represalias a los países bálticos por ceder su espacio aéreo a los drones ucranianos para atacar sus refinerías de petróleo y las rutas de exportación rusas. Rusia no ha aclarado qué tipo de medidas aplicaría, pero la Comisión Europea ya ha avisado que “un ataque contra un estado miembro de la UE es un ataque contra todos”.

Preguntado por estas palabras, el ejecutivo comunitario no ha querido matizar sus palabras ni cómo se traduciría esto. “No queremos profundizar sobre estas amenazas porque no tenemos más información sobre ello”, se limitó a decir un portavoz de la Comisión. La pregunta en la rueda de prensa ha sido repetida en varias ocasiones: ¿cómo puede la UE contestar a un ataque contra uno de sus socios?

Dos mecanismos jurídicos para responder a ataques

Cabe recordar que la competencia de Defensa es exclusiva de los estados miembros, quienes son los responsables de evaluar qué tipo de amenaza están sufriendo y decidir qué tipo de ayuda quieren recibir. Ivan Esteve, colaborador externo de la Comisión Europea en materia de Defensa, explica que la UE sí tiene instrumentos para responder de manera conjunta. En este sentido, hace referencia al artículo 42.7, un tratado que es muy similar al de la OTAN sobre defensa mutua, que ya fue invocado por Francia cuando sufrió los ataques terroristas del Estado Islámico.

ataque terrorista en Mulhouse
Imagen de archivo del ataque terrorista en Mulhouse, Francia. (SEBASTIEN BOZON/AFP)

No obstante, matiza que existen diferencias. Primero en su cobertura, porque el tratado europeo abarca territorios que no están bajo el paraguas de la OTAN. Ceuta y Melilla son claros ejemplos. Segundo, en el procedimiento para aplicarlo. “Porque no es una respuesta al segundo”. En el momento en el que un Estado miembro lo invoca, la UE debe convocar de urgencia a sus ministros para decidir qué tipo de acción hay que aplicar. Tampoco se parece en su propósito, porque esto es un mecanismo que se diseñó inicialmente para responder ante ataques terroristas.

Esteve comenta que la UE dispone además del artículo 222 incorporado en el Tratado de Lisboa, que hace referencia a una “cláusula de solidaridad”. Y en este asunto, la UE podría sortear obstáculos burocráticos. Si bien la decisión debe decidirse por unanimidad, Esteve matiza que las instituciones europeas pueden obligar a todos los Estados miembros a movilizar todos los instrumentos a su alcance. “Aunque haya un país que se niegue en la votación a aportar ayuda militar, está obligado a ayudar”, añade.

En el caso de una amenaza mayor (ya no hablamos de impactos de drones, sino de una eventual invasión), este mecanismo daría potestad a la Comisión Europea para gestionar la seguridad sin el Consejo (los gobiernos de los Veintisiete). “Estaríamos hablando de circunstancias muy excecpcionales”, matiza Esteve.