Un enfermero fichaba en el hospital y se iba a trabajar a un supermercado: se enfrenta a 18 meses de prisión y al pago de 70.000 euros

El sanitario llegó a emplear el vehículo oficial de la sanidad para desplazarse a su segundo trabajo mientras figuraba como activo en su turno

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Un enfermero vacuna de la dosis Moderna a una anciana durante la pandemia (Alejandro Martínez Vélez - Europa Press)
Un enfermero vacuna de la dosis Moderna a una anciana durante la pandemia (Alejandro Martínez Vélez - Europa Press)

Un enfermero de 68 años, contratado como personal fijo para la asistencia domiciliaria de pacientes en la sanidad pública de la Toscana italiana, ha sido condenado tras demostrarse que durante años simuló cumplir con su jornada laboral mientras desarrollaba una actividad paralela en un supermercado del que era socio. Los hechos, que se remontan al menos a 2015, han sido considerados constitutivos de delito de fraude y peculado, con una sentencia firme que incluye pena de prisión, indemnización económica y responsabilidades adicionales por daño a la administración.

Según la reconstrucción de los tribunales, el profesional sanitario fichaba su entrada en el servicio público y, en lugar de acudir a los domicilios asignados, se desplazaba a una cooperativa dedicada al comercio de alimentos, donde realizaba tareas de gestión, contabilidad y organización.

La investigación determinó que el acusado compatibilizaba de forma irregular su puesto en la sanidad pública con su implicación activa en una empresa privada. No se trataba de una actividad esporádica, sino de una dedicación continuada en horario laboral. En varias ocasiones fue visto realizando labores propias del negocio, incluyendo la supervisión de mercancías o incluso la conducción de vehículos de reparto.

Las pruebas recogidas acreditan que el hombre se ausentaba de forma reiterada de sus obligaciones asistenciales, generando retrasos, incumplimientos y, en algunos casos, la ausencia total de atención a pacientes. A esta situación se suman las quejas de familiares, que comenzaron a alertar de irregularidades en el servicio. En una de las declaraciones recogidas en la sentencia, un familiar explicó que su madre necesitaba atención domiciliaria y que, pese a estar asignado un profesional, “el enfermero no venía siempre”. Estas denuncias fueron determinantes para activar las primeras investigaciones internas.

El proceso judicial

El punto de inflexión se produjo en 2015, cuando el enfermero fue sorprendido en el supermercado en horario laboral. No se encontraba realizando compras, sino desempeñando funciones propias del negocio. La intervención de los carabinieri permitió documentar la infracción en flagrancia, lo que derivó en su detención.

Pasillo largo de supermercado con estantes llenos de botellas y latas de bebidas alcohólicas, bajo luces fluorescentes, con algunos clientes al fondo.
El pasillo de bebidas de un supermercado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

A partir de ese momento se abrió un proceso penal que se prolongó durante varios años. El juicio, celebrado en el Tribunal de Massa, concluyó en 2022 con una condena que posteriormente fue confirmada de forma definitiva por el Tribunal Supremo italiano en mayo de 2024. La sentencia establece una pena de 18 meses de prisión, además de la obligación de indemnizar a la administración sanitaria.

Paralelamente, el caso fue analizado por la Corte de Cuentas, que evaluó el impacto económico y reputacional de la conducta del acusado. El resultado fue la imposición de una indemnización cercana a los 70.000 euros, en concepto de daños patrimoniales y perjuicio a la imagen de la administración pública.

Uso indebido de recursos públicos

Uno de los aspectos más relevantes del caso es el uso irregular de medios públicos. Según la investigación, el enfermero utilizaba el vehículo oficial del servicio sanitario para desplazarse al supermercado, lo que agrava la responsabilidad al implicar un uso indebido de recursos públicos.

Asimismo, se constató que en ocasiones solicitaba a compañeros que le sustituyeran en sus funciones, sin seguir los procedimientos establecidos. Estas sustituciones irregulares contribuían a encubrir sus ausencias, aunque también generaban sobrecarga en otros profesionales y desorganización en el servicio.

Los jueces han considerado acreditado que esta conducta provocó múltiples tipos de daño: desde el cobro indebido de salarios hasta el deterioro del funcionamiento del sistema sanitario y la pérdida de confianza por parte de los ciudadanos.

Bajo la lluvia, las enfermeras de Madrid, convocadas por el sindicato SATSE, alzan la voz para denunciar la insostenible situación que viven.

Impacto en los pacientes y el sistema sanitario

El perjuicio más grave, sin embargo, recayó sobre los pacientes. Muchos de ellos eran personas mayores o con enfermedades graves que dependían de la atención domiciliaria para su cuidado diario. La falta de asistencia o los retrasos reiterados supusieron un deterioro en la calidad del servicio y, en algunos casos, situaciones de especial vulnerabilidad. Durante el proceso se recogieron numerosos testimonios que evidencian las consecuencias de estas ausencias. Algunos pacientes tuvieron que esperar durante horas la llegada de un profesional que nunca se presentó, mientras que otros dependieron de sustituciones de urgencia.

La sentencia subraya que los hechos no fueron aislados, sino que se prolongaron durante un periodo de entre tres y cuatro años, lo que refuerza la gravedad de la conducta y su impacto estructural.