Por qué la borrasca Therese puede ser una buena noticia para los alérgicos

El efecto lavado de las lluvias reduce los niveles de polen durante unos días

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Una persona camina bajo la lluvia. (Europa Press)

Después de unas semanas de tregua, España ha recibido la decimonovena borrasca de “gran impacto” de la temporada. Nombrada como borrasca Therese, este fenómeno meteorológico afectará especialmente al archipiélago canario, provocando lluvias localmente fuertes, tormentas, vientos intensos y un temporal marítimo desde este miércoles.

El temporal se extenderá a la península el próximo viernes, según la predicción de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), aunque de forma menos severa que en las islas. Mientras Canarias continuará sufriendo lluvias abundantes y tormentas durante toda la semana, el archipiélago balear sufrirá rachas de fuertes vientos y mar alterada. En el resto del país, se incrementará la inestabilidad, con lluvias en Galicia, el oeste de Castilla y León, Extremadura, el oeste de Castilla-La Mancha y Andalucía occidental.

El regreso de las precipitaciones coincide, a su vez, con el inicio de la temporada de polen. La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) prevé una “primavera intensa” para todos los alérgicos al polen. Provincias como Cáceres o Badajoz esperan alcanzar niveles de polen de entre 10.000 y 12.000 granos por metro cúbico esta estación, mientras que Madrid, Jaén o Sevilla superarán los 6.000.

Para los más sensibles a la primavera, la llegada de Therese puede ser una buena noticia, según los alergólogos, pues la lluvia provocará un efecto lavado muy beneficioso para los alérgicos.

Las ventajas (y desventajas) de la lluvia en primavera

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Una mujer con alergia al polen (Shutterstock)

Con este peculiar nombre, la SEAIC se refiere a un curioso efecto que tienen las lluvias en la producción de polen. El agua consigue arrastrar los granos de polen, principales responsables de causar reacciones alérgicas en la población, hasta el suelo. Así, aunque las plantas continúen su proceso polinizador, el agua logra neutralizarlo y reducir temporalmente la presencia de polen en el aire.

El viento de los temporales también ayuda, pues arrastra los granos de polen y los difumina por el entorno, reduciendo su concentración en el ambiente. El efecto se mantiene los días después del temporal, proporcionando un alivio momentáneo a quienes padecen alergias.

El efecto lavado, sin embargo, es temporal y, aunque a corto plazo parezca una ventaja, a la larga sale caro. Las lluvias favorecen el crecimiento de la vegetación y el desarrollo de plantas, lo que se traduce, en general, en una primavera con niveles altos de pólenes. A las precipitaciones se une el calentamiento global, que adelanta el calendario polínico y lo alarga hasta bien entrado el verano. En muchos casos, no solo aumenta la duración de la temporada, sino también la cantidad de polen en el aire.

Esta combinación hace que las personas con alergias sufran picores y estornudos cada vez antes y cada vez más tiempo. En algunos casos, los síntomas pueden volverse más intensos, pues la mayor cantidad de polen unida a la contaminación en el aire provoca una mayor respuesta del sistema inmune.

Ante estos desafíos, los especialistas recomiendan utilizar gafas y mascarillas para limitar el nivel de exposición al polen, así como evitar pasar mucho tiempo en la calle o hacer deporte en parques o espacios naturales.