Malas noticias para la psicodelia: tomar setas alucinógenas o ayahuasca en vez de antidepresivos no es efectivo, según un estudio

Los autores del estudio han comparado ensayos “a etiqueta abierta”, donde los pacientes sabían qué sustancia estaban tomando. Algo que ha permitido equilibrar la comparativa entre las drogas psicodélicas y los antidepresivos, que normalmente usan distintos parámetros de medición

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Tomar setas alucinógenas y LSD
Tomar setas alucinógenas y LSD en vez de antidepresivos no es buena idea (Montaje Infobae)

El cannabis, los opioides, las setas alucinógenas o el LSD son algunas drogas que en muchas ocasiones se han promovido desde instituciones públicas y sanitarias como una herramienta para luchar contra el dolor crónico, la depresión o enfermedades como el cáncer. Desde el National Institute on Drug Abuse (NIDA), de hecho, se hicieron públicas en 2024 nuevas áreas de investigación: “El uso de las drogas psicodélicas y disociativas como medicamentos” para los trastornos por uso de sustancias y otros trastornos mentales.

Concretamente, la institución sanitaria mencionaba el uso de ketamina como anestésico y de la esketamina como tratamientos “disociativos” que incluso están “actualmente aprobados por la FDA”. Como este, ha habido otros mensajes esperanzadores en los que las drogas podrían abrir paso al dolor o a trastornos mentales. En el caso de las terapias asistidas con psicodélicos, como la psilocibina (el ingrediente activo de algunos “hongos mágicos”) o la ayahuasca, se han señalado por sus supuestos efectos prometedores para tratar la depresión.

Incluso, en ocasiones, se han presentado como sustancias más efectivas a los antidepresivos clásicos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), usados desde hace décadas. Pero, ¿son realmente más efectivos? Un reciente metaanálisis publicado en JAMA Psychiatry ha puesto a prueba esta idea, ofreciendo una respuesta menos entusiasta de lo esperado.

La importancia del “doble ciego”

Antes de realizar el estudio, un equipo liderado por expertos de la Universidad de California y el Imperial College London revisó de forma sistemática cientos de estudios publicados hasta marzo de 2024. Pero antes de eso, los autores de la investigación llegaron a la conclusión de que debían igualar los parámetros. Y es que normalmente los estudios con psicodélicos generan efectos tan marcados que es imposible llevarlos a cabo con lo que se conoce como “doble ciego”.

Esta técnica permite que tanto los pacientes como los médicos investigadores desconozcan quién recibe el medicamento activo y quién el placebo. Pero este “desenmascaramiento funcional” puede inflar los resultados: es decir, hace que los psicodélicos parezcan más efectivos de lo que realmente son, solo porque los pacientes saben que recibieron la sustancia activa. Por este motivo, los autores decidieron que, para hacer una comparación justa, debían equilibrar las condiciones: los pacientes que consumirían psicodélicos y los que tomarían antidepresivos lo harían “a etiqueta abierta”. Esto permite igualar las expectativas de los pacientes y aislar mejor el efecto real de cada terapia.

Tomar setas alucinógenas o LSD
Tomar setas alucinógenas o LSD en vez de antidepresivos no es más efectivo (Canva)

Una vez prestablecidos todos los detalles, los investigadores seleccionaron solo ensayos clínicos en adultos con depresión, sin otras enfermedades graves, que compararan o bien terapias psicodélicas (como psilocibina o ayahuasca), o bien antidepresivos tradicionales (ISRS y SNRIs). En total analizaron 8 ensayos con terapia psicodélica con 249 pacientes, 16 ensayos con antidepresivos a etiqueta abierta con 7.921 pacientes y más de 140 ensayos clínicos de antidepresivos ciegos, con más de 31.000 participantes -para controlar cómo afecta la expectativa en la mejoría de los pacientes-.

¿Quién gana?

La conclusión principal fue clara: no hubo diferencias significativas en la mejora de los síntomas de depresión entre quienes recibieron terapia asistida con psicodélicos y quienes tomaron antidepresivos tradicionales en etiqueta abierta. En números aproximados, la reducción media de los síntomas fue casi idéntica -en torno a 12 puntos en la Escala Hamilton de Depresión (HAM-D)-, y la diferencia real fue de apenas 0,3 puntos, lo que no es clínicamente relevante.

Esto contradice el entusiasmo mediático y algunos resultados previos que parecían mostrar que los psicodélicos eran de 3 a 5 veces más efectivos que los antidepresivos clásicos. La clave, según los autores, es justamente el efecto de las expectativas: en los ensayos de psicodélicos, el “control” (placebo) tiende a mejorar mucho menos —o incluso a empeorar— porque quienes participan y no experimentan ningún efecto, lo notan y se decepcionan (“efecto knowcebo”). Esto infló artificialmente la diferencia entre los grupos. De esta manera, cuando ambos tratamientos se comparan en condiciones en que los pacientes saben qué toman, esa ventaja desaparece.

¿Importa el “doble ciego” en los antidepresivos?

El estudio también analizó si saber qué medicamento se toma influye en los resultados con antidepresivos tradicionales. Encontraron que, en general, los pacientes mejoran ligeramente cuando saben que están tomando un antidepresivo (aumentando la expectativa positiva), pero este efecto añadido es pequeño: apenas 1,3 puntos en la escala HAM-D, la mitad de lo que se considera un cambio clínicamente relevante.

Una campaña muestra el laberinto que atraviesan las personas con trastorno depresivo mayor. (Europa Press)

Como todo estudio, este también tiene limitaciones. Por ejemplo, no examina directamente los efectos secundarios, la aceptabilidad o el impacto en la calidad de vida de cada terapia. Además, los ensayos con psicodélicos suelen ser más cortos (3-4 semanas) y contar con pacientes más motivados y de mayor nivel socioeconómico, lo que podría influir en los resultados. Asimismo, los autores recuerdan que una mejoría en la escala HAM-D no necesariamente representa una recuperación funcional o una mejora de la vida cotidiana; y que más allá del alivio de los síntomas, hay que comparar cómo afectan las terapias aspectos como el funcionamiento social o el bienestar general.

El mensaje de este trabajo es claro: las terapias psicodélicas no son, a la luz de la evidencia actual, más efectivas que los antidepresivos clásicos cuando se comparan en igualdad de condiciones respecto a las expectativas de los pacientes. Esto no significa que sean inútiles o que no tengan potencial, sino que es necesario un análisis riguroso y comparar “manzanas con manzanas”, evitando el sesgo del efecto placebo y entusiasmo.