Un hombre chino es el único habitante de un pueblo de la Toscana: cada octubre empieza su hibernación

No tiene tele, ni radio, ni reloj... pero a pesar de la soledad, no se considera “una ermitaña”

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Montalcino. (Comune di Montalcino)
Montalcino. (Comune di Montalcino)

En lo alto de las colinas de la Toscana, Lucignano d’Asso parece detenido en el tiempo. Calles empedradas, casas medievales y un silencio profundo que envuelve cada rincón. Allí vive una sola persona, Yiyun Mao, una economista de 36 años que decidió dejar atrás el ruido de la ciudad y seguir la llamada de la naturaleza. Cuando llega el final de la jornada, lo obreros recogen y no queda nadie en el pueblo.

Yiyun vive en un pequeño apartamento a la entrada, un espacio que probablemente fue una casa de huéspedes para cazadores en otra época. Cada mañana, lo primero que hace es asomarse a la ventana. “Saludo al Monte Amiata”, dice al medio italiano La Nazione. “Tengo la sensación de estar en un barco, y las colinas son las olas”.

Su día combina la contemplación con la acción práctica. Conduce, va al supermercado, visita la feria de antigüedades de Arezzo para comprar telas y el mercado semanal de Montepulciano. También cocina platos italianos y chinos para familias locales y trabaja como fotógrafa para Borgo d’Asso, empresa ecológica de 550 hectáreas que posee gran parte del pueblo y produce vino, pasta, aceite y legumbres. “Consumo poco. No necesito mucho. He encontrado mi equilibrio. Soy autosuficiente”, afirma.

De Shanghái a Brera, de Brera a la nada

El camino hasta Lucignano no fue directo. Licenciada en Economía y especializada en negocios internacionales, Yiyun confiesa que nunca le “ha gustado la economía ni tenido experiencia en negocios”. En cambio, “siempre me han interesado el arte y la literatura”. Su vida profesional comenzó en París, donde hizo unas prácticas en una firma de lujo y trabajó a tiempo parcial en una agencia de viajes.

Luego Florencia la atrajo, y allí estudió italiano durante tres meses. En septiembre de 2016 se trasladó a Milán, donde estuvo un año en el sede de WeChat, más tarde en un estudio de arquitectura y finalmente un salón de té propio en el barrio de Brera, que dirigió durante casi tres años. “En cierto momento me di cuenta que ya no soportaba la ciudad. Sentí la llamada de la naturaleza”, recuerda.

En 2021, una amiga argentina la invitó a su casa en San Quirico d’Orcia. Allí descubrió Siena, el Valle de Orcia y, al año siguiente, pasó un mes en el apartamento que su amiga le cedió. Fue entonces cuando llegó a Lucignano. “Quiero vivir aquí”, pensó. Y se quedó.

Lucignano d’Asso. (Wikipedia)
Lucignano d’Asso. (Wikipedia)

Sin televisión ni reloj, pero conexión con la vida

En su apartamento, lleno de telas teñidas por ella misma y objetos traídos de sus viajes, Yiyun no tiene televisión ni radio, ni tampoco reloj. Solo dispone de móvil y ordenador con conexión a internet. “Si por casualidad leo un periódico o una noticia, no la rechazo”, aclara.

A pesar de la soledad asegura no ser “una ermitaña”. “Cultivo relaciones humanas normales, recibo visitas. Llevo una vida casi monástica, en el sentido de que paso mucho tiempo observándome y analizándome”. Por las noches, a veces sale a mirar las estrellas. En invierno se toma un mes para viajar. Ha estado dos veces en Egipto y una en Córcega. En verano, cuando llegan los turistas, el pueblo se anima, pero ella sigue disfrutando de la tranquilidad.

Lucignano d’Asso. (Wikipedia)
Lucignano d’Asso. (Wikipedia)

La belleza como razón de ser

Hija única, sus padres tardaron en aceptar su elección, pero terminaron por hacerlo. “¿Por qué estoy aquí? Por la belleza. Este es un lugar parisino y puro. Lo encuentro todos los días, y eso es precioso. Salgo a caminar, me detengo a mirar una flor que no estaba allí el día anterior, siento el cambio incluso con las estaciones. La vida me trajo aquí, puedo disfrutarla aquí, me siento como en casa". “Su madre aún no ha visitado el pueblo. Pero está feliz si sabe que yo soy feliz”, concluye Yiyun.