Lola Herrera rememora en ‘Lo de Évole’ cómo el orgasmo fingido de ‘Función de noche’ fue entendido como un fracaso personal

La dramaturga española, a sus 90 años, no concibe retirarse de los escenarios, según reconoce en el programa de La Sexta

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La actriz española de teatro
La actriz española de teatro acude al programa de La Sexta, en la que Jordi Évole repasa con Herrera la vida, personal y laboral, de esta. / Captura de pantalla

Entre cuidados personales en el balneario de Alange (Badajoz), la actriz Lola Herrera (Valladolidad, 90 años) reflexiona con Jordi Évole sobre su trayectoria personal entrelazada con la profesional. La dramaturga española, símbolo de la lucha feminista y figura clave del teatro, el cine y la televisión en España, ha sido la nueva invitada en Lo de Évole, en La Sexta. El encuentro ha ofrecido una panorámica inédita de Herrera, marcada por siete décadas en los escenarios y una mirada propia hacia la sociedad y la condición femenina.

A sus 90 años, la actriz ha reivindicado su fidelidad al teatro y su actividad ininterrumpida: actualmente permanece de gira tres o cuatro días a la semana y casi siempre duerme fuera de casa. La actriz ha recordado que nunca ha abandonado su profesión, afirmando de forma rotunda: “Yo el teatro nunca lo he dejado por nada que me hayan ofrecido, es el lugar donde mejor me siento”. Este dato permite entender el papel central que la escena ha tenido en su vida, marcada desde su infancia por la adversidad y el aprendizaje autodidacta tras una escolarización interrumpida a los doce años.

El orgasmo fingido entendido como un fracaso personal

La actriz española rememora lo que quedó de Función de noche, película de 1981 dirigida por Josefina Molina y protagonizada por Herrera junto a su exmarido. Esta constituye uno de los hitos más significativos de su trayectoria: sin guion ni personajes ficticios, retrata la conversación real de la pareja sobre su ruptura, la insatisfacción y el dolor íntimo, en una España que apenas comenzaba a debatir sobre sexualidad, matrimonio y fracaso personal.

Sin embargo, la dramaturga ha señalado durante su encuentro con Jordi Évole que lo que perduró en la memoria colectiva fue solo la cuestión del orgasmo fingido: “La película no se trataba de eso, era de dos personas que lo habían pasado muy mal, era una pareja hablando de sus fracasos”. Cabe mencionar que, tal y como recuerda Herrera, la escena se grabó en 1981 con cinco cámaras ocultas, como si fuese una especie de Gran Hermano, ha comparado el periodista.

Tras la emisión de aquella película, la actriz recibió numerosas cartas. Muchas de mujeres empatizando con su testimonio, pero también de hombres que, en tono paternalista, se ofrecían a “ayudarla”, algo que la artista ha analizado con ironía ante Évole en la entrevista: “Ellos entendían que tenían que ayudar a una mujer tras un fracaso sexual”. Para la actriz, este tipo de respuestas demuestran que “los hombres no han entendido nada”.

Lola Herrera como abandera de la conquista de derechos feministas

Lola Herrera ha afirmado en Lo de Évole que, aunque las mujeres han logrado avances notables, “todo lo que conseguimos es muy endeble, no me siento segura, hay que estar alerta”, en una advertencia dirigida tanto a las jóvenes como al conjunto de la sociedad. La actriz ha querido dejar claro que existe el riesgo de retrocesos y ha recalcado la importancia de proteger los derechos alcanzados.

El diálogo de Lola Herrera y Jordi Évole se ha desarrollado en un espacio compartido con mujeres de cierta edad de Extremadura, protagonistas del balneario donde tiene lugar la charla. Estas mujeres han narrado cómo han sido las encargadas históricas del cuidado del hogar y han tenido que organizarlo todo para sus maridos e hijos, generando una conversación sincera sobre el reparto desigual de tareas y el peso emocional de la carga doméstica y familiar.

El programa ha profundizado en el proceso personal de Herrera para romper moldes dentro de la sociedad franquista. La actriz ha revivido el contexto de su matrimonio con Daniel Dicenta, marcado por una atracción física intensa y la dificultad de separarse en una época sin posibilidad legal de divorcio. En su testimonio ha subrayado: “Si yo hubiera tenido un amante, mi marido me hubiera podido denunciar; yo no le pude denunciar nunca”. Tras la aprobación del divorcio, según ha confesado, se sorprendió por la cantidad de mujeres que esperaban formalizar su separación, lo que evidenció una demanda social sobre la que apenas se hablaba en público.

La actriz con el camino inverso: del cine a la televisión y la radio, hasta llegar al teatro

El especial de Lo de Évole ha permitido también repasar otros episodios relevantes de la vida de la actriz: sus inicios artísticos a los dieciséis años gracias al tenor mexicano José Mojica, su paso por el cine, la televisión —con recuerdos de ficciones como La casa de los líos y Un paso adelante—, el entorno familiar marcado por la Guerra Civil y la posguerra, y el papel de figuras como su abuela Jacinta, pilar de resistencia frente al abuso; y de su madre, que abandonó sus sueños artísticos por imposición del entorno familiar.

En el tramo final del programa, Lola Herrera ha reflexionado sobre la vejez, la muerte y su deseo de descansar en el Mediterráneo, rechazando la idea de asociar su memoria únicamente con el teatro: “Al teatro se va estando viva”. Con este testimonio, la actriz concluye una conversación que repasa su lucha personal y colectiva, el legado de una vida sin concesiones y el mensaje de alerta sobre el carácter frágil de los derechos feministas alcanzados.

Los jóvenes españoles se sienten cada vez menos identificados con la idea de feminismo, aunque defienden la igualdad de género.

El programa de La Sexta cierra así uno de sus episodios más íntimos y reivindicativos, retratando a una actriz que ha convertido su vida en un ejemplo de honestidad, resiliencia y compromiso, y recordando a las generaciones actuales la necesidad de mantener la vigilancia sobre los logros sociales para evitar involuciones.