El escándalo de las mujeres esposadas durante el parto que alarma en el Reino Unido: “Sentí que me torturaban mentalmente”

Abogados y afectadas denuncian la inhumanidad de estas prácticas y buscan evitar que se repitan en el futuro

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Mujeres tienen que dar a
Mujeres tienen que dar a luz esposadas. (David Zorrakino/Europa Press)

Una mujer en Inglaterra sabe que va a dar a luz esposada a un funcionario de prisiones. El 30 de diciembre de 2022, una reclusa llegó al hospital con los grilletes puestos. Llevaba consigo un folleto de Birth Companions, que explicaba que las esposas durante el parto solo deberían utilizarse en circunstancias excepcionales. Sin embargo, cuando se decidió a enseñarlo, la respuesta de sus escoltas fue: “No sabemos qué es ese folleto, no vamos a acatar sus instrucciones”. Y así, las esposas permanecieron puestas durante todo el ingreso hospitalario.

“Lloraba tanto que tenía la nariz demasiado tapada como para usar alguna técnica de respiración. Sentí que me torturaban mentalmente”, ha recordado una mujer condenada por un delito de drogas e incluso clasificada como de bajo riesgo, al medio inglés The Guardian. Ella planeaba un parto con técnicas de hipnoparto y respiración consciente, pero nada de eso fue posible.

El momento más difícil fue su examen interno. Permaneció esposada, con las piernas abiertas, mientras una funcionaria observaba desde los pies de cama. Durante toda su estancia, la reclusa estuvo atada mediante una larga cadena. También para ducharse. Y mientras dormía. “Tenía miedo de que me agrediera”, ha explicado. Al final, la mujer sufrió una hemorragia posparto, hematomas y dolor crónico en la muñeca izquierda.

Otro caso igualmente grave ocurrió en febrero de 2023, con una interna latinoamericana arrestada por delito de drogas y que desconocía su embarazo. Tras ser trasladada al hospital para inducir el parto, permaneció esposada más de 48 horas, incluidas las 12 horas de contracciones. El parto terminó con una hemorragia registrada como “incidente crítico”. “Dar a luz es un momento muy delicado. Era muy vulnerable y me trastornó la cabeza. La indiferencia de los guardias hizo que mi parto fuera tremendamente traumático”, ha confesado.

Un funcionario de prisiones en
Un funcionario de prisiones en la cárcel. (EFE/Mohammed Jalil)

Unas 250 mujeres dieron a luz encadenadas

Ambas reclusas habían sufrido previamente violencia a manos de hombres y temían ser custodiadas por funcionarios masculinos durante el parto. Presentaron demandas por agresión, lesiones y vulneración de derechos humanos.

El bufete Bhatt Murphy representa actualmente a seis mujeres en situaciones similares. Jane Ryan, socia del despacho, advierte que no se trata de casos aislados: “Esta práctica bárbara nunca debió ocurrir en una sola ocasión, y mucho menos repetirse en múltiples prisiones. Las sujeciones se aplicaron durante el extremo dolor físico del parto, incluso durante las contracciones y los tactos vaginales más íntimos”. Ryan ha estimado que entre 2021 y 2025 unas 500 mujeres embarazadas estuvieron encarceladas en Inglaterra, y aproximadamente la mitad dio a luz bajo custodia.

Entrevista con Jaime, un interno que relata su experiencia en varias prisiones

Una investigación que todavía no ha comenzado

En junio de 2024, el ministro de prisiones, Lord Timpson, anunció que el Prisons and Probation Ombudsman (PPO) llevaría a cabo una investigación independiente sobre el uso de esposas en mujeres embarazadas durante consultas médicas, exploraciones íntimas y partos, calificando los informes de “profundamente preocupantes”. No obstante, ocho meses después, la investigación no ha comenzado formalmente y los términos de referencia siguen indefinidos.

“Una investigación que no escucha a las mujeres que fueron encadenadas no es una investigación. Es un encubrimiento”, ha afirmado Jane Ryan. El bufete exige que la investigación incluya prueba oral, representación legal y un análisis de las fallas sistémicas del sistema penitenciario, advirtiendo que sin financiación pública para las víctimas, la balanza estará desequilibrada desde el inicio.

Entre tanto, la primera interna ya ha cumplido su condena, pero sigue luchando para que el sistema rinda cuentas. “Aunque seamos presas, somos humanas. Solo quiero evitar que lo que me pasó a mí les pase a otras mujeres”, afirma. La segunda, de vuelta en su país natal, también participa en las acciones legales: “Este trato a las prisioneras embarazadas debe terminar. Es inhumano y peligroso para las madres y sus bebés”.