
Una subinspectora de Policía, destinada como apoyo operativo en la Embajada de España en la India en verano de 2024, ha solicitado al juez que impulse la apertura de juicio contra Emilio de la Calle, un comisario del Cuerpo Nacional de Policía que fue su superior en aquel destino, donde ejercía las funciones de consejero de Interior. Según información de EFE y Europa Press, la petición llega tras varios meses de investigación en la Audiencia Nacional y se sustenta en una denuncia que incluye acusaciones por acoso sexual y laboral, amenazas, lesiones, agresión sexual y vulneración de la intimidad.
El comisario, apartado ya de su responsabilidad como consejero de Interior en la legación diplomática, está siendo investigado desde hace casi un año. La querella recoge que la situación se habría producido desde el primer día de la subinspectora en Nueva Delhi hasta que formalizó una denuncia interna ante la Dirección General de la Policía. Según la denunciante, durante ese periodo sufrió insultos, amenazas y un contacto físico no consentido. Además, relata que el comisario accedía a sus mensajes privados y mantenía con ella una comunicación constante, también fuera del horario laboral.
“Te dejo como un trozo de carne. Te reviento”
Entre las pruebas aportadas al proceso figuran grabaciones en las que el mando policial profiere frases como “¿Qué hago? ¿Te pego? ¿Te doy una hostia? Sí, a ver si con un ojo morado...” o “Te he dado una colleja, porque no me... Sí, te he dado una colleja y te la volveré a dar”. La querella apunta también que el comisario habría ejercido “consciente y deliberadamente un control sistemático sobre la vida privada” de su subalterna: frecuentaba la calle donde vivía la presunta víctima, controlaba sus rutinas y su vida íntima y fiscalizaba “con quién podía verse”, prohibiendo a la subinspectora tener contacto con personas que consideraba “peligrosas” de forma aparentemente arbitraria.
En los audios también aparecen expresiones de carácter ofensivo y amenazas, entre ellas: “Vete a casa, date una ducha, saca el Satisfyer”; “¿tan gilipollas eres?” o “que te doy una hostia que te vuelvo loquita, eh. Escúchame, que te doy una hostia, que estás otra vez haciendo gilipolleces. No me toques los cojones”. Ante la existencia de estas grabaciones, el juez responsable del caso encargó a la Policía Científica un análisis técnico para comprobar si han sido manipuladas, fragmentadas o alteradas.
Los insultos y descalificaciones gratuitas se daban, además, con “una frecuencia altísima”: “Te dejo, o sea, como un trozo de carne. Te reviento. O sea, no quiero. Te he cuidado, pero no me vuelvas a tocar más los cojones. Porque no creo que seas imbécil. Y a veces me da la impresión de que lo eres. Porque si haces estas cosas después de las veces que te lo digo, es que eres retrasada mental. Si no, no lo entiendo. O sea, si yo te lo digo y tú sigues haciéndolo, sufres un retraso mental” es uno de los ejemplos que recoge la querella.
El acusado también “imponía estar pendiente del teléfono móvil las 24 horas del día los siete días de la semana, incluso fuera del horario estrictamente laboral, y en el caso de que no respondiera de inmediato a estar llamadas, le reprendía de forma desproporcionada”, recoge la querella, que añade que incluso llegaba a conminar a la subinspectora que se llevase el teléfono al baño: “Que cagues con el teléfono”, le habría dicho el comisario.
Durante los últimos meses, el juzgado ha recibido la declaración de varios testigos y se han practicado diligencias, a la espera de informes periciales sobre las pruebas presentadas. Los abogados de la subinspectora consideran que existen indicios suficientes para que el procedimiento avance y que el comisario sea juzgado por los hechos denunciados, sin perjuicio de que sigan abiertas las comisiones rogatorias para obtener información de otros organismos.
En el relato presentado ante el juzgado, la subinspectora detalla que el supuesto acoso no se limitaba al entorno de trabajo, sino que también se extendía fuera del horario laboral, con llamadas y mensajes diarios y la revisión de su móvil sin su consentimiento. Todo ello, sumado al trato denigrante que recibía, habría generado un ambiente hostil, según recoge la denuncia. La instrucción también ha tenido en cuenta un episodio en el que la denunciante afirma haber recibido un beso en la comisura de los labios sin permiso.
Como medida cautelar, tras la declaración del comisario ante el juez, se acordó que no pudiera mantener ningún tipo de comunicación de servicio con la subinspectora, ni directa ni indirectamente. El procedimiento sigue en la Audiencia Nacional pendiente de la conclusión de los informes técnicos solicitados sobre las grabaciones y de la información internacional que se está recabando.
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