
La prevalencia del síndrome braquicefálico obstructivo entre los perros con cráneo achatado y fosas nasales estrechas ha despertado gran preocupación en el ámbito veterinario, ya que este trastorno puede limitar notablemente su capacidad para respirar correctamente.
Un reciente estudio coordinado por la Universidad de Cambridge, y publicado en la revista Plos One, ha demostrado que tanto la morfología facial como otros factores anatómicos y de peso aumentan la vulnerabilidad de ciertas razas a padecer problemas graves de salud respiratoria.
La autora principal de la investigación, Francesca Tomlinson, ha detallado que la relación entre un esqueleto facial corto y el estrechamiento de las vías respiratorias superiores resulta evidente, aunque no es el único parámetro determinante para la aparición de este síndrome.
Características como las fosas nasales reducidas, el paladar blando engrosado y una tráquea pequeña también incrementan la dificultad para una ventilación adecuada. Tomlinson ha señalado, para ilustrar la gravedad de los síntomas, que “en humanos, podríamos compararlo con respirar a través de una pajita”.
Evaluación de razas y factores de riesgo
El equipo de la Universidad de Cambridge ha evaluado a 900 perros pertenecientes a 14 razas en el Hospital Veterinario Queen’s. El protocolo incluyó jornadas de salud específicas para cada grupo y la aplicación del Esquema de Calificación de la Función Respiratoria (RFGS), diseñado para clasificar el nivel de afectación respiratoria antes y después de una prueba de esfuerzo de tres minutos.
Quienes realizaban el ejercicio sin incomodidad se consideraron “no afectados”, mientras que la presencia de ruidos en las vías respiratorias superiores se utilizó como criterio diagnóstico del síndrome braquicefálico obstructivo, según los parámetros reflejados en el estudio citado por la agencia SINC.

Los resultados muestran que el 89 % de los pequineses y el 82 % de los chin japoneses analizados presentan un riesgo elevado de sufrir este síndrome, encabezando la lista de razas más expuestas. King charles spaniel, shih tzu, grifones de Bruselas, boston terrier y dogos de Burdeos han obtenido una categoría de riesgo moderado.
Staffordshire bull terrier, cavalier king charles spaniel, chihuahua, bóxer y affenpinscher han sido catalogados con riesgo leve. En cambio, las razas pomeranian y bichón maltés, según el estudio difundido por SINC, no han mostrado ninguna molestia respiratoria significativa.

El análisis ha identificado otros elementos anatómicos relacionados con la propensión al síndrome, como la columna corta y el cuello grueso, que contribuyen a intensificar el riesgo de obstrucción respiratoria. Además, se ha constatado que el sobrepeso constituye un agravante relevante, especialmente en razas como cavalier king charles spaniel, shih tzu y affenpinscher.
Tal y como ha explicado Tomlinson, un mayor índice de grasa corporal se asocia directamente a complicaciones respiratorias crónicas. En palabras de la investigadora, la situación “es comparable a la apnea obstructiva del sueño en humanos, donde la obesidad es un factor de riesgo claro en el bloqueo de las vías respiratorias”.
Opciones de tratamiento y variabilidad clínica
Tomlinson ha matizado que la distribución de la grasa en el cuello o la garganta contribuye al estrechamiento de las vías superiores. Del mismo modo, la grasa abdominal limita la expansión pulmonar, dificultando aún más el proceso de respiración.
Una masa corporal elevada incrementa la demanda de oxígeno e impone una mayor exigencia al sistema respiratorio. Este efecto resulta especialmente perjudicial en perros cuyas vías ya presentan limitaciones anatómicas, ya que dichas cargas mecánicas y metabólicas pueden agravar los síntomas clínicos.
En cuanto a las estrategias de intervención, la experta apunta que la cirugía constituye un enfoque potencialmente útil para aliviar las restricciones físicas en las vías respiratorias. No obstante, recalca la necesidad de aplicar medidas complementarias, como la gestión dietética y el control del peso, para optimizar la calidad de vida de los perros afectados.
El trabajo concluye que el síndrome braquicefálico obstructivo no presenta una manifestación uniforme en todas las razas. Los animales estudiados han mostrado una notable diversidad de síntomas y grado de afección, lo que implica que no resulta posible establecer un único método de diagnóstico o valoración. Según ha subrayado Tomlinson, “algunos perros se ven afectados levemente, mientras que otros experimentan una restricción respiratoria severa, apnea del sueño, sobrecalentamiento e incluso colapso”.
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