Laura Polo, psicóloga: “Los bucles mentales llevan a la somatización. Al final nos llegan los dolores de cabeza, el cansancio...”

La autora del libro ‘Lo que se permite se repite’ habla con ‘Infobae’ sobre bucles de pensamiento, dificultad para poner límites y la importancia de hablar con uno mismo

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La psicóloga Laura Polo, autora
La psicóloga Laura Polo, autora del libro 'Lo que se permite se repite' (Vergara, 2026). (Cedida)

Tareas pendientes, preocupaciones, exigencia y productividad. El ritmo de vida en la actualidad demanda tanto de nosotros que apenas queda espacio para nada más, ni física ni emocionalmente. Cada vez son más las personas que sienten estar “en piloto automático”, desconectados por completos del presente y de la comunicación con su interior.

Además, cuando esta sí se produce, la cultura de la productividad, la autoexigencia y la sobrecomplacencia empuja a un diálogo interno destructivo. Se generan así bucles de pensamiento sobre lo que debería hacerse, lo que se hizo mal o lo que no se hizo, así como una dificultad para poner límites porque muchas veces ni siquiera sabemos cuáles son nuestras líneas rojas.

Todo esto ha derivado, en general, en una sociedad que vive más anclada al futuro —pensando en escenarios que todavía no han ocurrido y que provocan temor o ansiedad— y al pasado —recordando lo que consideramos que pudimos hacer mejor— que en el presente; una sociedad que antepone casi siempre las necesidades del resto a las propias y que se mueve en un entorno de dudas, críticas y creencias limitantes.

Sobre todas estas cuestiones que resultan familiares para cada vez más personas escribe la psicóloga Laura Polo (@laurapolopsicologa en redes sociales, donde divulga contenido sobre la salud mental) en su recién publicado libro Lo que se permite se repite (Vergara, 2026). En conversación con Infobae, la experta habla sobre los bucles de pensamiento, la frecuente incomodidad que se siente al poner límites y la importancia de enseñar a entender y comunicar los sentimientos desde la infancia.

La psicóloga Laura Polo durante
La psicóloga Laura Polo durante una firma de su libro 'Lo que se permite se repite'. (Cedida)

Pregunta: En la actualidad, ¿pasamos cada vez menos tiempo hablando con nosotros mismos?

Respuesta: Sí, yo creo que ahora todo el mundo va un poco en modo automático. Estamos tan pendientes de lo próximo que tenemos que hacer que nos olvidamos de qué sentimos, qué necesitamos en ese momento. Por eso, muchas veces también permitimos cosas que no queremos permitir, porque no pensamos en nosotros mismos. Vamos todo el rato en automático hasta que nuestro vaso se llena; llega un momento en el que explota y es cuando paramos.

P: ¿Y por qué es importante que tengamos esa conversación con nosotros mismos?

R: Lo primero por lo que es importante es porque el diálogo interno es lo que hace que nosotros actuemos de una manera o de otra. Y muchas veces no nos damos cuenta de cómo nos hablamos porque no paramos. Es superimportante pasar tiempo con nosotros mismos para conocernos y no volver a repetir esos patrones: al final, permitimos cosas porque no nos evaluamos. Es importante para identificar qué siento, qué me pasa, hacia dónde voy y no caer en ese tipo de bucle.

Bucles mentales: una dañina espiral de pensamiento

P: Precisamente, una cosa es hablar con uno mismo y otra distinta es caer en los bucles mentales. Si a nadie le gusta entrar en esa espiral de pensamientos destructivos, ¿por qué se producen estas rumiaciones mentales?

R: Nosotros entramos en ese bucle porque antes no hemos sabido identificar qué nos pasa y porque tenemos unas creencias que se han formado desde la infancia. Los pensamientos intrusivos aparecen para protegernos y que no nos vuelvan a pasar aquellas cosas que fueron desagradables y que nos hicieron sentir tristes. Entramos en un bucle porque surge una bola de nieve: de un pensamiento vamos a otro, vamos a otro, vamos a otro..., y al final se forma el muñeco de nieve. Como no cuestionamos qué nos pasa, siempre nos vamos a lo peor para protegernos, cuando muchas veces el peligro no es real.

Las rumiaciones mentales o bucles
Las rumiaciones mentales o bucles de pensamiento ocurren cuando una persona es incapaz de desprenderse del diálogo interno, dándole vueltas una y otra vez a lo mismo. (Freepik)

P: ¿Qué efectos pueden tener estos bucles de pensamiento tanto a nivel físico como emocional?

R: Los bucles mentales llevan a la somatización. Todo aquello que nosotros no verbalizamos porque muchas veces no lo identificamos sale por el cuerpo. Al final llegan los dolores de cabeza, la fatiga, el cansancio..., y no entendemos por qué. Al final, lo que quiere nuestro cuerpo es que paremos. Por eso es tan importante cuidar tanto la mente como el cuerpo.

P: ¿Has observado en los últimos años un aumento en las consultas relacionadas con los bucles de pensamiento?

R: Sí. Lo primero, porque, gracias a que cada vez se habla más de la salud mental, las personas son capaces de decir: ‘Vale, voy a ver qué me está pasando’. Antes lo veíamos como algo normal y el problema muchas veces es que los bucles mentales no se exteriorizan, se quedan dentro. Ahora que se habla más, se entiende que no eres la única persona a la que le pasa. Es natural que las personas vengan ahora más a consulta, pero no por este tema, que siempre ha estado, sino porque ahora se verbaliza más.

P: ¿Qué sueles recomendar tú en terapia en estos casos?

R: Lo primero es que identifiquen el pensamiento, que es lo más difícil. Lo tenemos tan automático que no lo percibimos como algo que nos está haciendo daño. Yo siempre digo que, cuando tú te sientes mal, te pares a pensar qué es lo que te está pasando en ese momento. Después, que lo escribas, que ahora mismo con las tecnologías siempre tenemos el móvil en la mano y podemos hacerlo en una nota o una conversación con nosotros mismos. Al final, lo que necesitamos es soltarlo y verlo desde otro punto de vista. Cuanto tú lo evitas, te llega todavía con más fuerza.

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P: En tu libro hablas de que la hiperexigencia puede llevar a bucles de pensamiento. Teniendo en cuenta que esto es algo muy arraigado porque proviene de lo aprendido durante la infancia, ¿es posible evitar las rumiaciones relacionadas con este tema?

R: Yo en consulta trabajo mucho desde lo que viene de atrás: el apego, los traumas transgeneracionales... Si nosotros empezamos a trabajar en el origen, es mucho más fácil que disminuya la autoexigencia porque muchas veces procede de sentir que no somos suficientes, de querer demostrar a los demás lo que valemos, cuando al final la única persona que se tiene que demostrar que sí vales eres tú a ti mismo.

P: ¿Piensas que las mujeres, por la manera en la que han sido educadas, son quizá más propensas a tener creencias limitantes debido a que cuentan con una mayor autoexigencia?

R: Puede parecerlo porque las mujeres exteriorizamos más lo que pensamos, lo que sentimos... Los hombres muchas veces tienen la creencia de ‘tengo que ser fuerte’, pero realmente creo que a todos nos pasa igual. Sí que es cierto que en las generaciones anteriores sí pasaba porque también la crianza era diferente. Ahora es distinto e incluso vienen más hombres a consulta.

La incomodidad al empezar a poner límites

P: Con respecto a la dificultad para poner límites, que también es algo que tratas en tu libro, vivimos en una sociedad que potencia complacer a todo el mundo. Por ello, muchas personas se encuentran con la dificultad para establecer límites o la necesidad de justificar por qué toman una decisión. ¿Por qué sucede esto?

R: Está muy ligado al miedo al rechazo y al conflicto, a sentirnos desplazados; por eso muchas veces nos justificamos. También tiene que ver con nuestras propias necesidades porque, si yo no sé qué necesito, no te voy a poner el límite. Al final, un límite es lo que yo tolero y lo que yo no tolero; si yo no sé qué quiero tolerar, no lo puedo poner.

Cuando esto empieza a cambiar, al principio se siente una sensación incómoda porque estamos acostumbrados a no poner límites, estamos en nuestra zona de confort. Empezar a ponerlos es salir de ahí y esto produce incomodidad por ese miedo al rechazo, al conflicto y a ser desplazado. Entonces, como no estamos acostumbrados, nos justificamos para que la otra persona no se enfade. Aunque, si se enfada, eso significa que esa persona está mirando por sí misma, no por ti. Ahí tenemos que ver si ese vínculo lo tenemos que recolocar o no.

La dificultad para poner límites
La dificultad para poner límites puede producirse en entornos laborales o personales, con amigos, familiares o parejas. (Freepik)

P: Como esto genera una sensación incómoda, ¿cómo podemos empezar a poner límites? ¿Quizá tiene que cambiar algo de nuestro diálogo interno?

R: Yo siempre digo que no es lo que pasa, sino lo que tú te dices sobre lo que pasa. El diálogo interno por supuesto que influye en la manera en la que nosotros ponemos límites. Entonces, lo primero es identificar cómo nos hablamos a nosotros mismos, qué tipo de diálogo tenemos: si nos hablamos bien, si nos hablamos mal... Y, después, cuando venga esa incomodidad, acompañarla porque el problema es que el ser humano tiende a evitar todo aquello que le resulte desagradable. Sin embargo, esa incomodidad no es señal de que algo esté mal, sino al revés: es señal de que hay algo que tenemos que atravesar.

El diálogo interno influye directamente en cómo nos relacionamos porque lo que nos decimos a nosotros modula lo que estamos dispuestos a tolerar y cómo reaccionamos ante los límites. Si nuestro diálogo interno está lleno de culpa o autoexigencia, podemos postergar el límite o aceptar ciertas conductas que nos dañan, no vaya a ser que esa persona se vaya. Al final, muchas veces tendemos tanto a cuidar a los demás que nos olvidamos de cuidar de nosotros mismos.

P: ¿Qué tan importante es trabajar todos estos aspectos desde edades tempranas?

R: Yo empecé como psicóloga infantil porque lo que trabajamos en la infancia no tenemos que resolverlo de adultos. En la infancia y en la adolescencia es cuando se forma la personalidad, por lo que es cuando se forma nuestra creencia. Somos como un libro en blanco en el que van pasando situaciones y eso nos va afectando a la manera en la que somos. De hecho, tú no reaccionas desde el presente, sino desde situaciones pasadas que no has sabido resolver. Si tú ayudas a un niño a entender qué le ocurre, qué le está pasando, y lo acompañas, en el futuro va a saber acompañarse a sí mismo.

Es muy importante el apego que tengas con tu hijo. Hay que formar un vínculo seguro para que él de mayor sienta esa seguridad de que también es capaz de resolver las cosas. Sobre todo, lo más importante creo que es hablarle de emociones para que las identifique y las verbalice, ya que muchas veces lo que nos cuesta es comunicarnos. Por eso no comunicamos límites, porque no estamos acostumbrados y nos da miedo.