Descubren por qué el cáncer de ovario hace metástasis tan rápido hacia el abdomen: las células del tumor “piden ayuda” a otras para crecer

Un estudio de la Universidad de Nagoya (Japón) revela la colaboración que se produce entre las células cancerígenas y las mesoteliales

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Consulta en el ginecólogo (Shutterstock)
Consulta en el ginecólogo (Shutterstock)

Durante años, la comunidad científica se ha topado con una gran incógnita: por qué el cáncer de ovario se propaga tan rápidamente hacia el abdomen. Conocer las causas de este fenómeno podría contribuir a desarrollar nuevas líneas de tratamiento para el cáncer ginecológico que se estima que para 2026 provoque 3.767 nuevos casos en España.

Por ello, el descubrimiento de la Universidad de Nagoya (Japón) supone un avance clave para comprender por qué el cáncer de ovario hace metástasis rápidamente hacia el abdomen. El estudio ha esclarecido el mecanismo responsable de esta propagación acelerada y ha puesto de relieve la colaboración que surge entre las células cancerosas y las mesoteliales, en el que las primeras “piden ayuda” a estas últimas para crecer.

El cáncer de ovario encabeza la mortalidad entre los tumores ginecológicos, principalmente porque la mayoría de las pacientes recibe el diagnóstico cuando la enfermedad ya se ha dispersado por el abdomen. El equipo de investigadores ha comprobado que las células cancerosas no actúan solas durante la diseminación.

A partir del análisis de líquido peritoneal de mujeres afectadas, los investigadores han identificado que los tumores establecen alianzas con las células mesoteliales, que normalmente recubren la cavidad abdominal y ejercen una función protectora. Estas células son reclutadas por el propio cáncer para formar esferas híbridas, lo que supone un hallazgo inesperado en el comportamiento de la enfermedad.

El cáncer de ovario se traslada flotando por el líquido abdominal

El estudio, que ya ha sido publicado en la revista Science Advances, describe cómo las células malignas liberan la proteína TGF-β1, responsable de transformar a las mesoteliales en aliadas. Bajo este estímulo, las células mesoteliales desarrollan invadopodios, unas formaciones en forma de espiga que perforan y atraviesan el tejido. Las esferas híbridas resultantes muestran una mayor capacidad para desafiar la quimioterapia y acelerar la invasión de nuevos órganos.

A diferencia de otros cánceres, como el de mama o el de pulmón, cuyas células migran a través de los vasos sanguíneos, el cáncer de ovario evita el torrente sanguíneo y se traslada flotando por el líquido abdominal. Esta peculiaridad impide la detección precoz por análisis de sangre tradicional, ya que el fluido intraabdominal no sigue trayectorias fijas ni predecibles, dificultando el rastreo del avance tumoral.

Durante la fase de flotación, las células cancerígenas desprendidas del tumor primario navegan impulsadas por el movimiento abdominal que generan los cambios de postura y la respiración. En este entorno, captan células mesoteliales y logran formar agrupaciones. Al llegar a un órgano, estas agrupaciones (que ya han adquirido los invadopodios gracias a la transformación inducida por TGF-β1) penetran en tejidos sanos y resisten la acción de los fármacos de primera línea.

En el año 2024 se produjeron en España 433.357 defunciones, solo 194 defunciones más que el pasado año en la misma fecha, según los datos provisionales del informe 'Defunciones según la Causa de Muerte', publicado este martes por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que por segundo año consecutivo sitúa a los tumores como primera causa de muerte en 2024, con un 26,6% del total de defunciones, seguidos de las enfermedades del sistema circulatorio (26%). Fuente: Europa Press

La manipulación de las células cancerosas

El profesor Kaname Uno, investigador visitante de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nagoya y ginecólogo de formación, ha explicado en declaraciones recogidas por Medical Xpress que “las células cancerosas manipulan a las mesoteliales para que sean ellas quienes se encarguen de invadir el tejido. Apenas necesitan experimentar cambios genéticos o moleculares: simplemente migran por las aberturas que crean las células mesoteliales”.

El equipo ha comprobado estos mecanismos tanto en observaciones de laboratorio con microscopia avanzada de fluidos humanos, como en modelos de ratones y análisis genéticos a nivel celular único, resultados que refuerzan la validez del hallazgo y su potencial aplicabilidad clínica.

Las implicaciones de este descubrimiento son diversas. Los tratamientos actuales solo atacan a las células cancerosas y no dañan a las mesoteliales que colaboran en la invasión tumoral. Por tanto, el desarrollo de nuevos fármacos capaces de inhibir la señal de TGF-β1, o de impedir la formación de las agrupaciones híbridas, puede constituir una estrategia prometedora para frenar la diseminación y mejorar la supervivencia de las pacientes. Además, el seguimiento de estos clusters celulares en el líquido abdominal podría facilitar la evaluación del pronóstico y la respuesta a los tratamientos en tiempo real.