El socialista António José Seguro será el próximo presidente de Portugal tras imponerse con claridad en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, según las primeras proyecciones a pie de urna difundidas al cierre de los colegios electorales. Los sondeos le atribuyen entre un 68% y un 73% de los votos, un margen amplio que confirma la ventaja sostenida que ya apuntaban las encuestas durante la última semana de campaña. Su rival, el candidato de la derecha radical André Ventura, habría obtenido entre el 27% y el 32%, en línea con las expectativas previas.
La votación estuvo condicionada por un fuerte temporal que ha azotado el país durante la última semana y que alteró el normal desarrollo de la jornada electoral, especialmente en el interior y en la zona centro. Las intensas lluvias, las crecidas de ríos y los daños en carreteras obligaron a adoptar medidas excepcionales para garantizar el proceso democrático, en una elección marcada por la meteorología y por un clima político de fuerte polarización.
Dieciséis localidades no pudieron abrir sus colegios electorales debido a inundaciones y problemas de acceso. Cerca de 37.000 electores deberán votar el próximo domingo en una jornada extraordinaria autorizada por la Comisión Nacional de Elecciones. El peso de ese voto pendiente no alterará, según las proyecciones, el resultado final, que da una victoria holgada al candidato socialista.
En el resto del país, la votación se desarrolló con normalidad. La participación fue similar a la registrada en la primera vuelta, con una abstención estimada entre el 42% y el 48%, ligeramente superior, pese a las dificultades que todavía afrontaban algunas localidades afectadas por el temporal.
La polémica por el aplazamiento
El único candidato que cuestionó abiertamente la celebración de los comicios fue Ventura, líder de Chega, quien pidió aplazar la votación alegando que amplias zonas del país no estaban en condiciones de acudir a las urnas. La legislación portuguesa solo contempla esa posibilidad en circunstancias muy concretas y de forma localizada. Aun así, el dirigente mantuvo su mensaje cuando acudió a votar en Lisboa. “Tal vez hay muchas zonas del país que sienten que les han faltado al respeto o que son portugueses de segunda”, afirmó ante los medios, aunque reconoció que, una vez tomada la decisión por las autoridades, los ciudadanos debían acudir a votar para expresar “qué tipo de futuro quieren para el país”.
La campaña electoral estuvo profundamente marcada por las condiciones meteorológicas. Durante los últimos diez días, muchos actos al aire libre fueron cancelados y sustituidos por encuentros reducidos, visitas a mercados cubiertos, reuniones con asociaciones locales o intervenciones a través de redes sociales. Las grandes concentraciones dieron paso a una campaña menos espectacular y más cercana, con agendas improvisadas y un protagonismo creciente de los formatos digitales.
Reconstruir la confianza
En ese contexto, Seguro optó por un discurso de estabilidad y serenidad, insistiendo en la necesidad de “reconstruir la confianza” y de “cuidar la democracia en tiempos inciertos”. También se comprometió a garantizar que el Gobierno cumpla con todas las ayudas prometidas a las zonas afectadas por el temporal. Su estrategia, basada en la moderación y la unidad, conectó con un electorado cansado de la confrontación política. Frente al tono más duro de su adversario, el socialista reforzó la idea de una presidencia institucional, más árbitro que protagonista, un perfil que históricamente ha funcionado bien en las presidenciales portuguesas.
Tras votar en Caldas da Rainha, donde se encuentra su sede de campaña, recordó que los portugueses elegían “al presidente de la República para los próximos cinco años”, subrayando la importancia del momento. Durante toda la campaña insistió en un mensaje claro, pidiendo el voto “en la opción moderada para no tener que lamentarlo mañana”.
El presidente saliente, Marcelo Rebelo de Sousa, puso el acento en el valor simbólico de la jornada. “Votar se llama vencer la calamidad y rehacer el futuro”, afirmó, en un discurso con referencias históricas y apelaciones a la resiliencia colectiva. Comparó la votación con otros momentos recientes de adversidad, como la pandemia, y expresó su solidaridad con los afectados por las inundaciones. También advirtió de que el próximo presidente afrontará un mandato complejo, marcado por la reconstrucción y por la inestabilidad internacional.
El presidente de la República desempeña en Portugal un papel principalmente institucional y de arbitraje político. Es jefe del Estado y garante del funcionamiento de las instituciones democráticas, con competencias clave como promulgar o vetar leyes, nombrar al primer ministro y al Gobierno, disolver la Asamblea de la República y convocar elecciones anticipadas, además de ejercer como comandante supremo de las Fuerzas Armadas.
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