
En España, más del 60% de los matrimonios termina en separación o divorcio. Sin embargo, pese a ser una realidad estadística frecuente, cada ruptura se sigue viviendo como un terremoto personal. Por eso, Elena Martín, abogada especializada en derecho de familia, ha desarrollado el Método Pantera, un enfoque que integra el acompañamiento jurídico con el trabajo emocional. “Emocionalmente, seguimos viviendo el divorcio como un fracaso personal. No se nos ha educado para separarnos, sino para aguantar”, explica Martín en una entrevista con Infobae.
Según su experiencia, muchas personas llegan al divorcio después de años de desgaste emocional, “normalizando la tristeza, el miedo o la desconexión”. Cuando la ruptura finalmente ocurre, el sistema nervioso está en estado de alarma y “cualquier decisión, también las legales, se toma desde la urgencia o el dolor”. Para la abogada, el problema no reside en lo “traumático del divorcio en sí, sino en atravesarlo sin acompañamiento, sin estructura y sin conciencia”.
Desde su experiencia, Martín observa un patrón recurrente en las parejas que inician un proceso de separación: “La mayoría llega completamente desconectada de sí misma. Han aguantado más de lo que podían sostener, han callado necesidades básicas y han confundido amor con sacrificio”. Cuando llegan al proceso de separación, no solo están rompiendo una relación: “Están agotadas emocionalmente y llenas de culpa por no haber sabido irse antes o hacerlo mejor”.
Así, el punto de giro en su carrera llegó “cuando empecé a observar que dos personas con el mismo caso jurídico podían tener resultados radicalmente distintos. La diferencia no estaba en la ley, sino en el estado emocional desde el que tomaban decisiones”, recuerda. Para Martín, “una persona regulada, acompañada y consciente elige mejor, se protege mejor y sufre menos consecuencias a largo plazo”.
Y es que la abogada es crítica con el sistema tradicional de divorcio, centrado exclusivamente en lo jurídico. “Ignora el factor humano, trata a las personas como expedientes y olvida que están atravesando un duelo”, señala. Según Martín, el Derecho no contempla “el miedo económico, la dependencia emocional, la culpa parental o el impacto psicológico del proceso. El Derecho pone orden, pero no sostiene. Y sin sostén emocional, el conflicto se cronifica”.
“El sistema jurídico está diseñado para resolver conflictos, no para cuidar vínculos. El lenguaje legal es adversarial por naturaleza y, cuando las personas están heridas, es fácil que se identifiquen con el rol de enemigo”, explica. Sin conciencia adulta, advierte, “se pierde de vista que, aunque la pareja se rompa, la parentalidad continúa”.
El Método Pantera: ordenar lo interno antes que lo legal
El Método Pantera nace de estas observaciones. Se trata de un enfoque integral que une acompañamiento jurídico con trabajo emocional y toma de decisiones consciente. Su premisa es clara: “No se puede ordenar lo legal si antes no se ordena lo interno”. Martín acompaña a las personas para que comprendan sus emociones, regulen el miedo y recuperen criterio propio. Así, el proceso legal deja de ser una guerra y se convierte en “una herramienta para construir una nueva etapa con solidez y responsabilidad”.
Las emociones influyen mucho en las decisiones legales. “El miedo lleva a querer asegurarlo todo, la rabia a castigar y la ansiedad a decidir rápido sin pensar en las consecuencias”, explica. Muchas decisiones que luego generan años de conflicto “nacen de estados emocionales no gestionados”. Y “es muy complicado” tomar decisiones cuando se está desbordado emocionalmente. “El cerebro en estado de amenaza no piensa a largo plazo. Por eso es tan importante frenar, sostener y recuperar claridad antes de firmar acuerdos que tendrán efectos durante años”, sostiene.
En su experiencia profesional, Martín ha visto cómo el estado interno de las personas marca la diferencia: “He visto acuerdos razonables romperse por orgullo herido y procesos muy complejos resolverse cuando alguien se recoloca emocionalmente. El estado interno de una persona es uno de los factores más decisivos del resultado final”.

Los hijos: víctimas del conflicto, no de la separación
Frente a la idea extendida de que el divorcio traumatiza a los niños, Martín es contundente: “Lo que traumatiza a los niños no es la separación, sino el conflicto sostenido y la falta de adultos responsables. Los niños pueden adaptarse a dos casas, pero no a dos adultos en guerra emocional”. Y el mayor daño, según la abogada, proviene de la instrumentalización emocional: “Que los adultos los utilicen como mensajeros, confidentes o aliados. Cuando un niño siente que tiene que elegir bando, pierde seguridad y estabilidad emocional”.
Por eso, la responsabilidad de los adultos es total: “Los niños no necesitan padres perfectos, necesitan adultos conscientes. La manera en que los adultos gestionan su dolor, hablan del otro progenitor y toman decisiones marca profundamente cómo los hijos integran la ruptura”. De este modo, el cambio de perspectiva es fundamental. Cuando las personas entienden la ruptura no como una derrota, sino como una transformación del vínculo, todo cambia. “Se deja de buscar culpables y se empieza a buscar acuerdos. Termina la pareja, pero puede transformarse el vínculo en algo funcional, especialmente cuando hay hijos”, sentencia.
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