Cuando los barrios se transforman en escaparates para turistas: “En Madrid se aplaude la llegada de fondos de inversión”

El adiós de la librería Tipos Infames, obligada a cerrar por la subida del alquiler, ilustra el impacto de la gentrificación y la pérdida del tejido vecinal en Malasaña. Los que resisten alertan del deterioro del barrio

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Tipos Infames cierra a mediados
Tipos Infames cierra a mediados de febrero. (Vía www.tiposinfames.com)

El cierre de la mítica librería Tipos Infames, en el barrio madrileño de Malasaña, sintetiza la transformación que afecta desde hace ya años al centro de la capital. El tejido social que durante décadas ha dado identidad a las calles del centro se resquebraja ante el avance de la gentrificación, una dinámica que expulsa a los vecinos a otras zonas de la ciudad y su lugar lo ocupan turistas o residentes con mayor capacidad adquisitiva. Los comercios tradicionales ceden paso a negocios enfocados al turismo y alquileres inasumibles, transformando el entorno y la manera en la que los barrios se relacionan.

“Cada vez son más los vecinos que nos cuentan que su edificio ha sido adquirido por un fondo buitre y que les presionan para echarles y convertir los pisos en viviendas turísticas, lo que tiene enormes consecuencias. Son personas a quienes se les trunca la vida, que llevan muchos años viviendo en el barrio y no tienen otro lugar a donde ir”, explica a Infobae Maribel Pizarroso, presidenta de la asociación vecinal Maravillas en Malasaña.

La activista, que lleva residiendo en este barrio toda su vida, asegura que el cierre de la librería Tipos Infames —previsto para mediados de febrero tras 15 años abierta— es solo una muestra más de la gentrificación que afecta a Malasaña, pues cada día observa cómo van desapareciendo comercios tradicionales, como fruterías o herbolarios, y se multiplican las cafeterías de especialidad o bares “donde te cobran 4 euros por una caña”. “La subida de precios en productos y servicios golpea especialmente a la población obrera y hace cada vez más difícil la vida cotidiana en el barrio”, asegura.

Problemas de limpieza y vandalismo

La activista también advierte de que la gentrificación y el turismo masivo no solo están provocando la expulsión de los vecinos en Malasaña, sino que también agravan los problemas de limpieza y aceleran el deterioro de edificios y calles.

Basura acumulada en una calle
Basura acumulada en una calle de Malasaña. (Asociación vecinal Maravillas)

“El barrio se llena muchas veces de basura porque los turistas no respetan las normas de la comunidad de vecinos y dejan las bolsas en la calle durante un par de días, hasta que pasa el camión de recogida. Además, las fiestas son frecuentes e incluso mean en el ascensor, por lo que los edificios se van deteriorando rápidamente”, critica. También proliferan las tiendas 24 horas que venden alcohol fuera del horario permitido, lo que “provoca conflictos y peleas en el barrio”.

Además, a pesar del notable aumento de población que ha habido en Malasaña en los últimos años, la asociación asegura que los servicios públicos como la sanidad “no han mejorado” y el barrio sigue contando con los mismos centros de salud, lo que colapsa la atención.

Imagen de una tienda 24
Imagen de una tienda 24 horas en Malasaña. (Asociación vecinal Maravillas)

“No hay políticas para frenar la gentrificación”

En el caso concreto de Madrid, la gentrificación y el turismo afectan a toda la almendra central, es decir, al núcleo urbano comprendido dentro de la M-30, donde se encuentran los barrios más antiguos y emblemáticos como Malasaña, Chueca, Lavapiés, Sol, La Latina, Chamberí, Salamanca y Retiro. Cuanto mayor es la inserción de una ciudad en un circuito económico y financiero, más se nota la presión sobre los barrios, advierte Álvaro Ardura, profesor de urbanismo en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, quien advierte que ni el Ayuntamiento de Madrid ni la Comunidad han implantado políticas que protejan a los vecinos, sino “todo lo contrario”.

“Las administraciones no han desarrollado políticas de vivienda que protejan a los residentes ni han impuesto límites estrictos a las viviendas turísticas. Es más, se aplaude la llegada de todo tipo de fondos de inversión que invierten en ladrillo e incluso se hace promoción de Madrid en Miami para atraer inversores y élites latinoamericanas”, señala el experto en urbanismo, en referencia al viaje que el pasado mes de junio realizó la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, a la ciudad estadounidense, donde promocionó Madrid como destino universitario y foco de inversión.

Ardura también destaca que la gentrificación deja huellas difíciles de borrar, porque cuando una familia se ve forzada a marcharse, reconstruir su vida en el barrio de origen resulta casi imposible, especialmente si tiene hijos. Los cambios de colegio, las nuevas rutinas y la adaptación a otro entorno consolidan el desplazamiento y hacen que volver rara vez sea una opción real.

Mientras tanto, con el cierre de Tipos Infames, son muchos los vecinos de Malasaña que se preguntan qué comercio será el próximo en desaparecer, pues cada persiana que baja supone una nueva pérdida para la identidad y la memoria colectiva del barrio. El reto, para quienes aún resisten, es mantener viva la esencia de un barrio que durante décadas ha sido sinónimo de diversidad, cultura y convivencia.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado la aprobación de un Real Decreto Ley con tres medidas 'urgentes y contundentes' para regular el mercado del alquiler.

Medidas estatales

Este contexto de transformación y desplazamiento coincide con el anuncio reciente de nuevas medidas por parte del Gobierno central destinadas a “frenar la especulación inmobiliaria y proteger a los inquilinos”, entre ellas la bonificación del 100% en el IRPF para los propietarios que mantengan los precios del alquiler. Sin embargo, la propuesta ha recibido críticas tanto de Sumar, socio en la coalición de gobierno, como del Sindicato de Inquilinas, que la consideran insuficiente y la califican como “un premio a los rentistas” que no resolverá el problema de fondo.

A esto se suma que la gestión y aplicación de las políticas de vivienda recae en las comunidades autónomas y, en el caso de Madrid, la administración regional ha rechazado aplicar medidas de la actual Ley de Vivienda estatal, como la declaración de zonas tensionadas para limitar alquileres.