La aldea europea en la que viven con 150 euros al mes: una apuesta por la autogestión y varios desafíos legales

François Fleury, el primer habitante, llegó en 1990 y estuvo viviendo solo hasta 2016

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La aldea donde viven con
La aldea donde viven con 150 euros al mes (Gian Ehrenzeller/Keystone vía AP)

En la tranquila región de Corrèze (Francia), una pequeña aldea de cabañas rompe con la lógica del consumo y la vida convencional. Allí, François Fleury, un hombre de unos sesenta años, demuestra que es posible subsistir con apenas 150 euros al mes, gestionando cada recurso con ingenio. El poblado, enclavado en los bosques de Chasteaux, desafía el modelo tradicional de vivienda y sueña con llegar a construir otra sociedad a largo plazo.

Fleury, antiguo organizador comunitario, compró su primera parcela en 1990 y, tras una experiencia en comunidades españolas, decidió recrear un entorno donde la autogestión y la convivencia fueran la norma. Durante años vivió solo, pero desde 2016 la aldea recibe a personas en busca de un refugio social y material lejos del consumo y la violencia urbana. La comunidad se organiza en torno a la idea de proteger, albergar y convivir de manera respetuosa con la naturaleza.

Lejos de teléfonos y pantallas, el día a día discurre entre tareas prácticas y el diálogo constante. Según relata Le Berry Républicain, quienes llegan lo hacen por recomendación y permanecen el tiempo que desean, integrándose en una convivencia basada en la autogestión.

Cómo funciona la vida cotidiana con 150 euros al mes

Las cabañas de Chasteaux, inspiradas en yurtas, se construyeron con materiales locales como paja, tierra y bambú, sin suelos ni permisos legales. Cada estructura busca ser ligera y armónica con el entorno, y los recursos se aprovechan al máximo. El agua procede de un manantial cercano y la electricidad de paneles solares, lo que elimina la necesidad de herramientas eléctricas convencionales.

Los precios de la vivienda en España no han dejado de aumentar en los últimos años en las principales ciudades. Sin embargo, si cambiamos la ubicación por la España vaciada, la cosa cambia

El uso racional del agua es norma: la ducha comunitaria emplea solo seis litros, combinando agua hervida y fría. Los alimentos provienen tanto del huerto como de la colaboración entre vecinos. En los invernaderos crecen aguacates, limones y granadas, mientras un pequeño estanque alberga peces alimentados con avena. François hornea su propio pan y comparte comidas.

La vida aquí implica renuncias: no hay seguro médico, y la herencia familiar cubre gastos mínimos. La radio es el único canal de información global. Todo se comparte y se decide en diálogo, priorizando el bienestar común y la adaptación mutua.

Obstáculos legales

La aldea existe al margen de la ley urbanística. En 2024, el ayuntamiento solicitó la demolición, argumentando obras no autorizadas y riesgo urbanístico. Sin embargo, el tribunal absolvió a Fleury por prescripción de los cargos. Él mismo reconoce que el acceso es difícil para servicios de emergencia, pero insiste en que la comunidad no exige ayuda al municipio.

La aldea se enfrenta a
La aldea se enfrenta a obstáculos legales. (Adobe Stock)

La relación con los vecinos es cordial: se comparten tareas agrícolas, se prestan espacios y se colabora en emergencias. Fleury relata que, salvo los funcionarios, nunca ha recibido críticas de la gente local. “Siempre he apoyado los proyectos de otros”, comenta. Incluso tras el incendio que destruyó su cabaña, la comunidad decidió seguir adelante, fiel a su modelo de vida. En Chasteaux, la utopía se construye día a día, sosteniéndose en el presente, con pocos recursos y muchas ganas de inventar otra manera de habitar la naturaleza sin necesidad de dinero.