Silvia Severino, psicóloga: “Si tu mente no se apaga nunca, no es que seas débil. Nunca te han enseñado a descansar por dentro”

En una sociedad obsesionada con el rendimiento constante, la experta alerta del agotamiento invisible que se normaliza cuando parar parece una pérdida de tiempo

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En un contexto de hiperproductividad,
En un contexto de hiperproductividad, es frecuente aplazar, acortar o eliminar el cansancio de las rutinas diarias. (Freepik)

En la actualidad, nuestro valor personal ha pasado a medirse en función de la productividad. En este contexto en el que lo que hacemos define lo que somos, el descanso se convierte casi en un pecado: entendido como fallo, como pérdida de tiempo o como signo de no estar a la altura de lo que exige la sociedad, se aplaza, se acorta o incluso se elimina de las rutinas diarias.

Así, en una cultura marcada por la hiperproductividad y el rendimiento permanente, la pausa resulta incómoda. Las jornadas se alargan, el tiempo libre se coloniza con tareas pendientes y la mente permanece en alerta incluso cuando el cuerpo se detiene. Dormir mal, pensar sin descanso, sentirse culpable por no estar “aprovechando” cada minuto son algunos de los efectos secundarios de esta dinámica; signos que se normalizan o que incluso se ignoran.

El resultado es un cansancio generalizado que ya no distingue edades ni profesiones. Un agotamiento que no siempre se manifiesta como sueño, sino como ruido interno constante, dificultad para desconectar y una sensación persistente de estar llegando tarde a todo.

Tomarse un descanso o abandonar
Tomarse un descanso o abandonar aquello que nos consume puede percibirse como un fracaso, lo que genera culpa. (Freepik)

En este contexto, las palabras de la psicóloga Silvia Severino ponen el foco no tanto en lo que hacemos, sino en lo que nunca aprendimos a hacer. “Si tu mente no se apaga nunca, no es que seas débil. Es porque nunca te enseñaron a descansar por dentro”, explica en uno de sus vídeos de TikTok (@silviaseverinopsico).

Cuando el descanso se percibe como pérdida de tiempo

La experta apunta a una idea profundamente arraigada: la de que el agotamiento mental es un fallo individual, una carencia de voluntad o de fortaleza. Sin embargo, Severino desplaza la culpa del individuo al aprendizaje colectivo: no se trata de no poder, sino de no saber.

Ese desconocimiento tiene consecuencias visibles. “Estás cansado y no sabes cómo parar”, afirma la psicóloga, describiendo una experiencia cada vez más común. La imposibilidad de detenerse no siempre se traduce en inmovilidad; al contrario, muchas veces empuja a seguir haciendo. “Te distraes, sigues y solo produces”, señala, en referencia a esa huida hacia adelante que convierte la actividad constante en una especie de anestesia.

Sin embargo, esa vorágine de producción no silencia el malestar. “El ruido interno sigue aquí”, advierte Severino. Y ese ruido adopta muchas formas: pensamientos repetitivos, ansiedad difusa, sensación de amenaza permanente... No desaparece con más tareas ni con más estímulos, sino que persiste porque no se aborda desde el lugar adecuado.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Para la psicóloga, el problema no está en la cantidad de pensamientos, sino en el estado desde el que se generan. “No necesitas pensar menos, necesitas un espacio donde tu cuerpo aprenda que está a salvo”, subraya. De lo contrario, la mente permanecerá en guardia, incluso cuando no hay un peligro real.

Este aprendizaje, sin embargo, no suele ser fácil. La manera en la que nos hemos adaptado a esta nueva dinámica provoca que intentar salir del bucle de productividad, culpa y cansancio por falta de descanso se convierta en una tarea complicada. La clave, por tanto, se encuentra en entrenar la capacidad para tomarse espacios de pausa.

“Cuando practicas poco a poco, tu respiración cambia, tu cuerpo baja la guardia y tu mente deja de gritar”, explica Severino. Así, no se trata de intentar eliminar el estrés de golpe (algo complicado o incluso imposible), sino modificar la manera en la que nos relacionamos con él. “El bienestar no es un concepto, es un hábito interno que se entrena”, una propuesta difícil de llevar a cabo en una sociedad obsesionada con los resultados rápidos y la producción por encima del cuidado personal.