
Pedir una caña en España y que te sirvan una tapa es algo muy común, y que rara vez se cuestiona. Para los que hemos crecido aquí, forma parte de nuestra identidad cultural: tomar una bebida y algo de comer en un bar van de la mano. Sin embargo, fuera de España esta costumbre es inexistente y suele sorprender a quienes visitan nuestro país.
Lo curioso de la tapa es que no tiene que ver con la amabilidad u hospitalidad de los hosteleros. Su nacimiento fue mucho más simple e incluso anecdótico. En un vídeo publicado por @notdumas en Instagram, un creador de contenido almeriense se atreve a lanzar una de las teorías más populares: la tapa nació como una costumbre práctica, una solución a un problema de lo más cotidianos en las tabernas de la época: el calor, los insectos y el viento.
En el sur de España, la tapa evolucionó y lo que empezó como un gesto funcional se ha convertido en una tradición muy arraigada en la cultura.
La tapa consistía en tapar el vaso
En las antiguas tabernas, el vino se solía servir en vasos anchos, lo que facilitaba la entrada de insectos, polvo o arena. Para evitarlo, los taberneros comenzaron a colocar una rebanada de pan o un plato sobre el vaso. Así que, literalmente, lo usaban para taparlo.

Con el tiempo se empezó a acompañar de un poco de jamón, un trozo de queso o algo de aperitivo. El gesto que era para proteger la bebida, comenzó a asociarse con el comer algo mientras bebías. Así nació el término tapa, no como un concepto gastronómico sino como palabra que describía una acción.
Reyes, vino y pan
Otras teorías de como se consolidó esta costumbre tienen como protagonistas a Alfonso X el Sabio y a Alfonso XIII. La primera sitúa el origen de la tapa en el siglo XIII, con Alfonso X el Sabio. Según esta versión, el rey ordenó que el vino se sirviera siempre acompañado de comida para evitar los efectos del alcohol, siguiendo una supuesta recomendación médica.
La segunda historia nos llevaría a Cádiz y al reinado de Alfonso XIII. Durante una visita, el rey pidió una copa de vino en un día de viento. El mesonero, para evitar que la arena entrara en la bebida, colocó una loncha de jamón sobre la copa. Al monarca le gustó tanto la idea que pidió la siguiente bebida “con tapa”, popularizando así el término.
En lugares como Andalucía, tapa ha dejado de ser un simple acompañamiento para convertirse en la principal elección gastronómica y en una seña de identidad propia. “Originariamente las tapas nunca se han pagado, sino que venían gratis con la bebida para taparla y no se solía pagar más de 2,50 por ella”. En algunas ciudades del sur, la tapa sigue siendo gratuita y va incluida con la bebida, permitiéndote cenar sin pedir ni un solo plato.
Y es que, ir de tapas no es ir a saciar el hambre. Sobre todo en provincias como Almería o Granada, tapear es una especie de ritual, consiste en relacionarse, encontrarse con quienes queremos pasar un rato a gusto, intercambiando ideas, disfrutando de momentos y del placer de comer.
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