
Independizarse antes de los 30 años sigue siendo un privilegio en buena parte de Europa, y especialmente en los países del Mediterráneo. Mientras el acceso a la vivienda ya se ha convertido en uno de los principales retos para la juventud, los datos de Eurostat confirman que la emancipación de las nuevas generaciones avanza a un ritmo lento y profundamente desigual dentro de la Unión Europea.
En 2024, los jóvenes europeos abandonaron el hogar familiar a los 26,2 años de media, una cifra que apenas se ha movido en más de dos décadas y que esconde realidades mucho más duras en países como España, Italia o Grecia.
Detrás de esa media comunitaria se entrevé una Europa partida en dos: en los países del norte la salida del hogar parental se produce poco después de cumplir los 20, pero en buena parte del sur y del este del continente la emancipación no llega hasta bien entrada la treintena.
España forma parte de ese grupo. Los jóvenes españoles se independizan de media a los 30 años, una edad que sitúa al país entre los Estados miembros donde más tarde se deja la casa familiar, junto a Italia y Grecia, y solo por detrás de Croacia y Eslovaquia.
El Mediterráneo, a la cola de la emancipación juvenil
Según la Oficina Estadística de la UE, los países con las edades medias de emancipación más elevadas en 2024 fueron Croacia (31,3 años), Eslovaquia (30,9), Grecia (30,7), Italia (30,1) y España (30,0). Todos ellos superan considerablemente la media comunitaria y dibujan un patrón geográfico muy definido en el sur y el este de Europa.
En el extremo opuesto se sitúan los países nórdicos y bálticos. Finlandia (21,4 años), Dinamarca (21,7) y Suecia (21,9) presentan las edades más bajas de emancipación, todas ellas por debajo de los 22 años, a las que se suma Estonia (22,4). Eurostat señala que estas diferencias entre los países situados en ambos extremos del mapa tienden a mantenerse estables en el tiempo, lo que apunta a prácticas distintas de convivencia entre generaciones dentro de la UE.
Vivir con tus padres después de los 25
El retraso en la emancipación se refleja también en la elevada proporción de jóvenes que siguen vinculados económicamente a la familia. En países como España, Italia, Grecia, Croacia, Eslovaquia, Polonia o Irlanda, más del 80% de los jóvenes de entre 16 y 29 años viven con sus padres o contribuyen o se benefician del ingreso del hogar.
El patrón se mantiene incluso entre los grupos de mayor edad. En estos países, más del 60% de los jóvenes de 25 a 29 años continúa residiendo en el hogar familiar (el 59,2% en el caso de Irlanda).
En contraste, en Dinamarca, Finlandia y Suecia, menos del 40% de los jóvenes de 20 a 24 años vive con sus padres y, entre los 25 y 29 años, las cifras caen a mínimos en la UE: 4,3% en Dinamarca, 6,4% en Finlandia y 12,1% en Suecia.
El hacinamiento, la otra cara de no poder independizarse
Permanecer más tiempo en casa de los padres no garantiza necesariamente mejores condiciones de vivienda. En 2024, el 26,5% de los jóvenes europeos de entre 15 y 29 años vivía en hogares hacinados, una proporción 9,6 puntos superior a la del conjunto de la población (16,9%).
Las diferencias entre países son notables. En Rumanía, el 58,3% de los jóvenes reside en viviendas hacinadas, una situación que también afecta a más de la mitad de los jóvenes en Letonia y Bulgaria. En el sur de Europa, Italia, Grecia, Croacia, Polonia y Eslovaquia registran tasas superiores a un tercio de la población joven.
La Oficina Estadística de la Unión Europea destaca que, en la mayoría de los países, el hacinamiento disminuye con la edad, aunque en aquellos donde las tasas son más elevadas, el grupo de 15 a 19 años es el más afectado. En cambio, en países como Dinamarca, Finlandia, Suecia y Países Bajos, el hacinamiento alcanza su máximo entre los 20 y 24 años, coincidiendo con las primeras etapas de la emancipación.
Grecia, la excepción dentro del sur
Grecia destaca como un caso singular dentro del sur de Europa. Aunque los jóvenes griegos abandonan el hogar familiar a una edad avanzada, cuando acceden a una vivienda propia el esfuerzo económico sigue siendo muy elevado. De hecho, Grecia registra una de las tasas más altas de jóvenes que destinan más del 40% de sus ingresos a pagar la vivienda en toda la Unión Europea.
España e Italia, en cambio, combinan emancipación tardía con una menor presión directa del coste de la vivienda, pero con elevados niveles de convivencia prolongada y hacinamiento.
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