
En una localidad apartada del municipio de Caprese Michelangelo, en la provincia italiana de Arezzo, dos hermanos vivían aislados de la sociedad. Sus padres, miembros de una secta llamada “Noi è, io sono” (nosotros somos, yo soy), nunca les llevaron a una escuela, ni al pediatra o médico de cabecera, ni los presentaron a los exámenes requeridos legalmente para los niños educados en casa, y no tenían siquiera un historial de vacunación. La interacción con el mundo de los dos niños, uno de nueve años y el otro de cuatro, se limitaba a lo que sus padres permitiesen, y su día a día transcurría en una vivienda aislada en el paisaje rural y siguiendo estrictamente las normas de la secta, que rechaza la autoridad de cualquier organismo oficial.
Los padres, Harald - un “personaje peculiar” (según la alcaldesa de Caprese, Maria Brogialdi) y originario de Bolzano - y Nadia, de nacionalidad bielorrusa, habían abandonado años antes la ciudad de Brunico para instalarse en esa zona remota de Caprese Michelangelo. Su mudanza llegó con su integración en la secta y, de acuerdo con lo publicado en Corriere Della Sera, por mantener su situación familiar lejos de los ojos de la justicia.
El aislamiento de la familia por miedo a enfrentarse a la justicia
Harald y Nadia habían decidido un par de años antes marcharse de Brunico para mudarse a La Creta, un pequeño pueblo cercano al arroyo Singerna. La vivienda, una casa rural reformada con una valla de madera y sistema de videovigilancia, se convirtió en el refugio donde la familia vivió durante años de espaldas al resto de la sociedad, como el Capitán Fantástico; y, sobre todo, de la justicia. O eso creían.
Todo cambió el 16 de octubre. Aquella mañana, una decena de carabineros de la sección de Sansepolcro, acompañados por trabajadores sociales de la Unión de Municipios del Valle del Tíber, llegaron a la vivienda rural para ejecutar una orden de alejamiento dictada por el tribunal de menores de Florencia. Las cámaras de vigilancia instaladas alrededor de la parcela registraron la secuencia completa.

Los agentes iban equipados con material antidisturbios por miedo a una reacción violenta de los padres a la intervención policial, y el primer contacto oficial arrancó con el intento de notificar la medida judicial. Harald y Bianca rechazaron firmar el documento y no permitieron que los carabineros se lo leyeran. Harald se anticipó advirtiendo a su hijo mayor por walkie-talkie: “Prepárense para reaccionar”, dijo al niños, mientras advertían a los agentes de que no reconocían su autoridad: “Esta casa es zona extraterritorial, esto no es Italia, no pueden entrar, estamos protegidos por Rusia y Bielorrusia”.
El ambiente se volvió tenso y, con la preocupación creciente sobre una posible escalada, los carabineros y asistentes sociales optaron por acceder a la vivienda, algunos por la verja principal y otros rodeando por el bosque. Las grabaciones muestran gritos en el interior y la imagen de uno de los niños siendo cargado fuera de la casa. Según fuentes próximas a la investigación, el hermano mayor salió sin protestar, mientras que el pequeño sí gritó durante la intervención y sus voces quedaron grabadas en el sistema de seguridad.
Los dos menores se encuentran ya en una comunidad protegida
Tras los hechos de ese día, el tribunal de menores ordenó que los dos hermanos fueran trasladados a una comunidad protegida, donde su madre podrá acudir siempre que quiera visitarles. Entre los motivos de la decisión judicial figuran el aislamiento de los menores, la ausencia de controles médicos y la falta de escolarización.
Tras la medida, los padres presentaron un recurso especial firmado con sangre, una costumbre habitual entre los miembros de la secta. “Firmar con una huella de sangre forma parte del modo de actuar de los adeptos de ‘Noi è, io sono’, rama italiana del grupo estadounidense ‘One People’”, indican fuentes cercanas, recordando que existen precedentes de recursos legales firmados con una huella ensangrentada. Dentro del grupo, también se han observado actitudes de rechazo a la autoridad como la negativa a pagar facturas y peajes, o el uso de documentos de identidad propios llamados “Pases Universales”.
La alcaldesa de Caprese, Marilda Brogialdi, también presidenta de la Unión de Municipios con sede en Sansepolcro, confirmó que estaba informada de la realidad de la familia y de la intervención conjunta de asistentes sociales y carabineros: “Pero no tuve nada que ver con el asunto. Solo vi al padre una vez; era una persona peculiar”. Por el momento, los menores permanecen bajo protección judicial en el centro designado, a la espera de que avance el procedimiento abierto por las autoridades.
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