
El 2025 ha sido un año decisivo para Jordi González. Tras cinco meses apartado del foco mediático, el presentador se vio envuelto en un episodio que puso en juego su vida. Un grave incidente en Colombia lo mantuvo tres semanas en coma y obligó a su cuerpo a una larga recuperación, incluyendo una traqueotomía y un aprendizaje casi desde cero para recuperar la voz. Aquella experiencia cambió por completo su perspectiva: hoy, más que nunca, entiende que la vida es efímera y que el tiempo debe invertirse en lo realmente importante.
Con esta nueva mirada, González ha decidido poner fin a su trayectoria en televisión con Col·lapse, en TV3, donde ejerce como presentador y director. En una entrevista reciente con Diari Ara, confesó: “Llegó la propuesta de TV3 con un programa con reputación, audiencia, solvente, en Cataluña y en catalán. Además, no solo presento, sino que también soy director. Es una manera muy satisfactoria de acabar una carrera”. Su decisión es firme y meditada: no habrá nuevos proyectos televisivos después de este cierre. “Es mi epílogo, seguro. Lo podemos escribir ante notario. Puede durar tres meses o tres años, pero no haré otro programa más”, aseguró con determinación.

La historia profesional de Jordi González se remonta a su adolescencia en Barcelona. Nacido el 26 de septiembre de 1962 en el barrio de El Guinardó, combinó sus estudios de Ciencias de la Información con Filosofía, aunque desde joven sintió la llamada de la comunicación. A los 17 años comenzó en Radio Popular de Reus y, un año después, se incorporó a la Cadena SER, dando los primeros pasos de una carrera que lo llevaría a ser uno de los rostros más reconocibles de la televisión española.
En Radio Barcelona, González presentó y dirigió espacios como La Radio al Sol, Brigada 8-2-8, Fórmula Tarde y el concurso Doble o Nada, consolidando su versatilidad en distintos formatos y estilos. Su talento para conectar con la audiencia lo llevó a trabajar también en Catalunya Ràdio, Ràdio 4, Radio 1 y RAC1, dejando su sello en la radio catalana y nacional.
Su salto a la pequeña pantalla se produjo a los 26 años, en 1988, con La Palmera en TVE Cataluña. Aquel fue el inicio de un recorrido televisivo extenso, marcado por la versatilidad y la capacidad de adaptarse a distintos géneros. Tras sustituir a Isabel Gemio en 3×4 en TVE 1, volvió con La Palmera, ahora a nivel nacional, y más tarde comenzó su etapa en cadenas privadas.

Antena 3 lo fichó en 1993 para El turista habitual, y Canal Sur confió en él para conducir Todo tiene arreglo entre 1994 y 1996, programa que le valió un Premio Ondas. En 1996, su llegada a TV3 con Això no és tot y el exitoso late show Les 1000 i una marcó el inicio de un vínculo constante con la televisión autonómica catalana, que alternaría con proyectos nacionales a lo largo de su carrera.
El gran salto llegó en 1997, cuando Telecinco lo incorporó para sustituir a Javier Sardà en Moros y Cristianos. Un especial del programa lo llevó al Libro Guinness de los Récords por un maratón de 24 horas de emisión. Desde entonces, González se convirtió en una pieza clave de la cadena durante más de 25 años, conduciendo programas de debate, reality shows y espacios de entretenimiento.
Entre 1998 y 2000 combinó su regreso a TV3 con colaboraciones en Telemadrid y otros proyectos, antes de incorporarse nuevamente a Telecinco. Su versatilidad le permitió liderar desde programas de investigación como REC, hasta reality shows como La casa de tu vida o debates de Gran Hermano. Su habilidad para conectar con los concursantes y la audiencia lo convirtió en un referente en los debates de realitys, manteniéndose vigente década tras década.
Además, antes de su actual programa en la televisión catalana, se consolidó en el mundo del corazón en RTVE. El presentador fue el conductor de Lazos de Sangre y hasta hace unos meses también de D Corazón junto a Anne Igartiburu.

Premios y reconocimientos
A lo largo de su carrera, González ha recibido múltiples distinciones por su profesionalidad y trayectoria. Entre ellos destacan el Premio Ondas en 1986 y 1995, el Micrófono de Oro en 2008 y el Premio Protagonistas en 2010 y 2011. Unos galardones que reconocen tanto su talento como su capacidad para adaptarse a distintos formatos y mantener una relación cercana con la audiencia.
Ahora, tras el grave incidente en Colombia, Jordi se enfrenta a un nuevo capítulo, lejos del ritmo televisivo que lo ha acompañado durante décadas. Esta experiencia ha transformado su manera de entender el tiempo y las prioridades. Ya no busca la notoriedad ni acumular proyectos; su enfoque está en disfrutar de la vida, viajar, aprender inglés y dedicarse a la cocina, aficiones que había postergado durante años. “Tengo dinero y no tengo hijos”, afirmó a Diari Ara.
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