
Comer en un restaurante con estrella Michelin implica algo más que sentarse a la mesa y disfrutar de un plato bien elaborado. La experiencia se construye desde que el cliente entra por la puerta hasta que se sirve el último plato, y cada detalle está pensado para que todo funcione con precisión. Por eso, el chef Andrés Torres ha explicado en un vídeo difundido en redes sociales cuáles son las acciones que conviene evitar en este tipo de establecimientos. Su intención no es marcar una lista rígida, sino aclarar por qué ciertas conductas pueden romper la dinámica de la sala y de la cocina.
La primera recomendación tiene que ver con algo que muchos comensales hacen sin pensar: levantarse al baño sin avisar. En un restaurante de alta cocina, los platos no se improvisan, sino que se sirven siguiendo un ritmo exacto, porque cada preparación está diseñada para llegar al cliente a tiempo. Si alguien se ausenta en medio del servicio sin avisar, la cocina puede tener ya el plato montado, lo que obliga al equipo a frenar una cadena de trabajo muy ajustada. Avisar no es una formalidad, sino una forma de permitir que la sala adapte el ritmo para preservar el plato y evitar que se enfríe o pierda textura.
Otra acción habitual que no encaja en estos espacios es pedir sal. Torres explica que, en los menús degustación, los cocineros ajustan cada elaboración para que tenga un balance propio. La sal, como cualquier condimento añadido de forma externa, altera ese equilibrio. No se trata de prohibirla por norma, sino de entender que, si se pide, el plato deja de representar exactamente lo que el chef quiso transmitir.
La bebida que acompaña el plato
El chef también menciona por qué no se aconseja pedir un refresco. En los restaurantes con estrella Michelin, la bebida acompaña al menú. Normalmente, los camareros proponen una botella de vino o un maridaje que acompaña a los sabores del menú. Un refresco no suele estar pensado para ello. Aun así, los restaurantes atienden peticiones especiales si están relacionadas con preferencias personales, salud o incompatibilidad.

Otra cuestión relevante es la de compartir platos, algo muy común en restaurantes informales, pero menos adecuado en alta cocina. “Cada uno debe disfrutar su propio plato”, señala Torres. Los menús degustación están concebidos como una secuencia individual. Al compartir, el plato pierde su intención culinaria, distorsionando la experiencia.
El chef añade un punto que suele sorprender a quienes visitan por primera vez un restaurante de este tipo: no mezclar todos los elementos del plato. Los sabores están pensados para combinarse en un orden o en una proporción determinada. Mezclarlo todo puede ocultar matices, romper texturas y hacer que el plato pierda su sentido original. No es una regla estricta, pero sí una invitación a comprender la lógica con la que se crea cada elaboración.
Según Andrés Torres, estas pautas no buscan hacer que la alta gastronomía sea inaccesible. Al contrario, sirven para que el cliente pueda disfrutar plenamente del trabajo que hay detrás de cada plato y para que la coordinación del servicio funcione.
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