
Todos los relojes digitales de los españoles se han atrasado una hora esta madrugada. Por su parte, los analógicos están pendientes de que sus respectivos dueños combatan la pereza y ajusten sus manecillas: un acto que es posible que, nunca mejor dicho, tenga sus horas contadas. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reabierto el debate tras declarar que esta medida “ya no tiene sentido” y afirmar que propondrá a la Unión Europea acabar definitivamente con el cambio de hora en 2026.
El Gobierno plantea el cese del cambio horario acogiéndose al respaldo mayoritario de los ciudadanos españoles y europeos, la ausencia de un ahorro energético sustancial (la eliminación solo supondría un sobrecoste de 4,85 euros por persona en consumo eléctrico) y, sobre todo, los efectos nocivos para la salud.
Los primeros en festejar esta propuesta fueron los profesionales de la Sociedad Española del Sueño (SES), asegurando que el cambio de hora “desequilibra el reloj interno” y provoca “irritabilidad, falta de concentración, bajo rendimiento laboral e insomnio”. Por ello, desde la SES piden “que este sea el último cambio horario”, lo que pondría fin a esta medida instaurada en toda la UE desde 1981.
Durante años, la comunidad científica lleva alertando sobre el efecto del cambio horario en el sueño y sobre cómo está empeorando la calidad de este en nuestro país. En una entrevista con Infobae España, el doctor Carlos Egea, presidente de la Federación Española de Sociedades de Medicina del Sueño, aseveró que más del 60% de los españoles duermen una media de seis horas al día entre semana. Además, “cada noche, cinco millones de personas toman una pastilla para dormir”. Esto coloca a España como el país que más ansiolíticos consume en todo el mundo (muy por delante del segundo, Alemania).
Otras implicaciones para la salud
Más de cuatro décadas después de la implantación de la medida, la literatura científica ha dejado tras de sí varios estudios que han puesto el foco en su impacto en la salud. Una de las investigaciones más relevantes fue realizada por la Universidad de Colorado en 2014 con el apoyo de la Fundación Americana del Corazón, que observó un aumento de hasta un 24% de infartos agudos de miocardios al lunes siguiente del cambio al horario de verano.
Otro estudio liderado por la misma universidad junto con el Fred Hutchinson Cancer Research Center, publicado en 2020 en la revista Current Biology, demostró a su vez que el cambio al horario de verano incrementaba el riesgo de accidentes de tráfico y sus muertes asociadas en un 6% durante la semana posterior a la transición.
Este mismo año, una investigación de la Universidad John Moores de Liverpool y la Universidad de Oxford reveló que las mujeres eran quienes más sufrían esta modificación horaria, acusando mayor estrés y confusión. Según los investigadores, las alteraciones en las rutinas de los niños, especialmente al momento de acostarse, podrían enfatizar esa angustia en los hogares.

El pasado mes de septiembre, la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford realizó otro estudio en el que, tras comparar tres modelos horarios (horario estándar permanente, horario de verano permanente y el cambio de hora europeo), demostró que las alteraciones horarias aumentaban la tasa de ictus y de obesidad. Los resultados de la investigación aseguraron que la eliminación del cambio de hora podría prevenir cerca de 300.000 accidentes cerebrovasculares al año y reducir la obesidad en 2,6 millones de personas.
¿Horario de invierno o de verano?
Ante la evidencia científica de que el cambio de hora trastoca nuestra salud y nuestro ritmo circadiano, la siguiente pregunta no podría ser otra que plantearse cuál sería la mejor: ¿verano o invierno? Si rescatamos los estudios anteriormente mencionados, sus conclusiones muestran que el efecto para la salud del horario de invierno es más beneficioso.
Los profesionales de la SES abogan por mantener el horario de invierno (GTM+1), ya que este “promueve un ritmo biológico más estable que el de verano”, lo que contribuye a mejorar el rendimiento intelectual y disminuir la aparición de enfermedades cardiovasculares, obesidad, insomnio o depresión, entre otras afecciones.
De esta manera, el horario de invierno “sería el más beneficioso para la población, especialmente para los grupos más sensibles a los cambios de horario y a padecer trastornos del sueño y de la salud como son los niños y las personas de edad avanzada”.
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