
Cada noche, millones de personas dejan el teléfono sobre la mesilla, con el WiFi encendido y las notificaciones activadas. Parece inofensivo, pero diversos especialistas en sueño, tecnología y ciberseguridad han advertido que este hábito puede ser más dañino de lo que imaginamos.
Aunque apagues la pantalla o silencies los mensajes, el dispositivo sigue trabajando en segundo plano, recibiendo actualizaciones, procesando datos y emitiendo señales que alteran nuestro entorno mientras dormimos.
El primer problema tiene que ver con la calidad del sueño. Dormir junto a un dispositivo que emite luz azul, vibra o se ilumina con cada notificación, impide alcanzar los ciclos de sueño reparador que el cuerpo necesita.
Además, investigaciones recientes han demostrado que la exposición continua a los campos electromagnéticos generados por el WiFi puede afectar la producción de melatonina, la hormona responsable de regular el sueño.
Riesgo de ciberataques nocturnos

Pero los riesgos no terminan ahí. Mientras dormimos, el teléfono sigue siendo una puerta abierta al mundo digital. Varios informes de ciberseguridad coinciden en que una gran parte de los ataques informáticos a dispositivos móviles se producen durante la noche, cuando el usuario no está activo y no percibe señales de intrusión.
Un hacker que logre acceder a la red WiFi doméstica puede interceptar conexiones, robar contraseñas o incluso instalar programas maliciosos sin que el usuario se entere. Dormir con el WiFi encendido es como dejar la puerta entreabierta: puede que no entre nadie, pero el riesgo siempre está ahí.
Desgaste del dispositivo y consumo de batería
Otro de los efectos negativos tiene que ver con el propio móvil. Los procesos en segundo plano, como actualizaciones automáticas, sincronización de aplicaciones o descargas, pueden consumir entre un 15% y un 20% de batería en una sola noche.
Este gasto constante no solo obliga a recargar con mayor frecuencia, sino que acorta la vida útil de la batería, uno de los componentes más delicados y costosos de reemplazar.
Apagar el WiFi o activar el modo avión permite que el dispositivo “descanse” igual que nosotros. Además, evita el sobrecalentamiento y prolonga su funcionamiento a largo plazo.
Cuestión de salud

Desde un punto de vista sanitario, los expertos recomiendan reducir al mínimo la exposición a radiación innecesaria durante el sueño, especialmente en habitaciones donde duermen niños o mujeres embarazadas.
Algunos hábitos sencillos que pueden marcar la diferencia son activar el modo avión antes de dormir, programar el apagado automático del WiFi o mantener el móvil lejos de la cama.
El problema, explican los expertos, no es el teléfono en sí, sino la idea equivocada de que está “inactivo” cuando no lo usamos. Un móvil conectado es un dispositivo activo, vulnerable y en funcionamiento. Y aunque pueda parecer un detalle menor, desconectarlo antes de dormir puede mejorar nuestro descanso, proteger nuestros datos y alargar la vida del dispositivo.
En definitiva, un gesto tan pequeño como pulsar un botón puede traducirse en más salud, más seguridad y menos estrés digital. Porque, al final, el verdadero descanso no solo está en cerrar los ojos, sino también en apagar lo que no necesitamos.
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