
La noche del pasado miércoles, un hombre se disponía a enterrar a su fallecido gato en un parque público de Villeneuve-d’Ascq, en el norte de Francia, cuando se topó con algo totalmente inesperado. Mientras excavaba un hoyo para enterrar a su mascota, se encontró lo que parecía un cráneo humano, según informó a La Voix du Nord.
Impactado por el hallazgo, el hombre decidió avisar a la policía municipal al día siguiente. Poco después, los agentes acudieron al lugar de los hechos y confirmaron de que se trataba, efectivamente, de restos humanos. A partir de ese momento, la investigación quedó en manos de la policía forense, que ahora trabaja para determinar la edad de los huesos. Si los restos son recientes, podría abrirse una investigación penal.
Pero, ¿cómo se puede saber si un cráneo pertenece a alguien que murió hace décadas, siglos o apenas unos años? Los forenses cuentan con diversas herramientas científicas para estimar su antigüedad. Los expertos analizan principalmente las suturas craneales (las uniones entre los huesos del cráneo, que se cierran progresivamente con la edad) y la dentición (el estudio de los dientes), clave para establecer la edad en individuos jóvenes. En el caso de restos más antiguos, se recurre a métodos como la datación por carbono-14, una técnica que mide la cantidad de este isótopo en los tejidos orgánicos para estimar su antigüedad.
No obstante, el envejecimiento óseo no es un proceso exacto: factores genéticos, ambientales y de salud pueden influir en el desarrollo y conservación de los huesos. Por eso, los análisis ofrecen rangos de edad aproximados más que una cifra concreta, tal como explica el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
Descubrimiento tras una infracción: está prohibido enterrar animales
Tanto en España como en Francia está prohibido enterrar mascotas en espacios públicos o terrenos no autorizados, como jardines particulares, el campo o zonas de montaña. En el caso de España, esta restricción está respaldada por la Ley 8/2003 de Sanidad Animal y la reciente Ley 7/2023 de Bienestar Animal. A nivel comunitario, el Reglamento Europeo también regula esta práctica, recomendando la incineración como método preferente para la eliminación de restos animales. Aunque no prohíbe expresamente el entierro, lo desaconseja firmemente debido a los riesgos sanitarios que puede implicar tanto para otros animales como para las personas. El motivo principal detrás de esta normativa es por razones de salud pública e higiene. Enterrar restos animales sin control puede contaminar el suelo y las fuentes de agua, además de atraer fauna carroñera o propagar enfermedades.
Entonces ¿cuál es la forma correcta de actuar? La normativa es clara: los restos de un animal deben ser tratados por empresas autorizadas o ser llevados a cementerios de animales, crematorios o instalaciones municipales para su retirada.
Las consecuencias de ignorar esta ley no son menores. Aunque para muchos dueños enterrar a su mascota pueda parecer una práctica inofensiva, de amor o respeto, las sanciones pueden ser muy severas: en España pueden llegar incluso a los 60.000 euros de multa.
En este caso, sin embargo, la infracción terminó derivando en algo mucho más significativo: un posible hallazgo arqueológico o, incluso, un caso policial. Por eso, no sería descabellado pensar que las autoridades opten por mostrar cierta tolerancia y lo indulten de la multa correspondiente.
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