
Jesús Ruiz, conocido en redes sociales como @jesusruizelpollito, es un expresidiario español que tras cumplir una condena de siete años y un mes que utiliza su cuenta en TikTok para difundir diversos consejos. Su experiencia no solo radica en las prisiones españolas, sino que también puede hablar de su experiencia en Perú, donde comenzó a cumplir su condena.
Y es que, a comparación de las condiciones en las prisiones peruanas, el centro penitenciario Soto del Real, donde residió los últimos seis meses de su condena, presenta diversas diferencias con la cárcel inicial. “La recuerdo con muchísimas comodidades”, describe en alusión a la madrileña. Según detalla en el video, su discurso surge de las siguientes distinciones: “Venía de una cárcel tercermundista donde dormíamos en el suelo, comíamos en bolsas o en táperes, si te lo conseguías, cuando había comida. Y la cárcel en España es totalmente otra cosa”.
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Según el sistema penitenciario español, el castigo para el preso “es la privación de libertad, no la privación de derechos humanos”, afirma. El exinterno añade, por tanto, que existe la idea errónea en parte de la opinión pública: “Aunque mucha gente sí piensa que no tienen derechos humanos, pero no es así. La privación de libertad es el castigo. Por eso ponen más años, menos años de privación de libertad”.

“Ahí es cuando sufres el castigo, el encierro”
De acuerdo con el relato de Ruiz, las instalaciones y los servicios disponibles en una prisión como Soto del Real se distinguen por la organización y los recursos que reciben las personas presas. “La cárcel en España está llena de comodidades comparadas a la de Perú. Pero al fin y al cabo, a una hora determinada, a las ocho o nueve de la tarde, se cierra la puerta y ahí es cuando sufres el castigo, el encierro”.
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Entre los aspectos logísticos, Ruiz detalla el funcionamiento del economato, una tienda dentro del módulo donde los reclusos pueden comprar productos mediante una tarjeta. “Puedes tener cien euros cada semana, que te ingrese tu familia o tus amigos o alguien. Tienes servicio de lavandería, tienes televisión en la celda si tú te la compras. Tiene que ser una televisión de un tamaño y comprada dentro de la cárcel”.
Igualmente, el trabajo también forma parte de la rutina semanal para muchos internos. “Hay destinos en los que consiste en trabajos. Puede ser limpiar el módulo, ayudar en la cocina, trabajar en el economato”, describe, y señala que cada uno de estos puestos supone la asignación de tareas remuneradas dentro del centro. Además, la normativa interna exige la colaboración de quienes están recluidos para mantener la limpieza y el orden: “Por la mañana se abre la puerta, tienes que tener tu celda barrida, fregada, la cama hecha. Estás un tiempo fuera hasta que llega la comida. Luego es la hora de la siesta, otra vez encierro. Luego se baja para la cena y te vuelven a encerrar ya para ir a dormir”, enumera Ruiz.
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Por otra parte, los objetos y servicios básicos como agua caliente, ducha o artículos de higiene personal están garantizados. “Hay una taza para hacer tus necesidades. Hay un escritorio, dos camas con colchón”, describe, y resume el material de aseo que reciben de forma mensual: “Cada mes te dan un kit de higiene donde hay papel higiénico, pasta de dientes, maquinillas de afeitar, lejía, champú, gel”.

Además, el acceso a otros espacios y servicios del centro penitenciario también es ordinario. Los internos cuentan con biblioteca, gimnasio, servicio de peluquería a cargo de otros prisioneros, iglesia, ambulatorio y asistencia médica permanente. No obstante, “los funcionarios siempre están en el módulo, detrás de una, como en una garita de vidrio. Y ellos siempre están controlando. Hay cámaras en el salón, en la fila del comedor, en el patio", aunque “en el baño no”, asegura.
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El sistema español contempla también el acceso a visitas, como sesiones con psicólogos y educadores sociales, y beneficios por buena conducta. Pero “también se reciben vis a vis. No sé si solo una vez al mes, una cosa así”, expone al final del relato de su experiencia “al menos de Soto del Real, donde yo he estado”.
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