El príncipe Harry fue noticia la pasada semana por varios motivos: primero, por su regreso al Reino Unido para un viaje de cuatro días; después, por el breve encuentro de menos de una hora con su padre, al que no veía desde febrero de 2024; y, finalmente, por su inesperada visita a Ucrania, donde quiso conocer de primera mano el impacto de la guerra y mostrar su apoyo de cara al futuro.
Aunque su intención es mantener un perfil discreto para no romper la frágil tregua con su padre, el príncipe sigue concediendo entrevistas, midiendo cada palabra. En Kiev habló con The Guardian sobre su familia, su relación con la prensa y el papel de los Juegos Invictus en la recuperación de los veteranos de guerra ucranianos.
El periodista Nick Hopkins, que lo acompañó en el viaje secreto en tren hasta Kiev, describe a Harry como alguien “gracioso e informal”, capaz de bromear en mitad de un operativo de seguridad. Según el artículo, en privado se muestra cercano: anda en calcetines por el vagón, cuenta chistes de padre y prefiere boxear antes que posar para fotos. “No es el hombre infeliz que algunos medios retratan”, apunta el reportaje, en el que reconoce que le gustaría pasar más tiempo en Reino Unido.

“¿Se arrepiente de haber expuesto su versión de los hechos tan públicamente?”, le preguntan en la entrevista. La respuesta es directa: “Tengo la conciencia tranquila”. Para él, su autobiografía y su documental no fueron un ajuste de cuentas, sino una forma de dar su versión frente a lo que considera informaciones erróneas. “No creo haber aireado trapos sucios. Fue un mensaje difícil, pero lo hice de la mejor manera posible”, afirma.
Sobre su familia, evita hablar en detalle de la reunión con Carlos III, pero deja claro que quiere verlo más a menudo. “Durante el próximo año, la atención tendrá que centrarse en mi padre”, subraya. Y añade: “No se puede tener reconciliación antes de tener verdad”, en alusión a la relación rota con su hermano Guillermo, con quien sigue sin mantener contacto.
Más allá de la tensión familiar, Harry asegura que su prioridad ahora es construir un entorno estable para sus hijos. “Quiero que crezcan sabiendo de dónde vienen, pero también disfrutando de la libertad que tenemos fuera del Reino Unido”, señaló, marcando un equilibrio entre la distancia con la Casa Real y su deseo de mantener un vínculo con su país natal.
En la entrevista también recalca que no todo gira en torno a sus desencuentros familiares. “Me interesa que la conversación no sea siempre sobre mí, sino sobre los proyectos que realmente ayudan a la gente”, dijo, aludiendo a las iniciativas de apoyo a veteranos y jóvenes que impulsa a través de su fundación.
El duque de Sussex reconoce que parte de la dificultad para reconstruir puentes con su familia pasa por la presión mediática. “A veces parece imposible separar la conversación privada de lo que se publica al día siguiente”, lamenta. Y aunque afirma que está más en paz consigo mismo, admite que sigue siendo complicado “convivir con la exposición constante”.
Harry subraya además que los Juegos Invictus se han convertido en su prioridad profesional. En Kiev quiso remarcar que el deporte y el compañerismo son un salvavidas para los veteranos de guerra, tanto británicos como ucranianos. “He visto lo que supone para quienes vuelven de la batalla con cicatrices físicas o invisibles. Esa comunidad les devuelve esperanza y propósito”, explicó.
Consciente de que cada paso suyo genera titulares, insiste en que no se siente la persona infeliz que retratan algunos tabloides. “Estoy muy feliz conmigo mismo y con la vida que llevo”, sostuvo, aunque reconoció que los últimos cuatro años, entre litigios y revelaciones familiares, han estado marcados por el estrés y la incertidumbre.
Su objetivo inmediato, según explicó al diario británico, es seguir trabajando en sus proyectos sociales y tender puentes con su padre. Después, con el tiempo, quizá llegue también la reconciliación con el resto de los Windsor.
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