
Notificaciones, llamadas, mensajes, “scroll” infinito por redes sociales... A los adolescentes cada vez les cuesta más mantener la atención, y más en clase. Para remediarlo, el instituto francés Joséphine Baker de Haches, ubicado cerca de Éperon (Euren-et-Loir), ha implementado en sus aulas una medida anti-móviles. Los alumnos deben guardarlos en un armario acristalado y protegido al entrar a clase.
La caja donde se guardan los dispositivos está instalado en la puerta de cada aula. Es un pequeño armario transparente con 20 compartimentos numerados para guardar cada dispositivo. Antes de sentarse, los estudiantes tiene que dejarlo en esa ranura reservada para los móviles. “Tomamos esta decisión durante una reunión del consejo escolar. Profesores, alumnos y padres de familia estuvieron de acuerdo”, afirma el director del colegio, Mathieu Lena.
El éxito de esta medida también se ha extendido más allá de los muros del colegio y de las fronteras. “Recibo llamadas de otros directores, curiosos por nuestra experiencia y que también están considerando implementar este sistema”, dice Lena.
Adaptación de los alumnos y profesores
Los alumnos han recibido esta nueva normal con algo de reticencia. “Al principio es duro, pero nos acostumbramos”, admite Salma, estudiante de último año. “Tenemos un número asignado, tenemos que encontrar el compartimento correcto cada vez”, explica Théa, compañera de clase de Salma.
Los profesores, por su parte, están encantados. “Desde que los teléfonos se han guardado, están mucho más presentes”, afirma Bardou, profesora de Geografía e Historia.
Antes de implementar la medida, era obligatorio que los estudiantes conservaran el móvil en su mochila, pero esta medida no siempre se respetaba. Ahora, con este nuevo método, los alumnos están menos distraídos y hay menos sospechas de que los usen para copiar durante pruebas o exámenes.
Medidas en otros países

La medida implantada por este instituto francés ha sido pionera, pero se va extendiendo por distintos centros educativos.
Por ejemplo, Barnechea Bicentenario es el primer colegio de Chile que ha puesto en marcha reglas contra la adicción a las pantallas. Aun en fase piloto, la medida solo se aplica a los alumnos de octavo grado (13-14 años), pero pretende ampliarse a los 500 estudiantes de la escuela. Al llegar a clase, los alumnos deben dejar sus móviles en un estuche que utiliza inhibidores de frecuencia. Una propuesta pionera en Sudamérica e inspirada por otros casos de éxito de escuelas de Estados Unidos.
En España, el Consejo Escolar del Estado aprobó en enero de 2024 la recomendación para impedir el empleo de los móviles en colegios y limitar su uso en institutos. Desde entonces, las comunidades autónomas han aprobado distintas normativas para prohibir su uso personal y recreativo en los centros educativos. La primera fue Castilla La-Mancha, cuando el Gobierno regional los prohibió en 2014. Le siguió Galicia un año después con la Ley de educación digital. La tercera fue la Comunidad de Madrid, que los restringió durante la jornada escolar en el curso 2020-2021. En el nuevo curso 2025-2026, han dado un paso más, prohibiendo que los estudiantes de Educación Infantil y Primaria trabajen de forma individual con dispositivos digitales. Además, sus maestros tampoco podrán programar la realización de deberes en las que tengan que utilizar dispositivos fuera del horario lectivo.
Múltiples ensayos relacionan el descenso de atención con los móviles. La publicación Impactos de uso de dispositivos en el sistema educativo realizada por la Asociación Española de Pediatría (AEP) afirma que el uso de móviles en espacios de recreo se asocia con “un menor interés por parte de los alumnos en socializar con otros compañeros cara a cara, con mayor frecuencia de ciberacoso y menor actividad física”. Además, aquellos estudiantes que utilizar el móvil en clase o haciendo los deberes, “les ocasiona una disminución de su capacidad atencional y obtienen un peor rendimiento académico”.
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