Los bomberos son una de las piezas clave en la protección de la sociedad frente a incendios, accidentes y emergencias de todo tipo. Su trabajo, sin embargo, no solo está marcado por el riesgo inmediato de las llamas o los derrumbes: también sufre consecuencias silenciosas y a largo plazo sobre la salud. La evidencia científica más reciente ha confirmado lo que durante años denunciaban los propios profesionales: ser bombero aumenta de forma significativa el riesgo de cáncer y de otras enfermedades graves.
En 2022, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), organismo dependiente de la Organización Mundial de la Salud, decidió reclasificar la exposición laboral de los bomberos. Pasó de estar en el grupo 2B (“posiblemente carcinógeno”) a situarse en el Grupo 1: “carcinógeno para humanos”. Es decir, la evidencia científica acumulada fue considerada suficiente para establecer que la actividad de los bomberos causa cáncer en las personas que la ejercen.
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La IARC identificó una relación suficiente de su trabajo con el desarrollo de mesoteliomas y cáncer de vejiga, así como evidencia limitada para otros tipos de tumores como colon, próstata, testículo, melanoma y linfoma no Hodgkin. Esto significa que, en el conjunto de estudios revisados, existe una consistencia en los resultados que respalda una asociación causal.
El estudio escocés: una señal de alarma
Uno de los trabajos más relevantes sobre este tema se publicó en 2023 en la revista Journal of Occupational Medicine. La investigación, realizada por la Universidad de Central Lancashire, analizó la mortalidad de los bomberos varones en Escocia entre 2000 y 2020 y la comparó con la del resto de la población masculina del país.
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El resultado se expresó mediante la llamada Razón de Mortalidad Estandarizada (SMR, por sus siglas en inglés). Este indicador compara las muertes observadas en un grupo con las muertes que se esperarían en la población general. Un valor de 1,0 significa igualdad; un valor superior a 1 indica más muertes de las esperadas.
Aplicado al caso de los bomberos escoceses:
- En cáncer en general, el estudio encontró un valor de 1,61. Esto quiere decir que los bomberos tenían un 61% de exceso de muertes en comparación con la población general.
- En tumores específicos, los riesgos eran todavía mayores:
- Próstata: casi cuatro veces más mortalidad (3,8).
- Esófago: más del doble (2,42).
- Riñón y vejiga: casi el doble (1,94).
- Leucemia mieloide: más de tres veces (3,17).
- Neoplasias de origen desconocido: hasta seis veces más (6,37).
El estudio también detectó un exceso de muertes en enfermedades no cancerígenas:
- Enfermedades cardíacas isquémicas: más de cinco veces más mortalidad.
- Accidentes cerebrovasculares: 2,7 veces más.
- Enfermedades pulmonares intersticiales: tres veces más.
- Insuficiencia renal: 3,3 veces más.
- Enfermedades del sistema musculoesquelético: más de cinco veces más.
En conjunto, estos resultados subrayan que el trabajo de los bomberos no solo implica una exposición aguda al peligro, sino que tiene un impacto a largo plazo en múltiples sistemas del organismo.
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Lo que ya sabíamos desde 2006
El estudio escocés refuerza las conclusiones de investigaciones previas. En 2006, un meta-análisis de 32 estudios internacionales, liderado por Grace LeMasters y publicado en el Journal of Occupational and Environmental Medicine, ya había detectado asociaciones probables entre la profesión de bombero y varios cánceres.
Según esa revisión, los bomberos tenían:
- Un riesgo un 53% mayor de padecer mieloma múltiple.
- Un 51% más de probabilidad de desarrollar el llamado linfoma no Hodgkin.
- Un 28% más de riesgo de cáncer de próstata.
- Y el mayor aumento se observaba en el cáncer testicular, con un riesgo más del doble.
¿Por qué ocurre esto?
La explicación científica está en la exposición a una mezcla compleja de contaminantes durante los incendios. El humo de los fuegos contiene gases irritantes y tóxicos como monóxido de carbono, cianuro de hidrógeno o aldehídos, que producen efectos agudos. Pero, además, en cada incendio se liberan carcinógenos de acción crónica: benceno, hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs), dioxinas, furanos, metales pesados y retardantes de llama.
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Estos compuestos no solo se inhalan: también pueden absorberse por la piel o incluso ingerirse de forma indirecta, por ejemplo, a través de partículas depositadas en la ropa o en el equipo de protección. A pesar de las mejoras en las medidas de seguridad, es prácticamente imposible eliminarlos del todo.
La necesidad de protección y reconocimiento
En países como Estados Unidos, Canadá o Australia, la relación entre la profesión de bombero y el cáncer está reconocida por la legislación laboral. Esto permite que los afectados reciban apoyo médico y compensaciones por enfermedad profesional. Sin embargo, en el Reino Unido y en otros países europeos, este reconocimiento aún es limitado.
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El estudio escocés concluye con una recomendación clara: es urgente implementar sistemas de vigilancia sanitaria preventiva y avanzar hacia una legislación que reconozca formalmente los riesgos de esta profesión.
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