
El ataque de un grupo de orcas a un velero francés frente a la costa vasca ha vuelto a poner sobre la mesa el comportamiento inquietante de estos cetáceos en aguas próximas a la península ibérica. El incidente se produjo el lunes 21 de julio a 3,7 kilómetros de la playa, según el medio francés Ici Pays Basque. Ninguno de los tripulantes resultó herido y fueron rápidamente atendidos por el español de la Société nationale des sauveteurs en mer (SNSM), que acudió al lugar tras el aviso.
El suceso ha sido analizado por Pierre Robert de Latour, especialista en orcas y fundador de la organización Orques sans frontières, quien sostiene que estos ataques no son casos aislados, sino parte de un fenómeno cada vez más frecuente. En declaraciones recogidas por Midi Libre, el experto ha advertido del riesgo real que supone este tipo de encuentros: “No se puede escapar de un animal que puede nadar a 60 o 70 kilómetros por hora”.
Una conducta juvenil con consecuencias graves
Según Robert de Latour, las agresiones se han repetido más de 200 veces desde hace cinco años y son protagonizadas por un grupo muy específico: las orcas ibéricas. Esta población, formada por entre 35 y 70 individuos, según las estimaciones científicas, se alimenta principalmente de atunes y recorre la Península siguiendo la migración de estos peces. Las interacciones se han documentado desde el Estrecho de Gibraltar hasta las costas del suroeste de Francia, afectando a embarcaciones, especialmente veleros.

El comportamiento observado apunta a una acción intencionada sobre una pieza muy concreta del barco: el timón. Las orcas, sobre todo los ejemplares más jóvenes, se aproximan por la popa, muerden el timón y lo rompen, dejando la embarcación sin capacidad de maniobra. “No atacan a los humanos, solo al material”, ha explicado Latour, quien respalda la hipótesis de varios investigadores españoles que consideran que estas acciones son una forma de juego. Las orcas juveniles actuarían sin la presencia de adultos, que normalmente regulan su comportamiento mediante la enseñanza y corrección dentro del grupo.
Los registros del Grupo de Trabajo Orca Atlántica (GTOA) han señalado que estos incidentes se concentran en los meses de primavera y verano, coincidiendo con la temporada de navegación recreativa y la migración del atún rojo. Aunque las orcas no buscan dañar a las personas, el daño al timón expone a los veleros a situaciones de riesgo, especialmente en rutas transitadas por grandes buques que no pueden maniobrar con facilidad.
Parar el barco, no huir
Intentar huir de las orcas no solo es inútil, sino que puede ser contraproducente. Así lo ha advertido Latour, quien recomienda detener completamente la embarcación y esperar sin realizar movimientos bruscos. “Intentar escapar puede excitarlas, porque lo perciben como un reto”, ha señalado. Su consejo para los navegantes es claro: arriar las velas, dejar el barco a la deriva y llamar a los servicios de rescate lo antes posible. El principal peligro no es el ataque directo, sino la pérdida de control del timón, que puede dejar al barco en la trayectoria de un carguero.
El Ministerio para la Transición Ecológica en España ha indicado que colabora con organizaciones científicas para monitorizar a esta población y mejorar los protocolos de actuación. Las autoridades marítimas recomiendan a las embarcaciones consultar previamente las rutas de avistamiento de orcas, disponibles en plataformas como la del GTOA, y extremar la precaución en zonas de alta incidencia.
El Instituto de Conservación de la Naturaleza y los Bosques (ICNF) de Portugal también ha emitido guías para navegantes, instando a reportar cualquier interacción para contribuir al seguimiento del fenómeno. En la actualidad, no existe una medida eficaz para evitar este tipo de encuentros, más allá de la prevención y la respuesta coordinada de los servicios de salvamento.
A pesar de la ausencia de heridos, el incidente del 21 de julio refuerza la necesidad de comprender el comportamiento de las orcas ibéricas y adaptar las prácticas de navegación recreativa a un contexto en el que la presencia de estos animales se ha convertido en un factor de riesgo habitual. La clave, según los expertos, no está en el miedo, sino en la preparación.
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