En el Parque Nacional Coiba de Panamá, en la isla Jicarón, reinaba la tranquilidad. Hasta que, hace unos meses, todo cambió de forma repentina. Los monos capuchinos cariblancos (Cebus capucinus imitator) y los monos aulladores (Alouatta palliata coibensis) habían convivido siempre sin problemas. Pero un grupo de científicos detectó un comportamiento poco habitual: algunos animales del primer colectivo mencionado secuestraban a crías de la segunda especie. ¿El motivo? Simple ‘aburrimiento’. Aunque las conclusiones a las que llegaron los expertos son sorprendentes.
Los monos aulladores, conocidos por sus potentes aullidos que pueden escucharse a casi cinco kilómetros de distancia, compartían hábitat sin conflictos aparentes con los monos capuchinos. Esto se debe a que mantienen dietas distintas, lo que evita la competencia directa por alimentos.
Sin embargo, los científicos documentaron un comportamiento inédito en esta convivencia. Según revelaron las cámaras instaladas en la isla Jicarón, algunos machos inmaduros de mono capuchino fueron observados secuestrando crías de mono aullador. Estos individuos, que también utilizan piedras como herramientas, protagonizaron un fenómeno no registrado previamente en la ciencia.
Días después del secuestro, los monos aulladores bebés morían

Tal y como registraron los investigadores, al menos una decena de crías fueron arrebatadas de los brazos de sus madres y murieron días después, sin signos de violencia directa, pero tampoco de cuidado por parte de los captores.
El hallazgo fue realizado por científicas del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (MPI-AB) y del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), quienes describen el fenómeno como un comportamiento sin precedentes. A diferencia de episodios de agresión entre grupos rivales o de conductas relacionadas con alimentación o reproducción, estos secuestros no ofrecen beneficios evolutivos evidentes.
Los investigadores instalaron cámaras trampa para monitorear el entorno tras observar un primer caso en enero. Durante los meses siguientes, documentaron al menos cuatro secuestros protagonizados por un mismo individuo: un macho joven apodado Joker, conocido por su uso de herramientas. Las grabaciones muestran cómo el capuchino sostenía a las crías sin devolverlas a sus madres ni integrarlas al grupo, lo que llevó a su muerte poco después.
¿La causa del robo? Vivir en un entorno poco estimulante
Zoë Goldsborough, investigadora del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (MPI-AB), explica que al principio se pensó que los monos capuchinos intentaban adoptar a las crías de monos aulladores. Sin embargo, esa hipótesis fue descartada al comprobar que eran machos jóvenes, cuando este rol suele ser exclusivo de las hembras.
El fenómeno comenzó con un caso aislado protagonizado por un individuo apodado Joker. Meses después, nuevas grabaciones revelaron que otros machos jóvenes imitaban su conducta. En un periodo de 15 meses, se documentaron 11 casos de secuestro de crías de Alouatta palliata coibensis, que eran retenidas por hasta nueve días antes de morir, incapaces de sostenerse por sí mismas. En algunos casos, los capuchinos continuaban cargando a los cuerpos incluso después del fallecimiento.
Las imágenes también mostraron a padres aulladores buscando a sus crías desde los árboles cercanos. Dado que los capuchinos no compiten por alimento con los aulladores ni obtienen beneficios evolutivos de esta conducta, los investigadores plantean que los secuestros podrían ser resultado del aburrimiento.
“Esta nueva tradición muestra que la necesidad no siempre es la madre de la invención. Para un mono inteligente en un entorno seguro y con pocos estímulos, el aburrimiento y el tiempo libre podrían bastar”, concluye Meg Crofoot, directora del MPI-AB y cofundadora del proyecto.
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