
Salvador Méndez, conocido como Salva, de 28 años, fue uno de los muchos sintecho que vivían en el aeropuerto de Barajas hasta que un empresario asturiano le ofreció empleo en su hotel. Sin embargo, tal y como él mismo confirma a Madrid Total, dejó el trabajo “después de dos semanas”.
“Era muy duro físicamente y no tenía fuerza. La verdad es que cogí el puesto con mucha ilusión y eso Fernando, el empresario que me contrató, lo sabe. Pero tenía poco tiempo para descansar”, explica Salva.
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Tras dejar el puesto, se trasladó a Logroño, donde vive su pareja. “Toda esta situación está siendo complicada con ella y yo estoy recibiendo muchos comentarios negativos en redes sociales que no merezco”, lamenta.
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A pesar de haber renunciado, destaca que su relación con el empresario terminó bien. “Lo hablamos, le expliqué la situación. Él es muy buena persona y todo ha terminado bien entre nosotros”, asegura.
Durante una llamada telefónica, Salva también quiso aclarar que se han difundido “muchas mentiras” sobre su experiencia en el hotel y sobre su situación personal. Aun así, dice sentirse animado: está decidido a encontrar una nueva oportunidad laboral en Logroño, donde afirma estar “feliz y contento” y no se olvida de sus antiguos compañeros “que aún están en el aeropuerto”.
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La vida en Barajas
Este joven ofreció una entrevista en la Terminal 4 de Barajas el pasado viernes 16 de mayo, donde explicó que “la razón principal de ir a Barajas fue la seguridad”. “Tiene videovigilancia y policía las 24 horas. Además, al haber tantas empresas y tan variadas, pensé que sería posible encontrar un trabajo. De hecho, durante un tiempo, estuve trabajando en una conocida cadena de hamburguesas en el aeropuerto”, relató.
Conoce bien la realidad del lugar donde pasó varios años. “Hay absolutamente de todo. Hay gente vulnerable de más de 65 años que no pueden trabajar, gente que ya no puede recibir ayuda, gente que podría reinsertarse laboralmente o gente que debería estar en centros de rehabilitación social o de drogas”, explicó.
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“Mucha gente ha terminado en la calle por culpa de la subida de precios de la vivienda, de la comida y de los servicios. Es imposible vivir bien si los sueldos no mejoran y, por desgracia, hay gente que termina en la calle por eso”, concluyó.
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