
Para algunos es una locura, para otros, libertad. No hay manera perfecta de vivir la vida, sino que cada quien elige cómo hacerlo. ¿Y viajar? Tampoco existen normas escritas. Uri, Carmen, Leo y el futuro bebé han decidido lanzarse en su velero Forquilla para dar la vuelta al mundo en familia. “La idea era visitar lugares desde el mar e ir al ritmo que te da el barco, que es tu casa a cuestas”, explica Carmen. Soltaron amarras en abril de 2024 desde Barcelona y ahora se encuentran en Guatemala, donde han cumplido un año viajando todos juntos. En sus redes sociales, en las que cuentan con casi 300.000 seguidores, comparten todo el proceso (@velero_forquilla).
Muchos países, un océano de por medio y numerosas banderas que izar cada vez que se llega a un nuevo destino. Este el ritmo que persigue el Forquilla, un hogar de 14 metros de largo (eslora) y 4,5 de ancho (manga). El proyecto nació hace seis años, cuando la pareja se conoció en 2019 trabajando en cine. “Uri tenía la idea de dar la vuelta al mundo de una manera diferente. Me gustó y en seguida me uní al proyecto. Encontramos el barco, lo compramos y nos preparamos para salir en 2024”, relata Carmen, capitana y madre, a Infobae España.
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Miles de millas ya recorridas
“Lo mejor es cada día estar en un sitio distinto, despertarse con un amanecer nuevo, ver tortugas o ballenas y la libertad que ello conlleva”, expresa esta aventurera. Carmen, con raíces gallegas, y Uri, procedente de Cataluña, decidieron que el mar sería la base sobre la que asentar su casa y criar a su pequeño, que con nueve días ya navegó por primera vez. En unos meses les acompañará un nuevo miembro en la familia. “Salimos desde Port Balís en Barcelona, hicimos todo el sur de España, Madeira, Canarias y después nos preparamos para cruzar el Atlántico”, cuenta Carmen.
Después de este recorrido de cientos de millas, atracaron en Cabo Verde para dar el salto a la isla de Granada, en el Caribe. Una vez allí comenzaron a visitar las Antillas: “De norte a sur, islita a islita hasta llegar a Guatemala”, desliza Carmen. En cada uno de estos lugares deben poner la bandera en el asta del barco y bajar a tierra para regularizar su situación en el país como turistas de paso. Además de visitar los países para conocer su cultura, se sirven de estos para comprar provisiones y llevarlas al velero.
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La vida a bordo
Con tres camarotes, dos baños, un salón-cocina y techos altos, esta familia disfruta de viajar. Sin embargo, hay que ser previsor con el agua o la comida, entre otras muchas cosas, para las travesías. Vivir a bordo, ya que “estás viajando, pero con tu casa”, también conlleva un esfuerzo. Carmen señala: “Te condiciona mucho la naturaleza. Tenemos que encontrar el lugar donde refugiarnos o elevar el ancla a las tres de la mañana porque hace mucho viento y el barco se mueve. Estás conectado con el ambiente, en el mejor y en el peor de los sentidos”.
Además, acudir a los supermercados también puede ser un reto. “Tienes que coger la barqueta pequeña, dejarla en la playa y andar hasta una tienda en la que tal vez no encuentras lo que estás buscando o los precios son desorbitados. Todo es una aventura y, al final, vivir en tierra firme es más fácil”, sostiene Carmen. No obstante, no se tienen que preocupar por el combustible del Forquilla, ya que al ser un velero solo necesitan el viento para navegar: “Es una gran ventaja”, señala la gallega, quien también añade: “Si lo tuviéramos todo, quizá no sería tan interesante”.
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Sin duda, esta familia de casi cuatro miembros ha hecho de esta la aventura de sus vidas. Como relatan en sus vídeos, han necesitado instruirse en distintas disciplinas (mecánica, medicina, ciencia, etc.) para poder lanzarse a recorrer los distintos océanos. Todo en este viaje es “una locura”, como ellos mismos lo califican. Desde comprar una pieza del barco que se ha roto, ir al médico o adquirir pan, por lo que es necesario tener conocimientos para enfrentar cualquier contratiempo.
El futuro del Forquilla y la ruta
La familia se encuentra ahora en Guatemala, donde pasará unas semanas antes de volar a España. Aprovecharán la temporada de huracanes de la zona, que transcurre de “junio a noviembre”, para ver a la familia y trabajar. “Nos gustaría conectar más con los nuestros. En vez de tanta videollamada, estar más presentes en la vida de los demás y ellos en la nuestra”, señala Carmen. No obstante, esto será solo un parón en la ruta y el final de una etapa: “Ahora tenemos que hibernar el barco, prepararlo y dejarlo aquí”.
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¿Hay un final previsto? “El plan siempre ha sido que el viaje evolucione con nosotros y nosotros con él”, sostiene esta cineasta y capitana de barco. En un futuro próximo serán dos pequeños los que vayan a bordo del Forquilla: “Iremos decidiendo en función de lo que toda la tripulación necesite”, indica. Además, la ruta no está planteada como un reto, sino “como un proyecto vital”. Nada parece detener a esta familia, que seguirá surcando los mares y ríos de los distintos países que visite: “Es una sensación increíble de sintonía, armonía y libertad saber que has cruzado un océano empujado por el viento. Estamos encantados”.
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