
Arthur, vecino de Pau, en el suroeste de Francia, fue el primero de dos amigos en hacer una apuesta inusual: en lugar de invertir en el mercado inmobiliario o en productos financieros tradicionales, decidió adquirir un Ferrari Modena por 52.000 euros. Detrás de la compra no solo estaba su afición por los vehículos de alta gama, sino también una intuición financiera: “Cuando compré el coche, ya pensaba en que podría ser un buen activo a largo plazo”, explica al periódico Sud Ouest, que publica esta historia.
Durante nueve años disfrutó de su Ferrari, tiempo en el que gastó cerca de 13.000 euros en seguros y mantenimiento. En 2024, vendió el vehículo por 90.000 euros, generando una ganancia significativa. Con parte de los beneficios adquirió un nuevo coche de lujo, un Lotus, con la misma estrategia: conducirlo durante unos años y luego venderlo, esperando una nueva plusvalía.
De 126.000 a 180.000 euros
Inspirado por el éxito de su amigo, Jonathan, empresario de unos 40 años, decidió dar el mismo paso. Compró un Ferrari F430 por 126.000 euros. Se trataba de un modelo exclusivo -solo se produjeron 400 unidades en todo el mundo- y, además, fue el último vehículo de la marca en incorporar una caja de cambios manual.
Para Jonathan, la motivación no era exclusivamente económica: “Lo compré por pasión, porque me gusta conducirlo y me produce un placer inmenso”, afirma. Sin embargo, no oculta su satisfacción por el rendimiento económico: “Creo que ahora vale al menos 180.000 euros. Si lo vendo, ganaré mucho dinero”.
“El mercado inmobiliario no merece la pena”
Ambos inversores comparten una visión crítica del mercado inmobiliario. Arthur, que también reside en Pau, sostiene que los precios en su ciudad nunca subirán lo suficiente como para justificar una inversión significativa en vivienda: “No merece la pena”. Jonathan, por su parte, dice no confiar en ese sector, al que considera sobrevalorado: “Es difícil obtener grandes beneficios con inmuebles. Prefiero invertir en algo que me entusiasme”. De hecho, los dos viven de alquiler, lo que refuerza la singularidad de su estrategia de inversión.
Céline Boutbien, gestora de patrimonio y codirectora del gabinete Ascalon Finances, consultada por Sud Ouest, reconoce que el caso de Arthur y Jonathan no es habitual. Aunque advierte que el número de personas interesadas en este tipo de activos alternativos está creciendo, matiza que se trata de inversiones reservadas para conocedores: “Invertir en coches de lujo, vino, caballos o arte requiere conocimiento técnico y una verdadera afición por el sector”.

Una experta lo cuestiona
Boutbien insiste en que estas inversiones no deben considerarse equivalentes a los productos financieros tradicionales: “No generan ingresos regulares, como los dividendos o los intereses. Solo se obtiene rendimiento cuando se vende con plusvalía, y eso no siempre está garantizado”. Según la experta, el riesgo es alto y, por lo tanto, poco recomendable para quienes no dominan el sector: “Solo los iniciados pueden hacer una buena operación. Es una apuesta que combina pasión y experiencia”.
Aunque reconoce que las inversiones alternativas se están popularizando, Boutbien subraya que no sustituyen a las formas clásicas de ahorro: “El mercado inmobiliario sigue siendo el principal activo patrimonial de los franceses. Es una inversión estable, incluso en épocas de crisis”. Aun así, admite que cada vez más personas deciden colocar parte de su capital en objetos que les generan placer, incluso si no son frugíferos en términos financieros: “Al final, la motivación no siempre es el beneficio. A veces, basta con disfrutar del bien adquirido”.
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