
Muchas de las peluquerías masculinas adornan su fachada con un cilindro tricolor. Esta decoración clásica tiene mucho más significado que el que parece a primera vista y su origen se remonta hasta la Edad Media. Este poste, caracterizado por sus franjas helicoidales en colores rojo, blanco y azul, no solo es un símbolo de la barbería, sino también un vestigio de una época en la que los barberos desempeñaban un papel crucial en la práctica médica.
Durante la Edad Media, las intervenciones quirúrgicas eran responsabilidad exclusiva de los clérigos, quienes, al ser los únicos con acceso a la educación, dominaban las prácticas médicas. Sin embargo, los monjes no trabajaron siempre solos: con el tiempo, comenzaron a colaborar con los barberos, un gremio que ya poseía habilidades manuales y experiencia en procedimientos menores, como la extracción de dientes. Esta alianza marcó el inicio de una relación entre la barbería y la cirugía.
El panorama cambió drásticamente en el siglo XII. En el Concilio de Letrán de 1123, se prohibió a los monjes realizar cualquier tipo de práctica médica. Años más tarde, en el Concilio de Tours de 1163, el Papa Alejandro III reforzó esta prohibición, calificando las intervenciones quirúrgicas como un acto sacrílego. Estas decisiones llevaron a que los barberos asumieran por completo las tareas quirúrgicas, lo que los colocó en una posición de gran relevancia, pero también los enfrentó a conflictos con los cirujanos académicos, que veían con recelo el trabajo de los barberos.
Esta rivalidad se intensificó con el tiempo, especialmente porque los barberos no contaban con la misma preparación teórica que los médicos, aunque su experiencia práctica era innegable.
A pesar de estos conflictos, los barberos continuaron desempeñando un papel crucial en la atención médica durante varios siglos. Su habilidad para realizar procedimientos quirúrgicos menores los convirtió en una opción accesible para muchas personas, especialmente en comunidades donde los médicos eran escasos o inexistentes.
Sangrías y amputaciones, el simbolismo del cilindro
La transición de los barberos hacia la cirugía no fue sencilla. Estos profesionales comenzaron a realizar procedimientos como sangrías, amputaciones y otras intervenciones menores, que en su momento eran consideradas esenciales para la salud. La práctica de las sangrías, en particular, se convirtió en una de las más comunes, ya que se creía que equilibrar los humores del cuerpo era clave para prevenir enfermedades.
Así, los barberos empezaron a marcar sus negocios con un palo de madera que pintaban a franjas rojas y blancas. Las franjas rojas representan la sangre, mientras que las blancas simbolizan las vendas utilizadas para detener el sangrado. Pero no servía solo como reclamo publicitario, sino que muchos clientes lo aprovechaban para agarrarse e intentar soportar el dolor.
Tiempo después, los negocios añadirían el azul. Algunas teorías remontan su origen a la independencia de Estados Unidos, donde las barberías añadirían el azul al cilindro, de tal modo que representase los tres colores de la bandera nacional. Otros lo ven como un mecanismo para diferenciar a los barberos de los cirujanos, cuando en 1745 la monarquía británica restringió la actividad de los barberos al cuidado del cabello y la barba.
Con el paso del tiempo, la medicina y la cirugía se profesionalizaron, y los barberos dejaron de realizar intervenciones quirúrgicas. Sin embargo, el legado de su pasado médico perdura en el símbolo del cilindro tricolor.
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