Una familia ‘okupa’ una casa durante 43 años y ahora una promotora les exige 2,5 millones: “O firmáis u os echamos”

Todo comenzó con un acuerdo verbal con el anterior propietario. Hoy su situación es “límite”: “Esto es nuestra vida”

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Narbona, en Francia.
Narbona, en Francia.

En Narbona, una localidad del sur de Francia, una familia enfrenta una compleja disputa legal después de haber residido durante 43 años en una casa sin contrato de alquiler ni título de propiedad. La situación, calificada como ocupación irregular por la promotora inmobiliaria propietaria del terreno, se ha intensificado tras la exigencia de un pago de 2,5 millones de euros o el abandono forzoso de la vivienda.

El conflicto comenzó en 1981, cuando esta familia se instaló en la vivienda ubicada en un terreno privado que, en aquel momento, pertenecía a un propietario diferente. Según han relatado los implicados, el acuerdo inicial se basó en un trato verbal con el entonces dueño, quien permitió su estancia sin mediar contratos formales. Sin embargo, la venta del terreno a una promotora inmobiliaria en 2015 cambió por completo el panorama.

La empresa adquirió la propiedad con planes de desarrollar un proyecto urbanístico en la zona. Durante años, la familia mantuvo su residencia en la vivienda, argumentando que el terreno no se utilizaba. Este prolongado periodo de ocupación sin intervención legal previa contribuyó a la consolidación de su arraigo en el lugar.

Vender casas con okupas dentro es totalmente legal siempre y cuando el comprador dé el consentimiento expreso

“Se nos trata como a criminales”

La promotora ha calificado la ocupación como ilegal y reclama la vivienda para continuar con sus planes de desarrollo. Recientemente, envió un ultimátum a la familia exigiendo la firma de un acuerdo que incluye el pago de 2,5 millones de euros como compensación por el tiempo vivido en el inmueble. De no cumplirse esta condición, la empresa procederá a desalojarlos.

“Se nos está tratando como a criminales, cuando lo único que hemos hecho es vivir nuestra vida aquí durante más de cuatro décadas”, declara uno de los miembros de la familia señalada como de okupas a los medios locales. Según explican, los propietarios originales nunca pusieron objeciones, y aseguran que han mantenido la vivienda en buen estado a lo largo de los años.

La Justicia valora la “posesión continuada”

El caso se encuentra ahora en manos de los tribunales franceses, donde ambas partes exponen sus argumentos. La promotora sostiene que la familia no tiene ningún derecho legal sobre la propiedad y que su permanencia obstaculiza un desarrollo que beneficiaría a la comunidad. Por su parte, los residentes apelan a su arraigo y a lo que consideran un trato injusto y desproporcionado.

Palacio de Justicia de Narbona
Palacio de Justicia de Narbona

Expertos legales consultados por el diario francés L’Indépendant explican que el desenlace dependerá de la interpretación del concepto de “posesión continuada” en el sistema jurídico francés. Si bien el país reconoce la posibilidad de adquirir derechos sobre una propiedad tras un periodo prolongado de ocupación pacífica, la falta de un contrato formal podría complicar las cosas para la familia.

“Nuestra situación es límite”

La situación ha generado debate en Narbona, donde algunos vecinos han mostrado su apoyo a la familia. Organizaciones locales también han expresado su preocupación por el precedente que este caso podría sentar en cuanto al trato hacia los ocupantes de viviendas sin regularizar.

“Esta familia ha formado parte de nuestra comunidad por décadas. No es justo que se les exija una suma que nunca podrán pagar”, comenta un residente de la zona. Sin embargo, también hay voces que defienden el derecho de la promotora a recuperar su terreno y llevar a cabo sus proyectos.

Mientras el proceso judicial sigue su curso, la familia continúa viviendo en la casa, aunque bajo una creciente presión. Según explicaron a los medios, no tienen los recursos para afrontar la cuantiosa exigencia económica y temen ser desalojados en cualquier momento. “Nos encontramos en una situación límite. Esto no solo es nuestra casa, es nuestra vida”, lamenta uno de los ocupantes.