
Es la favorita de muchos. Gracias a su increíble versatilidad en la cocina y su potente sabor, no necesitan de acompañantes, aunque comerlas con nata o chocolate supone un verdadero manjar. Las fresas encierran dentro de sí mismas un auténtico tesoro nutricional que cuida de la salud. Sin embargo, sus propiedades van más allá.
La tradición popular ha colocado estas pequeñas frutas rojas dentro del listado de alimentos afrodisiacos, es decir, aquellos capaces de estimular el deseo sexual. ¿Qué hay de cierto en ello? ¿Puede sustentarse la creencia de que las fresas nos excitan en la ciencia?
Su elevado contenido en vitamina C es el principal responsable de que las fresas hayan sido consideradas afrodisiacas, pues este nutriente es esencial para la salud cardiovascular y la circulación sanguínea. La vitamina C fortalece los vasos sanguíneos, promoviendo un flujo sanguíneo más eficiente en todo el cuerpo, incluido el sistema reproductivo. Una circulación adecuada es crucial para una respuesta física óptima durante la actividad sexual, ya que mejora la oxigenación de los tejidos y facilita los procesos biológicos asociados con el deseo y la excitación.
Este efecto de la vitamina C sobre la función cardiovascular se ha recogido en varios estudios, siendo el en la Journal of Nutritional Biochemistry en 2006 uno de los más relevantes. Así, un sistema circulatorio saludable no solo mejora el rendimiento físico, sino que también eleva los niveles de energía y bienestar general, lo que puede influir positivamente en la libido.

Otros beneficios de las fresas para la salud
Este contenido en vitamina C es incluso más elevado de lo que muchas personas pueden llegar a pensar, pues puede superar incluso al de las naranjas, como indican los informes de la Fundación Española de Nutrición (FEN). De hecho, una ración media de fresas (150 gramos) proporciona aproximadamente 86 miligramos de vitamina C, mientras que una naranja mediana de 225 gramos contiene unos 82 miligramos.
La vitamina C es un poderoso antioxidante que ayuda a proteger las células del daño causado por los radicales libres. Además, juega un papel crucial en la síntesis de colágeno, una proteína esencial para la salud de la piel, los tendones, los ligamentos y los vasos sanguíneos. Por ello, consumir fresas regularmente puede contribuir a una piel más saludable, menos propensa al envejecimiento prematuro y con mejor capacidad para cicatrizar heridas.
Además, son ricas en flavonoides, compuestos bioactivos que les otorgan propiedades antioxidantes e antiinflamatorias y que ayudan a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares al mejorar la función de los vasos sanguíneos. Estos compuestos también pueden disminuir los niveles de colesterol LDL (el conocido popularmente como “malo”) y aumentar los de colesterol HDL (el llamado “bueno”), lo que contribuye a mantener un corazón sano.
El consumo regular de flavonoides también se ha relacionado con un menor riesgo de enfermedades crónicas como diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer. En particular, las fresas pueden ayudar a mejorar la sensibilidad a la insulina, lo que es especialmente útil para personas con riesgo de desarrollar diabetes.
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