
El viento es un enemigo invisible a la hora de conducir. La lluvia, los atascos, la niebla... son fenómenos que vemos y sentimos con gran facilidad, no obstante, las rachas de viento, una vez dentro del vehículo, pueden desembocar en un accidente si no estamos lo suficientemente concentrados.
A pesar de los esfuerzos de mejorar la aerodinámica de los vehículos, estos siguen siendo muy sensibles a las rachas espontáneas que sorprenden al conductor. Los peligrosos efectos del viento se hacen notar al cruzar bajo un puente, salir de un túnel, circular junto a edificios aislados, abandonar el cobijo de un bosque o efectuar adelantamientos a vehículos largos y voluminosos (camiones, autobuses...).
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Una racha de viento fuerte puede producir varios efectos en el vehículo que pueden hacer cambiar su dirección de forma repentina, reducir el agarre de los neumáticos e incluso volcar el vehículo de grandes dimensiones, según informa Jaime González, profesor de la Escuela de Conducción Encar al diario ABC.
Precaución ante el viento
“Prevenir una ráfaga de viento es prácticamente imposible, porque se producen de forma inesperada”, ha indicado Jaime González. “Por lo tanto, lo que tiene que hacer el conductor una vez le haya alcanzado la ráfaga es mantener la sangre fría en la medida de lo posible”, ha explicado.
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“Lo fundamental es sujetar el volante con firmeza y contrarrestar la fuerza que ejerce el viento, es decir, que si nos empuja hacia la derecha tenemos que girar, siempre con suavidad, hacia la izquierda, y viceversa”, ha asegurado Jaime.
Por otra parte, Jaime advierte de prestar máxima atención al acelerador, porque la acción de levantarlo o frenar puede ser peligrosa. “Si sueltas el acelerador de golpe el motor va a retener. Con el freno de motor el coche va a cargar más peso delante y puede que se levante la parte trasera provocando un sobreviraje”, ha comentado. Ante todo, la recomendación del profesor de “actuar con suavidad” es la que predomina por encima del resto.
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Además, hay que tener en cuenta que “cuanta más superficie tenga el coche, mayor nos va a influir el viento, por ejemplo, en un monovolumen se nota más que en un coche de menor altura”, ha dicho González.
Lugares peligrosos
El viento verdaderamente peligroso suele ser el racheado, con repentinas sacudidas y esto se notará en la trayectoria y suspensión del vehículo, pudiendo provocar balanceos que desestabilicen al coche. Además, el viento se puede meter por debajo, creando un efecto de elevación de la carrocería si se circula a una velocidad elevada, ya que reduce el agarre de las ruedas.
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Los lugares a los que más atención hay que prestar para no sufrir las consecuencias son los puentes, el final de las veredas de los bosques y las salidas de los túneles. Para evitar llevarnos algún susto, lo más prudente es anticiparse y moderar la velocidad.
En días en los que notemos que el viento sopla con fuerza, o tan pronto como notemos los primeros bandazos, “el mejor antídoto es aminorar la velocidad, ya que los cambios de dirección serán menos críticos”, ha afirmado Jaime. “Las rachas de viento se notan sobre todo en la dirección, con ligeros cambios que hay que corregir con el volante para mantener la trayectoria dentro del carril”, ha asegurado.
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Otra de las situaciones críticas se puede producir a la hora de adelantar un camión. “En este caso debemos prever la posible existencia de ráfagas de viento lateral que alteren la trayectoria del vehículo”, ha indicado el profesor. El camión puede hacer de escudo mientras circulamos a su lado en la maniobra de adelantamiento. En esta situación hay que sujetar el volante con firmeza para evitar cambios bruscos en la dirección.

Las motos
Las motos son especialmente sensibles al viento. Ya no existe una carrocería que nos protege, sino que son los conductores los que tiene que soportar la fuerza del viento “sin escudo”.
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Si el viento viene de cara, “lo que debe hacer el conductor es esconderse bajo la cúpula (como en Moto GP), agachando el torso y la cabeza hacia el depósito. Esta posición es más aerodinámica y con ella se consigue que el viento no golpee con tanta fuerza el cuerpo”, ha explicado Jaime.
Pero si el viento es más lateral, además de “escondernos”, “es positivo que inclinemos la cabeza y los hombros hacia el lado desde donde viene el aire”, ha indicado el profesor. De esta manera se equilibra todo el conjunto (moto y cuerpo) con la fuerza del viento.
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Cabe la pena recordar que, “cuanto más rápido se vaya, mayores serán las consecuencias del viento”. Por eso, al menor indicio de ráfagas de viento, reducir la velocidad para no sufrir tanto el golpe del aire y evitar un accidente debe ser la prioridad.
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