
Tras seis años sin subirse a un escenario en España, Luis Miguel se encuentra cumpliendo con creces, todas y cada una de las citas programas en su tour por diferentes ciudades de nuestro país. Hace unos días ofreció un multitudinario concierto en Madrid, donde se entregó y cautivó a su público.
Esta semana, los eventos tenían lugar en Barcelona, donde ha ofrecido dos actuaciones consecutivas, una la noche del miércoles, 17 de julio, y otro el jueves, 18 del mismo mes. Y, mientras él recibía el caluroso cariño del público, desde el otro lado, le observaba con una mirada de amor y orgullo Paloma Cuevas, quien no se ha perdido ni una sola actuación de su gira por España.
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Su último show en la ciudad condal ha sido especial, no solo por el hecho de llenar el Palau de Sant Jordi y volver a saborear el éxito tras su primera noche, sino por la inesperada visita que tuvo justo después. En medio de una gran expectación y luciendo la mejor de sus sonrisas con gafas de sol oscuras, el ‘Sol de México’ se paraba a las puertas del Hotel Mandarín Oriental para realizar un gesto con la mano y saludar a algunas de las fans que le esperaban a su salida.

Acto seguido, la pareja se subió al coche que le esperaba a muy pocos metros de la puerta del hotel para marcharse al polideportivo de la región catalana entre fuertes medidas de seguridad. En el interior del vehículo, se encontraban Rosa Clará y su marido, Josep Artigas, quienes esperaban pacientemente la salida del cantante y su novia. Charlando con otros acompañantes que viajaban en la parte trasera del mismo coche, la empresaria y su pareja demostraban la maravillosa relación de amistad que comparten con ellos.
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Una grata sorpresa
Tras el show, Luis Miguel y Paloma se despidieron de todos los asistentes al concierto, que reunió una masa de casi 18.000 personas. Fue entones cuando el artista se reencontró con su hija, Michelle Salas. Tanto la pareja como la joven llegaron a la zona de vuelos privados del aeropuerto de la ciudad condal en coches diferentes.

Mientras que las personas de seguridad que les rodeaban intentaban impedir que se captara ninguna imagen de ellos, Michelle y Luis Miguel se saludaban con dos besos y un efusivo abrazo ante los ojos de la modelo que observaba el momento muy sonriente. De lo más sonrientes y cercanos, los tres compartieron algunas risas y confidencias hasta tener todas sus pertenencias dentro del avión y todos los detalles del vuelo preparados para emprender su viaje.
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El emotivo reencuentro padre e hija no ha pasado desapercibido debido a que, durante un tiempo, ambos estuvieron distanciados. Sin embargo, parece ser que sus diferencias han quedado atrás, pues actualmente su relación es mucho más cercana.
La hija del mexicano, fruto de su relación con Stephanie Salas, lleva varios días en Barcelona cumpliendo con diversos compromisos profesionales, tal y como ella misma ha dejado entrever a través de sus redes sociales. Aprovechando que su padre daba un concierto, no dudó en sorprenderle al finalizar su actuación. Lo mismo hizo hace unos días, cuando asistió al concierto que daba el artista en el Santiago Bernabéu.
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