
“Después de las elecciones españolas, vino un diputado del Congreso a proponer que habláramos. Un diputado llamado Carlos Floriano (PP) se dirigió a Teresa Jordà”, de ERC, con la intención de negociar la investidura de Alberto Núñez Feijóo. Así lo ha asegurado la secretaria general de los republicanos, Marta Rovira, en una entrevista concedida este martes a La2 y Ràdio4 . “Ellos querían una mayoría y nosotros les respondimos que nosotros no hablamos con el PP. Que gracias, pero que no”, ha sostenido Rovira. Génova, muy tajante, lo niega: “El PP nunca ha entablado conversaciones o negociaciones con ERC en el marco de la investidura. Nunca”. Defiende que Floriano “comentó a una diputada de ERC de manera informal y coloquial en el mes de agosto que deberían dejar gobernar a la lista más votada. Sin más”.
El PP ha cerrado filas en un momento altamente sensible. Por la razón que fuere, el viernes trasladó a los medios de comunicación que el pasado verano valoró amnistiar a Carles Puigdemont -a condición de publicarlo durante la ceremonia de entrega de los premios Goya y cerca de la medianoche- o que cree improbable que vaya a poder demostrarse el delito de terrorismo. Los analistas hablan de voladura controlada, de que Génova se ha adelantado a Junts tras el amenazante “todo se sabrá” de Puigdemont. El domingo, Alberto Núñez Feijóo se desmintió a sí mismo y ha acabado achacando la polémica no solo a la oposición, sino también a los medios que se limitaron a trasladar palabra por palabra y en el momento acordado la información que el partido les hizo saber. Hay elecciones en Galicia y no caben más errores forzados. Según sondeos, no se ha dicho la última palabra y en torno a un 30% de los llamados a las urnas no ha decidido aún su voto.
Así las cosas, el PP exhibió este lunes el resultado de un duro trabajo interno. Y exitoso. Todos sus dirigentes ante un micrófono sonaron igual, del líder hacia abajo. Esto incluye a Isabel Díaz Ayuso y a Juanma Moreno, fundamentales para la buena salud y cohesión del partido. Y no hubo falla. Núñez Feijóo cuenta en estas horas críticas con sus dos principales presidentes autonómicos, ambos con amplia mayoría absoluta. Alfonso Rueda necesita otra para seguir gobernando y su partido al completo se está volcando por la causa. Y tratando de zanjar el asunto, este lunes por la noche, en un mitin en Marín, en Pontevedra, Núñez Feijóo proclamó: “Yo no soy Pedro Sánchez. Yo no acepto la amnistía ni la aceptaré. Yo no acepto los indultos ni los aceptaré”. Lo que no ha podido evitar es que a las gallegas se les haya puesto cara de generales y se juegue algo más que la Xunta. El PSOE (se) ha encontrado (con) la forma de desarticular largos meses de férrea oposición.
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El foco en Barbate
Para el PP, además de un contratiempo, es un reencuentro con el fantasma de las elecciones pasadas. Las del 23 de julio. La recta final de la campaña, en particular la última semana, Sánchez remontó por aciertos propios y errores ajenos. Los más sonados, con Correos o las pensiones, con su ausencia en uno de los debates o la entrevista de Silvia Intxaurrondo como actos centrales. Si la suerte de Núñez Feijóo ya estaba ligada a la de Rueda, por ser antecesor y por lo que se está volcando en su tierra, después de este sábado el vínculo es aún mayor, con lo que eso supone. De cara a afuera -internamente hay “desconcierto”- hay calma, pero nada hace prever que ésta continúe si el 18 de febrero el centro-derecha pierde uno de sus bastiones. La mayor amenaza no es el PSOE, que en este caso aspira a engordar los escaños de la izquierda. La baza ganadora en este bando es el BNG, con Ana Pontón como candidata.
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Antes que en Marín, Núñez Feijóo estuvo en Barbate, lugar el viernes del brutal asesinato de dos guardias civiles a manos de narcotraficantes. David Pérez Carracero, barcelonés de 43 años, y Miguel Ángel González Gómez, gaditano de 39. Fernando Grande-Marlaska está señalado: los agentes en la zona, con iguales condiciones laborales que en cualquier otro punto del territorio, carecen de los recursos para enfrentar el enorme problema, además de las del resto, proteger sus propias vidas. La viuda de Pérez Carracedo se opuso a que el ministro del Interior condecorara al servidor fallecido. La conmoción por el crimen apunta al Gobierno y el PP lo está subrayando, queriendo quitarse el foco de encima. Pide la dimisión o el cese de Grande-Marlaska y apunta más alto: “Parece que hay una zona de España en la que el Estado se ha humillado y ha renunciado a ejercer sus competencias de Seguridad Ciudadana”.
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