
La Lotería de Navidad está repleta de curiosidades. Este es uno de los sorteos más importantes y populares de todo el país, no solo por la cantidad de dinero que reparte, sino porque se celebra en el plenas fiestas y tiene un alto componente cultural. La historia de los bombos se remonta varios siglos atrás. La primera vez que la Lotería en Navidad entró en nuestras casas fue el 18 de diciembre de 1812 en Cádiz, durante la Guerra de la Independencia. El sorteo tiene un largo recorrido y arrastra grandes anécdotas, como que en 1938 hubo dos primeros premios.
La nomenclatura actual tardó un poco más en llegar. La primera vez que el juego recibió el nombre de Sorteo de Navidad fue el 23 de diciembre de 1892. Con el cambio de siglo, los agraciados con el primer premio, dotado con un cuarto de millón de pesetas, tenían por delante todo un mundo de oportunidades. La cantidad no solo era suficiente como para comprar varias casas, sino que los afortunados también podían guardar parte del dinero para adquirir los recién llegados automóviles. Los bombos de la Lotería de Navidad no fallaron ni siquiera durante la Guerra Civil.
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Un año antes del conflicto, el precio del décimo era de 100 pesetas —60 céntimos— y el primer premio, de 1,5 millones. Durante la década de los 60, olvidada prácticamente la posguerra, España comenzó a abrirse al mundo. Los boletos empezaron a subir de precio y también la vida se encareció. El décimo de la Lotería de Navidad costaba en 1978 —primer año de la Constitución— 2.000 pesetas, mientras que el premio era de 20 millones. Medio siglo después, cada número cuesta 20 euros y El Gordo está dotado con 400.000 euros por boleto.
¿Por qué hubo dos premios Gordos en 1938?
La Guerra Civil, lejos de interrumpir el sorteo, derivó en dos celebraciones paralelas y un auténtico caos para los jugadores. La Lotería de Navidad, pese al conflicto armado, se continuó celebrando, por sorprendente que parezca. Los ingresos de las arcas públicas eran tan elevados que mantenerlos resultaba crucial para dotar de recursos a los ejércitos durante la guerra. En 1938, pocos meses antes del final de la contienda, cada bando organizó su propio sorteo navideño. El bando republicano lo celebró en Barcelona, mientras que los sublevados lo hicieron en Burgos. La hemeroteca de la prensa de la época permite revivir a través de las imágenes este hecho inaudito.
El 22 de diciembre de 1938, Burgos acogió el sorteo del bando nacional. El número agraciado fue el 36.758, que cayó en Málaga. La Ciudad Condal acogió el sorteo del bando republicano, que se celebró en una cafetería de La Rambla. El número agraciado fue el 22.655 y se vendió íntegramente en Barcelona. En 1939, tras la Guerra Civil, el sorteo de la Lotería de Navidad regresó a Madrid y se siguió celebrando con normalidad hasta la fecha.
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