
Ana Obregón ya está en Mallorca. Como ya es tradición, la presentadora ha viajado hasta el archipiélago balear para disfrutar de sus vacaciones de verano, de las que se puede decir que son las más especiales en mucho tiempo. El motivo no es otro que Ana Sandra, su nieta, pues esta es la primera vez para la niña en la casa familiar, la misma en la que su padre biológico, Aless Lequio, pasó tantos y tan buenos momentos.
Para proteger a la niña de las miradas indiscretas, la bióloga ha optado por alquilar un avión privado que las ha llevado a ambas hasta la isla, tal y como desvela Semana en su último número. La discreción seguirá marcando el resto de su estancia ya que se alojarán en El Manantial, la casa familiar de los García Obregón.
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En los años 60, el padre de Ana, Antonio García, mandó levantar esta lujosa vivienda en uno de los acantilados de la Costa de los Pinos, a 1.000 metros sobre el mar y con unas fantásticas vistas a la Cala Millor. Desde entonces, es el refugio de sus descendientes, especialmente de la actriz, quien ha pasado muchos de los veranos de su vida allí. También fue donde se guarneció tras la muerte de su hijo, Aless Lequio, encontrando consuelo en la unión azulada del cielo y el mar.
La vivienda ocupa una superficie de 8.000 metros cuadrados y es el resultado de la unión de tres fincas, en ellos se levanta la casa, de más de 1.000 metros cuadrados y dividida en siete dormitorios -cada uno con su propio cuarto de baño-, cocina, salón y otras zonas comunes. Buena parte de las ventanas tienen orientación al mar, lo que sin duda es un plus.
A través de sus redes sociales y a lo largo de los años, Ana ha mostrado especialmente dos de las estancias: su dormitorio y la terraza. Su cuarto es de aspecto sencillo, tiene una gran cama, una mesilla de noche presidida por una fotografía en la que aparece con Álex, un sillón y una mesa de trabajo. Lo mejor es que tiene acceso directo a la terraza, desde la que se puede ver el Mediterráneo.
Pero lo mejor está en la planta baja, donde se ubica la piscina y otra terraza, ésta mucho más grande, con más de 250 metros de longitud y vistas panorámicas a la Cala Millor. Está decorada con cómodos sofás, tiene también una zona de comedor, solarium y un chill out en el que relajarse.
“Mi padre construyó esta casa hace cuarenta años y se ha ido ampliando con el paso del tiempo, pero sin romper la estética, toda blanca y con suelo azul turquesa”, ha dicho Ana sobre ella en alguna ocasión. Sobre la flora, la actriz ha contado que “en el interior permanecen todos los pinos centenarios que había en el terreno”, aunque muchos de ellos se cayeron tras un huracán que hubo hace una década. También hay un huerto meditrerráneo con naranjos, olivos y granados.
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