
La renovación del acuerdo bilateral entre Estados Unidos y El Salvador para la protección del patrimonio cultural no solo representa la continuidad de un compromiso conjunto, sino también un refuerzo que llega en un contexto especial: en el marco de las celebraciones por los 250 años de independencia estadounidense, el memorando se erige como símbolo de cooperación internacional y modelo para la región, consolidando la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales y el desarrollo de nuevas oportunidades para el país centroamericano.
La ampliación reciente del memorando, que estará vigente hasta 2030, subraya que este acuerdo es el más antiguo de su tipo en América, según enfatizó el Ministerio de Cultura salvadoreño durante la ceremonia de aniversario.
El Salvador fue el primer Estado que firmó un convenio de este alcance con Estados Unidos en 1995, bajo el marco de la Convención de la UNESCO de 1970.
La ministra de Relaciones Exteriores, Alexandra Hill, subrayó en su intervención que la prórroga de este pacto “sirve de modelo no solo para Centroamérica, sino para América Latina y el mundo.” Hill añadió que la cooperación bilateral no busca beneficios materiales para Estados Unidos: “¿Qué ganan ustedes investigando para después devolvernos nuestro patrimonio? Nada. Nos devuelven, nos enriquecen. Y por eso son nuestros mejores socios”, dijo la ministra de Relaciones Exteriores, Alexandra Hill, durante el acto conmemorativo.

Durante los últimos cinco años, el memorando ha facilitado la devolución de piezas arqueológicas e históricas, el refuerzo del atractivo turístico nacional y la generación de ventajas económicas. Naomi Fellows, Encargada de Negocios de la Embajada de los Estados Unidos en El Salvador, recalcó el impacto tangible de la cooperación, al afirmar: “Gracias a este memorándum, las autoridades estadounidenses han podido prevenir la importación ilegal de artefactos salvadoreños y facilitar la repatriación de valiosos objetos culturales a El Salvador por más de tres décadas.”
Fellows ilustró la efectividad del acuerdo con el caso de una colección de piezas arqueológicas recuperadas en 2024: fruto de una investigación de seis años, las piezas fueron interceptadas en un puerto de entrada estadounidense y luego repatriadas gracias a la colaboración entre las autoridades aduaneras, la Fiscalía General de la República y el consulado de El Salvador en Chicago. La funcionaria estadounidense subrayó el alcance del convenio, al señalar que “preservar estos artefactos permite que las generaciones de hoy y de mañana conozcan más profundamente quiénes fueron sus antepasados y cómo estos han dado forma a El Salvador moderno.”
El acuerdo establece requisitos estrictos para ingresar bienes culturales salvadoreños en territorio estadounidense. El Departamento de Estado debe exigir pruebas de propiedad legal para todo artefacto proveniente de El Salvador. Dado que la legislación salvadoreña prohíbe la comercialización de piezas arqueológicas e históricas, la falta de documentación válida convierte en ilegal cualquier importación.
Además, se han implementado mecanismos para restringir la entrada de objetos religiosos y materiales arqueológicos, facilitar el retorno de los encontrados en Estados Unidos y promover programas de intercambio científico y educativo.

El Ministerio de Cultura, guiado por Raúl Castillo, reiteró la importancia de la coordinación interinstitucional para obtener resultados efectivos. Castillo señaló que el memorando “es, ante todo, un ejercicio de transparencia institucional y de reafirmación política de un acuerdo vigente que expresa una convicción compartida.” Destacó la coordinación con entidades nacionales como la Policía Nacional Civil, la Fiscalía General de la República, la Dirección General de Migración y Extranjería y la Iglesia Católica. Mencionó también el apoyo clave del Centro de Patrimonio Cultural del Departamento de Estado de Estados Unidos en materia técnica e institucional.

En el plano operativo, el memorando fomenta la cooperación en la prevención del tráfico ilícito de bienes culturales, el fortalecimiento de capacidades institucionales y la posibilidad de repatriar objetos culturales que son patrimonio irrenunciable para El Salvador. Así lo reconoció el ministro Castillo, al precisar: “La repatriación de piezas arqueológicas logradas en 2010 y más recientemente en 2024 es una muestra concreta de lo que esta cooperación puede alcanzar.”
Este acuerdo no restringe el intercambio cultural legítimo. Según las autoridades salvadoreñas, promueve el préstamo y la investigación académica bajo normativas legales y éticas. El acto conmemorativo sirvió como escenario para reafirmar el mensaje de que la protección del patrimonio cultural debe ser una responsabilidad compartida y “una inversión en la memoria histórica de todos nuestros pueblos”, tal como expresó el ministro Castillo.
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