
La duda, entre el trabajo enviado y la posibilidad de su defensa. Un círculo que cada vez tiene mayores preguntas para los docentes que deben evaluar trabajos impecables que no encuentran su correlato en una defensa oral, más allá de nervios entendibles.
En un momento donde se espera que el mercado de la inteligencia artificial educativa alcance los 12.300 usd millones globales en 2026 (HolonIQ), creer que la IA generativa no impacta en las aulas y los aprendizajes solo puede ser tarea de un necio.
Si bien, se espera que los sistemas de aprendizaje adaptativo mejoren en hasta un 42 % el rendimiento académico (Carnegie Learning); lo cierto es que la evaluación de ese rendimiento está en pleno ojo de la tormenta. El examen oral, una práctica milenaria, atraviesa un “renacimiento” como prueba del conocimiento real.

Oral 1, IA 0
La Universidad de Cornell, en Nueva York, sorprendió al potenciar el taller institucional llamado “Oral Assesment Workshop” impulsado por el Centro de Innovación Docente para capacitar a evaluadores en tomar exámenes orales en tiempos de la IA.
Fue el profesor de dicha institución, Chris Schaffer quien dijo una frase que retumbó en las aulas y fuera de ellas: “No vas a poder pasarla con la IA en un examen oral”; haciendo que sus 70 estudiantes deban inscribirse en sesiones de 20 minutos de evaluación/ interrogatorio socrático para poder dar cuenta de sus conocimientos adquiridos en el área de ingeniería biomédica.
Los “interrogatorios” se realizan luego de la entrega de trabajos escritos que no son evaluados hasta que no encuentran su correlato de argumentación oral. Incluso otro profesor de Cornell transformó el examen final por “conversaciones finales”; llevando el momento de evaluación oral al centro del final del aprendizaje.
En la Universidad de Pennsylvania, combinar exámenes orales con escritos pasó a ser una nueva práctica habitual y muchos de sus profesores indican que no se trata solo de rastrear fraudes académicos sino también de recuperar habilidades de comunicación claves para el nuevo mundo que vivimos.

Impacto laboral
Esta crisis en la verificación de saberes en las aulas universitarias también se trasladó a las entrevistas laborales donde muchos profesionales no podían sostener en diálogo aquello que sí parecían conocer en pruebas de evaluación.
En 2026, la plataforma CodeSignal publicó información que reveló que el fraude en evaluaciones técnicas había pasado del 16 al 35% en tan solo un año; una realidad que también tocó- irónicamente- de cerca a la empresa Anthropic creadora de Claude, una IA generativa que también ayudó a candidatos no idóneos a escalar en las propias búsquedas laborales de la empresa.
El diálogo y el seguimiento de respuestas en tiempo real, en la búsqueda de empleo, también se encuentra en sinergia con lo que ocurre en las aulas a la hora de enfrentar la IA como una herramienta de fraude.

IA, una realidad que llegó para quedarse
La economía de la inteligencia artificial en la educación posee un crecimiento anual sostenido desde 2022 que supera el 30 % y la adopción de la misma también es sostenida alcanzando hasta un 71% en las instituciones de educación superior para el 2026 (ECAR).
Más allá del temor al fraude y la pérdida del rumbo en la excelencia, la inteligencia artificial abre nuevas oportunidades en la gestión del alumnado y docentes al medir cuestiones como bienestar, comprensión, y adaptar contenidos a perfiles neurodiversos como estudiantes con TDAH o dislexia; entre otros.
En el reciente informe del OECD Digital Education Outlook 2026, se documentó en una muestra realizada en Turquía con GPT-4 que el rendimiento de los estudiantes mejoró- en el corto plazo- en hasta un 48 %, y que en el caso del formato tutorial la mejora se encontró en el 100% de los casos. Sin embargo, una vez que se quitó el acceso a la herramienta como apoyo la caída del rendimiento de los estudiantes fue de hasta un 17% con respecto a quienes habían aprendido sin IA; dejando en evidencia que el aprendizaje profundo y la IA todavía tienen mucho que negociar.

Verdad y virtud
El retorno de lo oral -que nunca se fue de la academia, pero que había ido perdiendo ciertos privilegios- podría ser muy bien visto ante los oídos socráticos.
Si bien, la IA puede generar respuestas orales y además existen herramientas que pueden facilitar ciertos fraudes incluso en un contexto de vivo y directo; lo cierto es que la comunicación oral mantiene un nivel de responsabilidad humano y ético que por el momento ninguna tecnología puede emular.
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