La historia de Ignacio Bejarano está unida a la de la Fundación La Pradera: “Yo soy el director de la organización”, dijo, “peroy empecé como caddie hace más o menos 26 años. Llegué como uno de ellos y logré formarme. Primero me formé en un tema social y después hice Derecho y hoy en día tengo el honor de liderar la organización. Conozco todo el rol”.
Ese trayecto personal es reflejo de la lógica de La Pradera: acompañar, dar herramientas y mostrar que es posible proyectar un futuro distinto. “Lo primero es invitarlos a soñar. Nuestros países tienen dificultades, pero también tienen oportunidades maravillosas. La actitud es muy importante, hay que capacitarse, hay que estudiar, hay que relacionarse bien.”
La fundación nació vinculada a un club residencial en La Calera y hoy llega a unas 4000 familias de la zona. Los programas abarcan desde la primera infancia hasta la universidad. “Principalmente son estudiantes de primaria, niños entre los cinco y los 14 años, donde estamos desarrollando un programa de formación en habilidades digitales. Estamos hablando de colegio público, de niño de extracto rural y de condiciones económicas un poco difíciles, donde en una misma aula estudian los niños de primero a quinto con una sola docente. Entonces a estos niños lo que estamos llevándoles son habilidades digitales.” A eso se suman becas de educación superior: “Llevamos graduados cerca de 300 personas como profesionales, ahorita hay 150 estudiando.”
El deporte es otro eje. Muchos jóvenes llegan a la fundación trabajando como caddies. “Uno de los requisitos en nuestra organización para cumplir esa función es estar estudiando. Definitivamente el deporte, además de juntarnos, porque en un campo deportivo somos más iguales en todas las condiciones, nos permite también desarrollar muchas otras habilidades. Es un articulador maravilloso.”
La sustentabilidad se construye sobre la confianza. “Nuestro activo más importante es el nombre. Nosotros somos una comunidad de 700 familias que nos inyectan recursos, que creen en nosotros. Hay empresarios que nos apoyan. ¿Y nosotros qué hacemos? Informar permanentemente y sobre todo, tratar de optimizar los recursos y destinarlos para lo que es. Cada proyecto que iniciamos genera un compromiso en el tiempo. Por ejemplo, cuando una persona llega a nuestra organización a que le ayudemos a pagar la universidad, tiene la expectativa de que lo acompañemos durante toda la carrera, no lo podemos dejar colgado.”
El esquema incluye acompañamiento psicológico, seguimiento académico y un principio de corresponsabilidad: “Siempre el beneficiario tiene que poner una parte por principio en todo lo que hacemos. Y cuando se gradúa queda con un pasivo con nosotros, con una deuda de préstamo de honor. Hoy por hoy el 80% va a regresar. Hemos convertido esto no solo en un grupo de personas que hacen un aporte económico, sino en una comunidad. El mensaje es: lo que tú regreses es lo que nos permite seguir ayudando a los que vienen detrás.”
Ese vínculo se mantiene en el tiempo. “Vamos a hacer el 6 de octubre un evento que se llama el Torneo Acción de Gracias. Los beneficiarios que ya están en el mundo laboral vienen y juegan un torneo de golf. Hacemos un almuerzo con ellos y el torneo lo que permite es recaudar fondos para el programa de educación. Tratamos de generar una cultura del trabajo en comunidad: hoy te ayudo, mañana tú puedes ayudar a otros.”
Sobre el papel del Estado, Bejarano aclaró que la fundación es independiente pero abierta a colaborar. “Tratamos de no depender mucho de los gobiernos locales. No pretendemos reemplazarlos, pero sí trabajar de la mano hasta donde se pueda, que estén enterados de lo que hacemos para no duplicar esfuerzos. Encontramos, por ejemplo, que el gobierno en un momento montó un aula inteligente con un computador, una impresora 3D y kits de robótica, pero los profesores no sabían utilizarlos, no había internet. Entonces lo que hacemos es tratar de ayudar a que eso salga adelante. Ya el gobierno hizo un esfuerzo, no lo sostuvo, pero quedémonos con lo bueno y avancemos.”
Cuando se le preguntó por el futuro de la educación, Bejarano fue categórico: “Ya cambió, ya la educación es diferente. Hoy día los programas de cinco años ya no son atractivos para los muchachos, no son eficientes. Esto cambió y cambió a programas mucho más cortos, de competencias puntuales. El tema de la inteligencia artificial, que es un aliado para nosotros maravilloso en todo este tema de formación, está transformando. Y esto nos está llevando a que yo creo que hay que volver a la base, hay que volver a lo humano, a los principios, al trabajo en equipo. Porque las máquinas nos van a resolver cada vez más líos, pero esas máquinas necesitan esa condición humana detrás para que realmente la educación logre lo que debería lograr. Y es mejores seres humanos, mejores personas, mejores familias, una mejor humanidad al final.”
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