
Santiago Bermúdez es Director de Estrategia de Ticmas
A pocos días de que se cumplan dos años del inicio de la pandemia, es evidente que las consecuencias son muy grandes en todos los niveles. En el terreno educativo, lamentablemente el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio tuvo un impacto negativo en la trayectoria escolar de los niños, niñas y adolescentes. Según Unicef, en el 6% de los hogares argentinos al menos uno de los niños o niñas interrumpió su proceso educativo durante 2020, lo cual equivale a aproximadamente 357.000 estudiantes que no continuaron con su proceso pedagógico. Eso no es todo, para 2021 se estima que la cifra ascendió a 690.000 estudiantes que no pudieron dar continuidad a sus clases.
En este marco y frente a tantas dificultades a la hora de dar continuidad al ciclo escolar, los docentes se mostraron altamente resilientes. Pues, a través de la capacitación en nuevas tecnologías, aprendieron de forma rápida y efectiva sobre el uso de todo tipo de herramientas que les permitiera continuar el año lectivo, más allá de las dificultades que la situación epidemiológica evidenciaba. Lo mejor de que los docentes se hayan capacitado en tantas herramientas contrarreloj, es que hoy por hoy las aprovechan no solo en las instancias de no presencialidad, sino también en las de presencialidad, comprendiendo la tecnología como una herramienta de gran utilidad dentro y fuera del aula.
Fue de suma importancia replantearse la forma de acompañamiento por parte de las empresas tecnológicas, se hizo necesario trabajar de forma interdisciplinar en la formación de los docentes y demás miembros de la comunidad educativa en todo tipo de herramientas que facilitaran la virtualidad. Claramente había algo dentro de la ecuación que no se estaba haciendo de forma correcta respecto de la adopción de las herramientas, y la pandemia permitió cambiar la fórmula y obtener resultados cada vez más satisfactorios.

No obstante, hay un componente de la presencialidad que no se puede igualar. La experiencia vivencial, el cara a cara de los estudiantes con sus docentes y sus pares constituye una experiencia única para el proceso de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo, el emular esta experiencia, dejando a un lado los miedos por los constantes avances de la tecnología, no solamente en contextos áulicos, enriquece el proceso de aprendizaje de los estudiantes en un entorno de constante cambio. Y son justamente los docentes quienes siempre están un paso adelante del sector público e incluso de las plataformas tecnológicas, para acompañar de la mejor forma posible a sus estudiantes.
Es muy importante resaltar cómo los docentes están bajando esa nueva realidad que vivimos a los niños y niñas, promoviendo en ellos el desarrollo de habilidades blandas como el trabajo en equipo, el pensamiento crítico, el aprender a aprender, entre otros. Es interesante cuestionarnos de qué manera podemos analizar todo lo que pasó durante estos casi dos años, y llevar ese aprendizaje a lo vivencial, creando, como docentes, entornos educativos más allá del aula en el colegio o el meet en la virtualidad que ayude a salir de las clases magistrales, rompiendo con ese modelo educativo tradicional.
La realidad es que más que mirar el futuro, hay que pensar y actuar en el presente con los estudiantes que están cursando hoy y sin lugar a dudas, el Aprendizaje Basado en Proyectos es una de las nuevas metodologías del mundo educativo que desarma ese modelo tradicional de las clases magistrales. A través del ABP, los docentes de las distintas disciplinas pueden encontrar la forma de interactuar entre ellos para que los estudiantes lleven adelante un proyecto transversal a las diferentes temáticas, saliendo de la lógica de las asignaturas tradicionales y haciendo uso de la tecnología para generar nuevas formas de enseñar y aprender.

La pandemia nos hizo realzar aún más el valor de la escuela como espacio, no solo como ese espacio que ordena la vida en sociedad de los niños, niñas y adolescentes, sino también como un espacio de contención, de desarrollo en la comunidad por parte de los estudiantes, ese espacio de vivencia de la vida fuera de casa y todas esas experiencias que parecen irremplazables de la presencialidad. Pero es ahí, donde la innovación toma fuerza y los docentes se observan en su cotidianidad, repensando qué de los antiguos modelos educativos vale la pena que siga vigente y sobre qué se quiere hacer la diferencia, motivando y convocando a los estudiantes, proponiéndoles estrategias y desafíos vivenciales que les permitan redescubrirse todos los días.
Todo esto, teniendo en cuenta los procesos personalizados de aprendizaje, favoreciendo el desarrollo genuino de los estudiantes, respondiendo a sus necesidades, respetando sus tiempos y trabajando por una educación vivencial y de calidad, posicionándose desde un lugar empático, ayudándolos a gestionar sus emociones, establecer acuerdos, practicando la comunicación asertiva y sobre todo, fomentando espacios de aprendizaje ricos en estímulos y que resulten distendidos para los niños y niñas.
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