
Después de las vacaciones de invierno, se anunció un regreso paulatino a la presencialidad plena en las escuelas. Tras un 2020 signado por la modalidad remota y una primera mitad de 2021 con asistencia alternada y cierres intermitentes, el panorama parecía allanarse a partir de la vuelta del receso invernal. Sin embargo, más de la mitad de las escuelas públicas no pudieron garantizar clases 100% presenciales entre agosto y septiembre.
Los datos surgen de un nuevo informe del Observatorio Argentinos por la Educación, con autoría de Sandra Ziegler (FLACSO), Gabriela Catri, Martín Nistal y Víctor Volman del Observatorio. El documento toma una muestra representativa de escuelas primarias estatales a partir de una encuesta a las familias.
Ante la consulta por la modalidad de clases en los últimos 15 días, las respuestas de las familias entre fines de agosto y mediados de septiembre arrojaron una disparidad marcada. En concreto, un 46,5% de las escuelas tuvieron una modalidad enteramente presencial durante el período relevado, mientras que 47,5% de los colegios continuaron con una modalidad combinada y un 5,6%, totalmente virtual.

“Esta situación arrojará, al igual que el año pasado, disparidades en las trayectorias estudiantiles y en los aprendizajes logrados y pendientes. Al mismo tiempo será más pronunciada la brecha entre quienes han tenido mayor frecuencia de aprendizajes y un retorno más temprano a las escuelas. El proceso de retorno demanda tiempo, nuevas adaptaciones y la recuperación de las rutinas y aprendizajes que han resultado inestables durante el período de suspensión de la asistencia a las escuelas”, explicó Ziegler a Infobae.
Si bien el informe consigna que hubo un aumento de la presencialidad tras el receso, también reporta que muchos chicos no volvieron a la escuela todos los días de la semana. El formato que predominó a lo largo de 2021 fue el bimodal. Solo 1 de cada 10 escuelas (10,6%) tuvo clases totalmente presenciales desde principios de año. La gran mayoría de los chicos tuvo jornada simple, es decir, asistió 4 horas por día a la escuela.
La segunda ola de COVID-19 llevó a que también se decretaran cierres totales que, en algunos casos como en la provincia de Buenos Aires se extendió por más de dos meses. La mayoría de las escuelas (75,7%) debió suspender la presencialidad en 2021. Entre ellas, 2 de cada 10 debieron cerrar sus puertas por un bimestre o más debido a las restricciones.

Pese a los cierres intermitentes, hay consenso entre las familias de que el 2021 fue mejor en términos educativos que el 2020, año en que solo un porcentaje ínfimo de los alumnos pudo retornar a la escuela. Con respecto a la pospandemia, 7 de cada 10 padres prefieren que la escuela vuelva a ser únicamente presencial, pero también -y el dato llamó la atención de los investigadores- un 23% preferiría continuar con una bimodalidad, que también contenga una para virtual.
“Un 28% de las familias encuestadas preferirían que sus hijos continúen estudiando en una modalidad escolar que combine algún tipo de presencialidad y virtualidad, o directamente en modalidad virtual. Este resultado hubiese sido impensado en 2019, antes de la pandemia. En principio indicaría que hay mucha gente que tuvo una experiencia positiva, y que entiende que parte de esta experiencia debe sostenerse en el tiempo”, sugirió Mariano Narodowski, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y académico asociado a Argentinos por la Educación.
Para Ziegler, la coautora del estudio, el dato indica que la experiencia educativa de la pandemia abre nuevas posibilidades para cuando la situación sanitaria se normalice. Plantea que algunos padres no quieren volver a la escuela de 2019, sino a una experiencia integral, aunque aclara: “Cualquier iniciativa de esta naturaleza debe cuidar que no se incrementen las condiciones de desigualdad”.
Por su parte, Flavio Buccino, maestro y especialista en gestión educativa, habla de un nuevo pacto escuela-hogar. “La pandemia mostró el lugar central de la escuela para enseñar pero también para organizar la vida económica, social y cultural de las familias. Las familias pasaron a hacerse cargo de cosas que en prepandemia realizaba la escuela y es muy posible que no estén dispuestas a borrar la tradicional frontera entre ambas instituciones. Si comprendemos esto es posible construir un nuevo pacto donde posiblemente haya muchos más espacio/tiempo educativos compartidos entre ambas”.
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