Emiliano Yacobitti: “No nos podemos dar el lujo de castigar a la clase media que invierte en educación”

El diputado nacional presentó un proyecto para que se descuenten del Impuesto a las Ganancias los gastos relativos a educación como materiales escolares o cursos de idiomas

El diputado nacional Emiliano Yacobitti
El diputado nacional Emiliano Yacobitti

El diputado nacional Emiliano Yacobitti presentó un proyecto de ley para que se descuente del Impuesto a las Ganancias los gastos relativos a educación. Con la firma de otros 35 legisladores opositores, la intención es incluir la modificación en el debate del próximo Presupuesto.

De aprobarse, el proyecto contempla que quienes ganen entre 55 mil y 145 mil pesos podrían descontar cada mes de ganancias distintos ítems como materiales, idiomas, transporte, residencia universitaria, conectividad, comedor, indumentaria, cuotas de cooperadoras, cuotas de los colegios privados y matrículas.

En una entrevista con Infobae, Yacobitti señaló: “Yo soy docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Es un tema que me importa mucho porque son esas cosas las que muestran diferencias como Estado. Un Estado que tiene las restricciones de Argentina no se puede dar el lujo de castigar a la clase media que invierte en educación, tiene que premiarlos”.

-¿Cómo se gestó el proyecto?

-Los sistemas regresivos perjudican básicamente a la clase media laburante. Hoy lo que está pasando con la pandemia lo acentúa. Mucha gente paga un impuesto que se supone que es a la ganancia y afecta la educación de sus familias. Nosotros lo que planteamos es: ¿cuánto le sale a una persona mantener a su hijo en la escuela pública?, ¿en qué gastos que tienen que incurrir?, ¿qué herramientas necesitan que lo igualen en las oportunidades futuras? Hoy la buena conectividad y una computadora son inversiones que se deben descontar del impuesto.

-¿Y por fuera de la contingencia que generó la pandemia?

-Por fuera de la emergencia, armamos una suerte de canasta básica de la educación que tiene como tope un salario mínimo vital y móvil. Además de las herramientas tecnológicas, entraría el transporte, un curso de idiomas, un profesor particular si es que tu hijo tiene una dificultad en una materia. Ni hablar si se trata de chicos con problemáticas más complejas como déficit de atención o si tienen que recurrir a un fonoaudiólogo. No puede pasar que el impuesto a las ganancias no alcance esos ítems.

(NA)
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-¿Se discutió alguna vez esta modificación?

-Nunca y va en contra del espíritu del impuesto. El que paga el impuesto tiene que descontar todo lo necesario. La educación de tus hijos es para la ganancia que van a tener ellos en el futuro y no solo ellos. También el Estado va a ser beneficiado. Está comprobado que a medida que una persona se capacita más también esa persona tributa más. Su salario es más alto, pasa menos tiempo desempleada. Las personas con título universitario tienen un salario promedio un 70% mayor que aquellas que solo tienen título secundario. Es un beneficio para todos.

-¿Cuánto es el gasto promedio que estiman por familia en educación?

-En promedio, si vas a un colegio público, en primaria gastás unos $10.000 todos los meses. Para el caso de la secundaria, la canasta se ubica en $8.000 por mes. En caso de un colegio privado, en primaria gastás $22.000 y en secundaria $19.600 todos los meses.

-Esa necesidad de gastos accesorios se observa con más nitidez durante la pandemia...

La educación de calidad es una necesidad básica. No podemos pedirle a alguien que no tiene sus necesidades básicas satisfechas, que no puede comprar una buena PC o tener conectividad, que incluso tenga que afrontar otro gasto. Es una mala política recaudatoria que la gente elija pagar el impuesto a las ganancias o pague la educación de sus hijos.

-¿Y en cuánto tiempo tienen calculado que está ese retorno para el Estado?

-La tasa de repago por parte del Estado es prácticamente inmediata. Si cada persona que ingresa a la universidad se gradúa, la inversión pública en educación superior se recupera en tan sólo 13 años, es decir, a los 8 años desde que te egresás. Los restantes 32 años de vida activa son ganancia neta para el Estado, asumiendo que te insertás en el mercado laboral una vez que te recibiste.

-Más allá de lo estrictamente tributario, imagino que deviene en otros beneficios comunes.

La educación no es solamente una inversión individual, lo es hacia el Estado. A medida que una persona progresa se convierte en un mejor ciudadano que se refleja, por ejemplo, en el cuidado del medioambiente o mismo en las tasas de criminalidad. En Estados Unidos está demostrado que el índice de delitos baja cuando una persona está más educada. Yo lo vi como docente en el centro universitario de Devoto. Los que pasaban por ahí eran los que tenían menor índice de reincidencia. En nuestro país, la educación universitaria genera retornos públicos del 12,4% per cápita. Más educación hoy es más recaudación impositiva mañana.

-¿Cuál es la situación en la región?

-La Argentina es el único país de América Latina que no reconoce la deducción de ganancias a la educación. Tenemos que generar conciencia en la sociedad que hoy está pasando esto. La educación tiene que estar dentro de ese régimen. Es de los pocos mensajes que deberían estar afuera de la grieta.

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