
El extenso informe Ex Post Evaluation (EPE) difundido ayer por el Fondo Monetario Internacional (FMI) detalló las críticas realizadas por el propio organismo hacia el diseño y la ejecución del programa acordado con la Argentina en 2018 durante el gobierno de Mauricio Macri. Entre otros aspectos, la “autopsia” de ese acuerdo incluyó una serie de lecciones para el organismo tras el fallido resultado del programa más cuantioso registrado en la historia del organismo por USD 57.000 millones.
El acuerdo de 2018 debió haberse desarrollado hasta este año, pero en julio de 2020 fue desactivado por completo, al punto que llegó a cumplir solamente 4 revisiones de las 12 previstas originalmente. En el FMI se niegan a señalar un error principal que provocó el fracaso, pero enfatizan que “la estrategia del programa resultó demasiado frágil para los desafíos estructurales profundamente arraigados y las realidades políticas de Argentina. El problema fundamental fue la falta de confianza en la sostenibilidad fiscal y externa”.
Si bien no aborda cuestiones políticas y su objetivo es analizar las herramientas aplicadas por el Fondo y sus resultados, el informe puntualizó que esa fragilidad “se vio agravada por las limitaciones políticas en el diseño de políticas y por la interacción entre la política y la confianza del mercado”.
Asimismo, la excesiva estandarización de los programas del FMI, en la que no se contemplan las particularidades de cada país y de cada escenario, es otra cuestión abordada con tono crítico. por el informe, elaborado por un equipo del FMI encabezado por el economista noruego Odd Per Brekk.
Por el lado del gobierno de Mauricio Macri, el informe EPE criticó que la apertura a los mercados y la desregulación cambiaria que implementó desde su comienzo tuvieron consecuencias que aparecieron cuando desapareció, en forma súbita, el financiamiento externo.
Sobre ese punto, el reporte explicó que el gobierno de Cambiemos “abrió rápidamente la cuenta capital y los préstamos en el extranjero, al tiempo que adoptó un enfoque gradual para enfrentar los desequilibrios, en particular el déficit fiscal, preparando el escenario para un ‘sudden stop’ y un pedido de Stand By”. Tras ese comienzo, ingresaron “capitales de cartera” al país, pero “al mismo tiempo que persistieron los desequilibrios macroeconómicos y las distorsiones estructurales”.
El documento señaló también que la experiencia argentina refuerza antiguas lecciones surgidas de anteriores programas del FMI para otros mercados emergentes y trae otras nuevas. Entre ellas, destaca “evitar supuestos macroeconómicos demasiado optimistas, garantizar la calidad de las medidas y enfrentar los problemas de sostenibilidad de la deuda a tiempo”.
En ese sentido, detalla cuáles considera que deben ser las lecciones que el organismo debe incorporar hacia el futuro:
- Asegurar la solidez del programa utilizando supuestos de referencia conservadores pero plausibles y probando la sensibilidad a supuestos alternativos y explicaciones de la crisis. O sea, supuestos realistas.
- Adaptar el programa a las circunstancias del país, incluso si eso significa adoptar medidas no convencionales cuando el espacio de políticas ofrecido por las medidas tradicionales es limitado.
- Mejorar la aplicación del “Marco de acceso excepcional”, tal como el que le permitió a la Argentina acceder a un préstamo tan grande. La experiencia de 2018 destaca “la necesidad de un análisis riguroso de la adecuación de la deuda del país con otros acreedores distintos al Fondo, a la hora de evaluar las salvaguardias para los recursos del Fondo”.
- Equilibrar cuidadosamente la propiedad del programa con la calidad y adecuación de sus políticas y los riesgos para la reputación del Fondo. La conducción y la “apropiación” de un programa por parte de las autoridades es esencial para su éxito. Y el Fondo debe evaluar los límites políticos de las medidas a tomar y esforzarse para ampliar el apoyo político para encontrar mejores opciones, “especialmente cuando las autoridades tienen un apoyo político frágil”.
- Asegurar una comunicación externa eficaz, de modo que un programa sea bien entendido por la población y en los mercados financieros y tenga el efecto catalizador deseado. Esa necesidad de buena comnicación, recae sobre los gobiernos, aunque con límites. “La comunicación no sustituye al diseño de programas sólidos; los fundamentos, eventualmente, se impondrán”, apuntó el reporte.
- Revisar los procesos internos del Fondo para evaluar y mitigar los riesgos más amplios asociados con los acuerdos excepcionales. Los informes del staff del FMI fueron sinceros sobre los riesgos “tradicionales” para los objetivos del programa, pero los procedimientos existentes no pudieron prever una evaluación más amplia de esos riesgos.
- Considerar las consecuencias sobre la red de seguridad financiera internacional. La experiencia subraya la necesidad de que el Fondo adopte una postura sobre el reparto de las cargas al acepar el “acceso excepcional” a los acuerdos. El caso argentino deja “preguntas importantes sobre cuándo el FMI debe estar preparado para “desconectar” los programas cuyos objetivos ya no pueden cumplirse de manera realista”.
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