
Llevo más de 20 años estudiando la conciliación trabajo familia e impulsando desde cero en nuestro país la responsabilidad familiar corporativa. Tantos años promoviendo que las empresas voluntariamente ofrecieran a sus empleados políticas de flexibilidad –entre ellas el teletrabajo– y prácticas que brinden respuestas a las demandas que se surgen de sus responsabilidades familiares. Nunca imaginé que una pandemia nos iba a brindar una oportunidad de oro poniéndonos a todos a trabajar de manera virtual desde casa, haciendo malabares para atender, también y a la vez el cuidado de nuestros seres queridos.
Esta cuarentena nos está obligando a conciliar trabajo-familia y escuela-familia en unas circunstancias únicas y excepcionales. Lo primero que me surge pensar es qué hubiera pasado si esta pandemia ocurría en el siglo pasado. Sin ir más lejos en los años ’90 no se contaba masivamente con internet en nuestros hogares y los trabajos requerían la presencia física. Hoy, gracias a los avances tecnológicos, la realidad es bien distinta pero no está exenta de nuevos desafíos.
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El brote de coronavirus aceleró la flexibilidad y pone a prueba la conciliación. Hoy, a muchos empleados se les ha solicitado que trabajen desde casa durante las próximas semanas. Si bien varias empresas ya ofrecían esta modalidad laboral, para la mayoría esto ha pasado a ser un desafío nuevo y, en muchos casos, la pandemia los ha tomado desprevenidos.
Convertir el trabajo presencial de toda una organización en uno virtual al 100% y contra reloj conlleva una serie de desafíos para las empresas, para los líderes, para los colaboradores y para las familias. En esta emergencia, es muy probable que muchas empresas se hayan visto forzadas a otorgar la modalidad de teletrabajar a sus empleados sin contar con experiencia previa ni políticas establecidas, sin disponer de todas las herramientas informáticas y con pocos medios de comunicación necesarios para enfrentar esta coyuntura.
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¿Cómo nos adaptamos a esta nueva realidad? En primer lugar, las empresas han de proveer las herramientas necesarias para poder teletrabajar. Los jefes deberán repensar las tareas de cada equipo, asignando objetivos y fijando metas y resultados en un plazo previsto. Los colaboradores deberán ser lo más auto disciplinados que puedan para poder cumplir con las exigencias laborales en medio de su contexto familiar. En todos casos, será necesario una comunicación efectiva para construir una relación de confianza que posibilite el trabajo en equipo ya que, parte del aprendizaje que podemos llevarnos de esta situación, es superar la desconfianza que muchas veces el home office genera.
Es evidente que algunas tareas no se pueden hacer desde casa. Cabe aquí mencionar la encomiable labor de médicos y enfermeros que en estos días están trabajando sin descanso. Ese compromiso con la salud pone de manifiesto el valor inmensurable del cuidado de toda vida humana. Hay profesiones y actividades que se adaptan mejor al trabajo remoto, por ejemplo aquellas tareas que se basan en el uso y análisis de información no sufrirán muchos cambios ya que siempre han gozado de un alto grado de autonomía. El desafío estará asociado a cómo asignar tareas en aquellos puestos donde no todo pasa por el manejo de información. Puede ser éste el momento de realizar todas aquellas cosas para las que nunca había tiempo: hacer orden, volcar experiencias, compartir aprendizajes, capacitarse con cursos disponibles online, planificar estrategias futuras, etc. En cualquier caso, no hay que olvidar que debido a esta emergencia sanitaria no podemos darnos el lujo de asignar solo tareas ideales para realizar remota o virtualmente. Esto será también una llamada a la creatividad de los equipos y una convocatoria a la innovación para encontrar respuestas novedosas y superadoras.
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Las próximas semanas nos encontrarán en casa trabajando de manera virtual y a la vez haciéndonos cargo de nuestras responsabilidades familiares. Puede ser una excelente ocasión para implicar más a los varones en las tareas domésticas, compartirlas con los niños, disfrutar juegos con ellos, ayudarlos con los deberes escolares, contarles tradiciones familiares a la vez de mirar juntos un álbum de fotos. Miles de actividades que el cariño inventa para llenar unas horas que podrían ser de tedio y aburrimiento y transformarlas así en una oportunidad de fortalecer los vínculos que tenemos con las personas que más queremos.
Seguramente esta cuarentena nos dejará algún tiempo para reflexionar sobre el sentido y propósito de la existencia y lo más valioso que tiene nuestra vida. Es ahí donde seguramente para muchos la familia y los amigos serán su punto de referencia. Ojalá que este tiempo nos lleve a descubrir que la familia va siempre delante que el trabajo, no solo en el diccionario. Que, con palabras del filósofo español Rafael Alvira, la familia sea “ese lugar al que se vuelve”, ese pilar en el cual apoyarnos para atravesar esta crisis que sin ella sería más difícil de sobrellevar, ese refugio al que regresamos después de una jornada laboral también cuando ésta sea virtual, donde cultivamos los vínculos afectivos más significativos, donde logramos recuperar fuerzas. Es el hogar que elegimos para pasar esta cuarentena porque juntos somos más fuertes.
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El COVID-19 pasará en un tiempo y ojalá nos deje muchas lecciones y aprendizajes. Mientras tanto, esta crisis global puede ayudarnos a romper paradigmas y cambiar estándares. Hasta ahora no era admisible estar en una reunión de trabajo virtual y escuchar como telón de fondo el llanto de un bebé o el juego de unos niños. Ahora esto será posible.
Antes trabajábamos con una fuerte cultura anclada en la presencia física, hoy estamos siendo protagonistas de una nueva modalidad de trabajo que nos llevará a entornos laborales más flexibles y conciliadores, más sensibilizados con la realidad familiar de las personas.
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Mañana, cuando termine la emergencia, tendremos que volver a discutir sobre la economía y el desarrollo del país. Ojalá que al hacerlo no nos olvidemos de lo que hemos experimentado estas semanas: lo importante que es cuidarnos y poner en el centro de nuestras decisiones a la persona y con ella a su familia. Ojalá que la experiencia de estas semanas teletrabajando y conciliando a la vez marquen una nueva etapa en las relaciones laborales. Solo así esta oportunidad de oro no se habrá perdido.
La autora es Directora Centro Conciliación Familia y Empresa del IAE Business School - Universidad Austral
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