
Febrero de 2020 se convertirá en el mes con menor cantidad de transacciones de compraventa de inmuebles en la historia de la ciudad de Buenos Aires. Desde el Colegio de Escribanos de la Capital Federal ya anticipan que el número de escrituras de inmuebles estará apenas por encima de las 1.300, un piso histórico desde que se comenzó a publicar el dato, en el año 1998, hace más de dos décadas.
Las poco más de 1.300 firmas concretadas durante febrero significan, además, que cada escribano porteño realizó menos de una escritura en el mes. La ciudad cuenta con cerca de 1.800 escribanos en actividad y aunque las escrituras inmobiliarias no son su única actividad son su principal fuente de ingreso, según detalló Ricardo Blanco Lara, prosecretario del colegio.
“El número de febrero va a ser el más bajo de la serie histórica. Pero no quiere decir que todas esas operaciones se hayan concretado recientemente. Todavía hay escrituras de compras de inmuebles realizadas algunos años atrás, como es el caso de las operaciones desde el pozo, que se van pagando en el tiempo”, explicó Carlos Allende, presidente del Colegio de Escribanos porteño.
“La crisis se generó a partir de 2018, luego de que el Gobierno sale a pedir el préstamo al FMI, el dólar se empieza a disparar, se corta el crédito hipotecario y los departamentos mantienen su precio en dólares. Con la devaluación, las personas que habían recibido créditos quedan desfasadas con los precios”, resumió Allende.

El desplome de la actividad inmobiliaria no es nuevo, pero parece no tener freno. El registro de escrituras mensuales lleva 21 meses consecutivos con caídas interanuales. Y las cifras están por debajo de otras épocas de crisis para el sector, como los meses posteriores a diciembre de 2001 o los tiempos del cepo cambiario.
Desde el Colegio de Escribanos, recuerdan que en esos momentos hubo medidas específicas que apuntalaron la actividad y que permitieron una salida más rápida. En 2002, se permitió comprar inmuebles con el dinero que los ahorristas tenían depositado en los bancos dentro del llamado “corralón”, lo que tuvo como resultado un repunte en los meses siguientes. En 2014 se crearon los Cedines —los certificados de depósitos para inversión que se canjeaban horas antes de la operación—, lo que posibilitó concretar operaciones en pleno cepo para la compra de dólares.
Ahora, aseguran, no hay perspectivas de alguna medida similar que le dé aire al mercado inmobiliario. El Colegio de Escribanos forma parte de una mesa del sector, que también integra el Colegio Único de Corredores Inmobiliarios de la Ciudad (Cucicba) y que elaboró varias propuestas para presentar al Gobierno. Aún no fueron recibidos por la ministra de Desarrollo Territorial y Hábitat, María Eugenia Bielsa, pero tuvieron un primer encuentro con Julián Massolo, subsecretario de Gestión Institucional de la Presidencia.

En ese encuentro, plantearon la posibilidad de que se lleve adelante una reforma legislativa que permita agilizar los trámites necesarios para realizar donaciones de propiedades. Hoy, luego de la reforma del Código Civil de 2015, esas operaciones tienen restricciones con títulos que quedan “observables” por cinco o diez años y que impiden que esas propiedades sean vendidas o utilizadas como garantías para créditos.
También tienen otras propuestas para reactivar el sector. Aunque no fueron transmitidas en esa charla. Entre ellas, la opción que el Gobierno habilite que las personas que “repatrien” fondos del exterior para disminuir la alícuota del Impuesto a los Bienes Personales puedan destinarlos a inversiones en el sector inmobiliario, algo que no está contemplado por ahora. También buscan que se impulse alguna medida de reducción de carga impositiva a la compra de propiedades.
Por ejemplo, el Impuesto a las Ganancias que grava la utilidad que se genera con la venta de una propiedad, a través de una alícuota del 15% sobre la diferencia entre el valor de compra y el valor de venta del inmueble. Si se compró una propiedad de USD 100.000 con el dólar a $40 y se vende con el dólar a $60 se grava sobre esa diferencia.
La falta de crédito inmobiliario es uno de los temas que más afectan al sector y sobre el que no hay perspectivas de reactivación para este año. El pico de venta de propiedades a través de hipotecas inmobiliarias se dio en mayo de 2018, en pleno boom de los créditos UVA. En ese momento se concretaron unas 2.400 operaciones en un mes. En todo 2019, las compras con crédito inmobiliario estuvieron por debajo de las 3.000.
″El crédito hipotecario moviliza. Es fundamental, pero no es todo. Hemos tenido muchas épocas sin crédito pero el mercado existía igual. En realidad, en la historia argentina, las etapas con crédito fueron islas. Ahora se da la combinación perfecta para la caída que es cepo cambiario, ausencia de crédito, precios de mercado que no se acomodaron y un clima de desconfianza", señaló Allende.
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